En la acera bulliciosa de la calle O’Donnell de Madrid los transeúntes se cruzan con pasos frenéticos, los móviles concentran su atención y apenas hay quien levante la cabeza para observar a su alrededor. A la altura del número 53, justo enfrente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, una mujer alza la vista. Entre escaparates y fachadas grises, una palabra en letras elegantes le invita a frenar: «Cocina navarra». Encima, un rótulo de mayor tamaño reza Gran Café Origen 1952.
Ese gesto de detenerse resume el espíritu del lugar. Un café restaurante de estética clásica con alma contemporánea, que invita a entrar, a quedarse y a volver. Al frente, con 33 años y una determinación templada por cuatro generaciones hosteleras, está Leticia Gil, una emprendedora navarra y heredera de una saga que empezó su andadura en 1952.
«Mi bisabuelo comenzó en la hostelería ese año, y desde entonces hemos seguido el legado familiar: primero mis abuelos, luego mis padres y ahora yo», explica desde uno de los salones del nuevo local, entre mesas con manteles de tela, lámparas esféricas y una atmósfera que evoca a los cafés de principios del siglo XX. Hija de Ricardo Gil y María Pilar Vicente, propietarios de establecimientos emblemáticos como La Huerta de Tudela, Treintaitrés o Casa Lac, Leticia creció entre fogones, pero desarrolló su carrera fuera de ese sector. Estudió Publicidad y Marketing Digital en la Universidad Francisco de Vitoria, además de completar su formación en Inglaterra, y ha trabajado para grandes corporaciones, tanto hoteleras como tecnológicas, siempre en las áreas de marketing y desarrollo de negocio.
«A pesar de que mi abuela creía que no existiría una cuarta generación, siempre tuve muy claro que algún día acabaría montando algo. No sabía si continuaría con la línea familiar, le daría una vuelta o cómo lo enfocaría. Por circunstancias de la vida estuve trabajando para otros y, poco a poco, fui dando forma a lo que quería hacer hasta que decidí crear una marca con historia», detalla Gil a Navarra Capital.
ORIGEN 1952 EN ZARAGOZA
Así nació hace tres años y medio Origen 1952, su primer restaurante en Zaragoza que fusiona las mejores recetas de su familia con el wok, la brasa o el tataki en un espacio diáfano, con una cocina abierta «que invita a socializar». «Quería un espacio más desenfadado en comparación con las marcas que regentan mis padres hoy en día. Aquí ofrecemos a la abuela unas cocochas o alcachofas fritas con foie como hacían mis antepasados, pero los nietos piden un wok asiático y los de 50, el tataki de acelga».
Con el objetivo de llevar la cocina navarra y la marca Origen 1952 a más localizaciones, el pasado junio abrió sus puertas en el barrio de Salamanca el segundo proyecto de Leticia, el Gran Café Origen 1952. Según explica, este local de 180 metros cuadrados nace con el fin de rescatar la esencia de los grandes cafés donde había vida y era posible desayunar, comer, merendar y cenar siempre rodeado de gente. Por ello, el local permanece abierto desde las 7:30 horas hasta las 22:00 horas, con cocina ininterrumpida de 12:00 a 22:00 horas: «Utilizamos chaquetillas como las de antes, pero mantenemos un precio muy asequible. Cualquiera puede ir a tomar una tarta de queso y un café con su madre, al día siguiente cenar de picoteo y otro día comer a mesa puesta».
Esta versatilidad se traslada también a la carta, que incluye recetas tradicionales como montados, buñuelos de bacalao, pochas, ajoarriero, y otras técnicas más innovadoras como el wok o la brasa. A su vez, ofrece diferentes tipos de menús, uno enfocado en comidas de negocios y otros más informales como un menú del día económico. Todo ello basado en materia prima navarra: alcachofas, espárragos, pencas de acelga, pimientos de cristal…
UNA UBICACIÓN ACCESIBLE
«Defender nuestros productos es algo que he aprendido de mis padres. Nuestra cocina es sinónimo de calidad, un gran reclamo difícil de encontrar en las calles de Madrid. Queríamos estar en una ubicación fácil de recordar, una calle con nombre, reconocida y con tránsito para que la gente de Navarra y Aragón que nos ha acompañado toda la vida pueda venir a este nuevo local con facilidad», reflexiona.
Es más, Leticia asegura que una de las razones del éxito de este restaurante durante sus primeras semanas de andadura ha sido la presencia de navarros en la capital. «Tengo que dar las gracias a los navarros porque está siendo una auténtica locura. En cuanto personas de Pamplona, de la Ribera o del norte se enteran de que hemos abierto, vienen y traen amigos nuevos con ellos. Es impactante cómo nos apoyamos estando fuera de casa», reconoce emocionada.
De cara al futuro, Gil espera que la marca Origen 1952 siga creciendo, así como los productos propios de la firma (aceites, licores, vinos…). En paralelo, afronta con ilusión este nuevo reto del que se siente muy orgullosa: «Llevar un negocio es algo que siempre he visto en mi casa. Es cierto que es un trabajo muy dedicado y exigente, pero al final es una forma de vida de la mano de algo que te ilusiona. Este es un proyecto con un camino muy bonito y, a pesar de las dificultades que hemos atravesado desde la pandemia, es emocionante levantarse y saber que luchas por algo tan gratificante».













