martes, 23 junio 2026

Los bares de Estafeta que permiten ver los encierros de San Fermín a ras de calle

El Bodegón Sarría, el Asador Erretegia, el Chez Belagua y el Zanpa colocan vallados en sus fachadas para presenciar las carreras de los astados. El precio, desayuno incluido, suele rondar entre los 100 y los 120 euros por persona, aunque algunos negocios reservan parte o la totalidad del local a familiares y amigos. También hay empresas que ofrecen este servicio en otros establecimientos.


Pamplona - 23 junio, 2026 - 22:45

El Bodegón Sarría, el Asador Erretegia, el Chez Belagua y el Zanpa colocan vallados interiores para el encierro. (Foto: Maite. H Mateo)

Hay quienes abarrotan los balcones ubicados a lo largo del recorrido y observan el paso de la manada desde las alturas; quienes prefieren aguardar en la plaza de toros; otros, los más callejeros, se agolpan en el vallado para sentir de cerca la emoción de la carrera; e, incluso, más de un millón de espectadores vibran cada mañana delante de la televisión. El encierro, esa frenética carrera de 848 metros que llena de adrenalina las calles de Pamplona, se puede disfrutar de numerosas maneras.

Pero existe otra alternativa poco conocida, que brinda una experiencia privilegiada: disfrutar de la carrera a ras de suelo, parapetado tras unos tablones y disfrutando de un rico desayuno en el tramo por excelencia. ¿Y cómo es eso posible? Reservando con meses de antelación una plaza en uno de los negocios hosteleros de la calle Estafeta que ofrecen este exclusivo servicio del 7 al 14 de julio. La emoción está garantizada, ya que los locales dan directamente a la única calle que no cuenta con un vallado como tal.

BODEGÓN SARRÍA

La familia Galarza Lezea, de dilatada tradición hostelera, es propietaria del Bodegón Sarría desde 1986. El establecimiento, ubicado en el número 50 de la emblemática calle, fue regentado originalmente por Cristóbal Galarza y Mari Cruz. Durante los primeros veinticinco años, este matrimonio bajaba la persiana a primera hora del alba y protegía la fachada para evitar que los morlacos causaran desperfectos a su veloz paso por el local. «Los toros pasaban por delante de nosotros y nunca veíamos nada», recuerda Julián Galarza, hijo de Cristóbal y Mari Cruz.

En 2011, a Julián se le ocurrió diseñar su propio vallado, contrató a una empresa para que le construyera una estructura metálica y, desde entonces, contempla el encierro desde su bar. «Un balcón te brinda altura y una mayor visión, pero aquí estás completamente dentro de la carrera, transmite mucho más y vives momentos de pura adrenalina. Percibes la tensión previa que flota en el ambiente, sientes que los toros están a punto de llegar porque escuchas a lo lejos el golpeteo de sus pezuñas con el suelo, pasan al lado de ti a toda velocidad… Es una posición privilegiada», insiste Julián, que en la actualidad regenta el Bodegón Sarría junto con su hermana Arantza.

En el vallado caben alrededor de una docena de personas. La mitad está reservada para familiares o amigos, y el resto se alquila a quienes deseen presenciar la carrera desde el establecimiento. «En enero ya empiezo a recibir llamadas», revela. El perfil que demanda esta experiencia es muy variado (pamploneses que vienen con familiares procedentes otros lugares de España, turistas nacionales o visitantes internacionales), el precio es de 100 euros por persona e incluye un desayuno de bienvenida: café, zumo, bollería y tostadas con jamón y tomate. En estos momentos, el local ya roza el completo: «Me queda algún día con un hueco libre, el resto está lleno».

ASADOR ERRETEGIA

Agosto de 2021. Eduardo Catalán veraneaba en Tarifa cuando, de repente, vio en un portal de anuncios que el Asador Erretegia, cerrado a finales de 2020, se alquilaba. En ese mismo instante, cogió su furgoneta, regresó a Pamplona y se presentó en la inmobiliaria. «Siempre había estado detrás de coger un bar. Y un asador libre en Estafeta no se ve todos los días», comenta Eduardo.

Nada más levantar la persiana del local, Eduardo se percató de que la fachada, de unos cinco metros de anchura, podía convertirse en algo más que la puerta de entrada al asador. Por eso, en los Sanfermines de 2022 diseñó un vallado compuesto por pilares de acero; «tableros gruesos, duros y resistentes»; y barriles de cerveza sobre los que se colocan tablas de madera. «Así se crea una especie de pedestal desde donde ver los toros», detalla.

