La puerta cruje al abrirse para dar paso a un taller con mesas repletas de madejas de yute, cristales de Swarovski relucientes bajo la luz y plumas desperdigadas sobre bocetos a lápiz. Entre ellas, Ana Lasheras cose y pega con calma los últimos detalles, como si cada par de alpargatas llevara impreso un pedacito de su mundo, marcado por la tradición artesana, la majestuosidad del baile y la pasión italiana que da nombre a su firma: M’ Piace Molto.
Con apenas 35 años, esta joven afincada en Tudela por amor ha convertido el pequeño taller de su Alfaro natal en un emergente negocio con presencia en varios países. Se formó en la Escuela de Arte de Corella, donde estudió Diseño de Interiores y de Producto, para luego completar su formación en el comercio de interiorismo de María Forcada en la capital ribera: «Siempre fue una referente. Con ella aprendí una barbaridad, sobre todo de venta y trato al cliente».
Más tarde trabajó en una empresa de impresión textil en Alfaro, que por aquel entonces había recuperado su antigua tradición de producir alpargatas. Ese contacto con el calzado, sumado a su paso por talleres en Arnedo, le despertó la inquietud de crear su propia firma.
DOS COLECCIONES ANUALES
En 2016 vio la luz M’ Piace Molto, un proyecto que hace un guiño a su amor por Italia. «Estoy enamorada de todo lo italiano: la comida, los monumentos, la moda… Pero la marca es 100 % ‘made in Spain'», explica sonriendo a Navarra Capital. Así, al inicio, apostó por una colección anual básica, pero pronto sintió la necesidad de explorar diseños que «le llenaran por dentro y le permitieran volverse loca imaginando».
A partir del tercer año de andadura, empezó a sacar dos colecciones. Basic, con más de cien modelos diferentes, y Exclusive, con siete u ocho diseños que apuestan por la fantasía, los brillos, la pedrería y adornos exuberantes. Para esta última, analizó el mercado y detectó que «faltaba un modelo de alpargata más de vestir». Por lo que, con el yute como base, ideó la imagen de su colección más especial, muy marcada por su otra pasión: los bailes de salón.

Ana termina los detalles de cada artículo a mano en su taller, ubicado en la capital ribera.
«Soy profesora de baile, y mis diseños beben de la moda con brillos, plumas y flecos propia de esta disciplina. Estoy acostumbrada a prendas muy exageradas y quería plasmar este mundo en mis zapatos, pensados para eventos, días especiales o gustos más arriesgados», añade.
Lo que nació como una prueba, con precios que rondaban los 300 euros frente a los 70 u 80 de la línea básica, se convirtió en un éxito inesperado y, desde entonces, en una seña de identidad. Hoy, el 90 % de las ventas llegan a través de tiendas multimarca, en concreto gracias a unos cien puntos de venta repartidos por toda España y algunos en Francia. El resto procede de la web y de encargos a medida, en los que las clientas acuden al taller para elegir tejidos y adornos. «Es un trato más directo, sobre todo para eventos o para personas que tienen problemas para calzarse», señala.
LLEGADA A MÉXICO
Su último hito ha sido aterrizar en México de la mano de la marca Etèria, junto a la que pronto sacará una colaboración: «Llegar allí ha sido más por suerte y casualidad, porque no suelo acudir a ferias. Pero, gracias al boca a boca y a mis comerciales, muchas marcas se ponen en contacto conmigo para que diseñe sus colecciones. Este fue el caso de esta firma mexicana y está siendo un placer y un reto increíble».

La colección Basic incluye más de cien modelos cada año, mientras que la Exclusive suma unos ocho.
Aunque Ana trabaja con talleres externos para la producción general, se reserva siempre los remates y terminaciones. «A pesar de que llevamos ya casi una década en marcha, las cosas se siguen haciendo como el primer día», asegura. Los adornos más especiales los adquiere en Italia, pero la mayoría de materiales y toda la fabricación se realizan en España.
Y es que, para ella, el compromiso con lo artesanal es innegociable: «Todos los modelos se han hecho cosidos a mano. Esa alma artesanal no quiero perderla nunca. Cada par requiere casi una hora de trabajo manual, lo que confiere a las piezas un valor único». Precisamente, una de las claves del éxito de la marca es el gran abanico de público al que se dirige, desde niñas pequeñas hasta hombres y mujeres adultas. En concreto, su punto fuerte es la colección de verano, aunque algunos modelos de invierno (botines de yute tratado, con forro de pelo y detalles de pedrería) se han convertido en clásicos que regresan año tras año.
Después de casi una década, Ana sigue mirando al futuro con la misma ilusión que cuando abrió su pequeño taller en Alfaro. «A pesar de que el mundo de la alpargata lleva siglos en el mercado, nunca pasa de moda. Mi único propósito es seguir como estoy y poder tocar más mercados extranjeros. Además, me llena conocer a personas de otros países y que se interesen por mi producto. Es un sueño», concluye.













