El valle de Baztan es uno de los lugares más visitados de Navarra en verano. Miles de turistas se remontan al pasado en el castillo de Amaiur, descubren el mundo de las brujas en las cuevas de Zugarramurdi o recorren las calles de Elizondo rememorando los crímenes de los libros de Dolores Redondo.
Pero este enclave de la Comunidad foral, repleto de atractivos naturales, alberga un secreto desconocido: las antiguas minas de Barita, que se esconden muy cerca de la cascada de Oinaska. Un plan familiar perfecto para desconectar, huir de las aglomeraciones y disfrutar de los maravillosos parajes de Baztan: caseríos, prados, colinas, robledales, hayedos, helechos…
Esta ruta circular, de 7,38 kilómetros y 323 metros de desnivel, arranca desde Elizondo, está señalizada con carteles fucsias y postes de madera y discurre por un sendero/pista de un metro de anchura que en 2021 fue acondicionado en auzolan (‘trabajo comunitario’ en euskera) por los vecinos.
El camino asciende progresivamente por varios caseríos y, en todos los cruces, los puntos rosas establecen qué dirección se debe tomar. Tras abandonar el pueblo, se alcanza una señal indicativa de la cascada.
A partir de ahí, el sendero, habilitado con unas escaleras de madera, continúa subiendo ligeramente para, unos dos kilómetros después, llegar a la cascada de Oinaska (‘pisada’ en euskera), donde los baserritarras se limpiaban los pies. En épocas de grandes estiajes, normalmente en verano, la regata lleva poca agua, pero en periodos de precipitaciones intensas, como el invierno y la primavera, la experiencia es espectacular.
MIRADOR Y MINAS
Tras abandonar esta joya natural, la ruta prosigue ganando altura (la altitud máxima son 487 metros); se pasa por un mirador desde el que se contempla Elizondo y el resto de localidades del valle; y, por último, se llega a los tres túneles de las minas donde se extrajo barita hasta hace unas cinco décadas.
Las galerías se pueden visitar, pero se recomienda extremar la precaución y acceder con equipo adecuado como frontales o linternas y botas de trekking, ya que el suelo es muy resbaladizo. En el exterior de uno de los túneles aún se puede observar una vagoneta con raíles, que se empleaba para transportar el mineral.
A partir de entonces, el camino desciende, se adentra en un robledal y, tras dos horas de excursión, se está de vuelta en Elizondo. Para retomar fuerzas, se puede comer en los numerosos negocios de hostelería que alberga la localidad y, como colofón final, visitar la pastelería Malkorra, que lleva más de un siglo endulzando los paladares de los vecinos y turistas.