Esta ubicación a pie de calle proporciona una «experiencia totalmente diferente» a los balcones, ya que permite presenciar la carrera con tal nivel de detalle que se puede ver cómo a los corredores les caen las gotas de sudor debido a la tensión y el esfuerzo. «En el balcón se ve mejor el tramo, pero la sensación que vives abajo es indescriptible. Aquí hueles el nerviosismo, te inunda el olor a toro y escuchas un estruendo impresionante cuando los corredores y la manada pasan a un metro tuya», recalca.

En la misma línea, desde el vallado se observan los rituales previos que los corredores más supersticiosos realizan a diario. «Hay un chico de Madrid que todas las mañanas viene a nuestro sitio, saca el rosario y se pone a rezar como si la fachada del asador fuera el muro de las lamentaciones de Jerusalén. Ver en primera persona estas escenas es muy impactante», reconoce.

En su vallado caben siete personas, se puede reservar por tres vías diferentes (teléfono, en su web o preguntando en el propio local), y la mayoría de las plazas se venden con meses de antelación. «También hay gente que quiere que le guarde el sitio de un año a otro, pero siempre les digo que no empiezo a coger reservas hasta el 3 de enero. Ese día, el teléfono suena constantemente. Esta ciudad es así», se ríe. Por ello, no sorprende que, a escasos días del inicio de los Sanfermines de 2026, el Asador Erretegia esté a punto de colgar el cartel de completo. «Para los últimos días, queda algún hueco libre», anima.

En su caso, el precio oscila entre los 100 y los 120 euros por persona, dependiendo de si se coge solo desayuno (café, zumo, bollería y pincho) o se le añade el clásico almuerzo sanferminero (huevos con chistorra, patatas, jamón y tomate). Esta actividad se convierte en «una fuente de ingresos extra» para el negocio: «Es un pequeño plus que debemos aprovechar, al igual que el que posee un balcón y lo alquila».

BAR ZANPA

El bar restaurante Zanpa también habilita un burladero con capacidad para catorce personas y, al igual que el Bodegón Sarría, reserva la mitad del espacio para amigos y familiares principalmente. «Podríamos sacar mucho más partido económico a este servicio, pero a la larga no merece la pena. Me parece una locura cobrar a amigos y familiares», destaca Asier Roncero, propietario del establecimiento hostelero.

La otra mitad del burladero se alquila y ya solo quedan sitios libres para los últimos días de San Fermín. «El 7, 8 y los fines de semana siempre se llena porque la ciudad está a rebosar de gente. Por eso, es más fácil conseguir una plaza cuando el encierro cae entre semana», concreta Asier, quien anima a vivir el encierro desde otro punto de vista al igual que sus colegas: «Estás tan dentro de la carrera que, cuando el toro pasa pegado al vallado, podrías hasta tocarlo. Además, se genera un ruido increíble: el griterío de la gente, los pastores con las varas… La sensación es brutal», remarca.

CHEZ BELAGUA

Por otro lado, en Estafeta también hay establecimientos que comparten sus instalaciones de manera gratuita con personas cercanas. Desde 2010, Juan Carlos Oroz, propietario de la sidrería Chez Belagua, invita a amigos, familiares y «fiel clientela» para que disfruten del encierro con él y el resto del equipo. «No cobro nada porque prefiero compartir este momento único con la gente que lo aprecia y siente de verdad lo que sucede en la calle», reflexiona Oroz.

Este burladero acoge a una veintena de personas al día. Por él han pasado personajes ilustres como Eduardo Miura, el actual propietario de la mítica ganadería, que desde hace años es un asiduo del local. «La gente repite porque vive momentos indescriptibles como los preparativos para que la carrera transcurra con normalidad, la liturgia de los mozos, el paso de la manada… Es un espectáculo tan efímero que no se debe disfrutar solo con la vista, sino con los cinco sentidos», recomienda.

A su vez, esta veintena de agraciados desayunan con unos invitados de lujo: los pastores del encierro, ya que desde hace años el Chez Belagua se ha convertido en su punto de encuentro antes de guiar con sus varas a los animales. «Se toman un café y un zumo muy serios y concentrados. Al terminar, se preparan, estiran y realizan un calentamiento bastante exhaustivo. Alguno incluso echa carreras dentro del bar», señala. Tras la faena, cuando los toros ya están en la plaza y finalizan las vaquillas, los pastores regresan a almorzar: «Hacen doblete y comentamos qué tal ha ido el encierro».

EMPRESAS TURÍSTICAS

Algunas empresas turísticas locales como Erreka Incoming Navarra o Destino Navarra también se han sumado a esta tendencia y alquilan barreras a través de sus páginas webs. Destino Navarra oferta tres plazas diarias de un comercio en la curva de Mercaderes (300 euros por persona) y otras cuatro a la altura del Adokin Gastrobar (160 euros). Por su parte, Erreka Incoming Navarra cuenta con varias plazas en establecimientos como El Horno de la Estafeta, donde el precio asciende a los 150 euros. Todas ellas incluyen desayuno.

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