jueves, 4 junio 2026

Los comercios de Pamplona que se parapetan durante los Sanfermines

Pintadas, cristales rotos, orines en las puertas o restos de botellones son parte del rastro que deja la cara menos amable de los Sanfermines junto a algunos establecimientos del centro de Pamplona. Ante esta tesitura, hay quienes optan por cerrar, reforzar sus equipos, abrir solo de día o proteger las fachadas con tablones.


Pamplona - 9 julio, 2025 - 05:55

La peluquería Daniel Lanao, en la calle Jarauta, cierra a cal y canto durante las fiestas. (Foto: Sergio Martín)

Pintadas en las persianas, escaparates rotos, cristales por el suelo, restos de botellones y orines, vasos en la entrada… Ese es el precio que algunos locales de Pamplona pagan durante los Sanfermines por el mero hecho de encontrarse en el corazón de la ciudad. Sus propietarios también celebran las fiestas, pero estos días toman precauciones especiales para proteger sus negocios.

A sus 54 años, Daniel Lanao lleva toda una vida ligado al negocio familiar: una peluquería situada en la calle Jarauta. Su padre se hizo con las riendas del establecimiento en 1939. Durante décadas, el local se mantuvo abierto en los Sanfermines, pero todo cambió en 1999, cuando los primeros signos de vandalismo comenzaron a afectar al negocio. «Mucha gente cree que son las fiestas del todo vale. Decidimos cerrar del 3 al 17 de julio para que no nos amargaran la vida», afirma con firmeza.

El incidente más grave ocurrió hace un tiempo, cuando unas personas entraron en la peluquería y orinaron en el interior. «Con eso te lo digo todo», lamenta. A aquel episodio se sumaron grafitis en las persianas, un clásico que se repetía año tras año. Por eso, cuando reformó el local en 2012, decidió dar un paso más y adoptar la medida preventiva más extrema: llamó a un carpintero amigo suyo y le encargó unos tablones para blindar la fachada durante las fiestas. «Desde entonces ya solo me pintan la madera y ponen pegatinas», apostilla Lanao.

BASURA Y EXCESOS

La suya no es una excepción. En muchas zonas del Casco Viejo, las pintadas se han vuelto tan habituales que algunos comerciantes ya ni se molestan en limpiarlas. Saben que, tras una mano de pintura, llegará otro dibujo en cuestión de días. Es el caso de la churrería La Mañueta. «Es inútil quitarlas porque, tarde o temprano, vuelven a aparecer. También es muy común encontrar pis y vomitonas en la puerta, y alguna vez ha aparecido alguno de nuestros cristales rotos por un golpe o una patada», señala Elías Elizalde, uno de los responsables de este centenario comercio.

Para proteger la fachada, la churrería también coloca varios tablones de madera durante los Sanfermines, concretamente desde que cierra a media mañana hasta que llegan los primeros churreros a las cinco de la madrugada. Al estar tan cerca de calles y plazas como Curia, Navarrería o Mercaderes, el trasiego de gente es constante. «En los alrededores se recogen todos los excesos de la fiesta. Aunque con los años se ha reducido el número de envases de plástico, ha aumentado el cartón fruto de la cantidad de pizzerías que hay. Además, esos triángulos resbalan mucho cuando se mojan y pueden ser peligrosos», indica.

SELECCIÓN DEL CLIENTE

Fermín Iriarte es uno de los jóvenes propietarios de Efímero, el restaurante de la calle San Gregorio inaugurado el pasado abril, tal y como adelantó este medio. Como la mayor parte de locales hosteleros de Pamplona, ve en los Sanfermines una excelente oportunidad para hacer crecer su negocio. Pero, consciente de las complicaciones que también pueden surgir estos días, Efímero ha enfocado su estrategia en otra dirección: en lugar de reforzar la seguridad física, ha optado por seleccionar su público con mayor minuciosidad. «Al fin y al cabo, viene mucha gente y hay quien puede no comportarse de manera cívica», remarca.

Para un establecimiento como el suyo, el ambiente festivo no es especialmente atractivo. «No vamos a mantenernos abiertos hasta altas horas para obtener unas pocas ganancias más si, a cambio, nos toca soportar a gente haciendo tonterías o rompiendo algún elemento del local», defiende. Por eso, su apuesta es clara: centrarse en el San Fermín diurno, con una oferta pensada para el cliente nacional. El establecimiento abre a mediodía y cierra poco después de los fuegos artificiales, evitando así los excesos de la madrugada.

El paseo Sarasate es otra de las calles más concurridas en estas fechas. A escasos metros, en la plaza del Vínculo, se encuentra la primera tienda que Joma abrió en la capital navarra el año pasado. El horario estos días es de 9:30 a 14:30, con turnos que se refuerzan a petición del propio personal para garantizar su seguridad. En lugar de contar con dos o tres trabajadores como es habitual, la tienda suma uno más y cierra por las tardes: «Nunca sabes quién va a entrar, en qué condiciones ni con qué intenciones», explican desde el establecimiento. Aunque la propiedad del comercio no va a implantar más medidas de seguridad extraordinarias, valora la presencia y vigilancia de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado durante las fiestas. «Suelen acercarse a preguntar qué tal va todo o si hemos visto algo sospechoso».

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