jueves, 4 junio 2026

Los lutieres que viajaron a París en los 70 para rescatar la gaita navarra y hacerla sonar en los Sanfermines

Cada año, los gaiteros de Pamplona protagonizan el 6 de julio uno de los 'momenticos' más celebres de los Sanfermines. Pero pocos saben que, hace unos cincuenta años, este singular instrumento amenazaba con extinguirse. Fue entonces cuando dos miembros de la asociación, José Luis Fraile y Javier Lacunza, aprendieron a fabricar gaitas navarras en Francia para hacerlas sonar junto al resto de sus compañeros en la plaza Consistorial de Pamplona. Esta es su historia.


Pamplona - 4 julio, 2025 - 16:57

José Luis Fraile, de 70 años, también rescata todo tipo de gaitas e instrumentos tradicionales. (Fotos: Nekane Bariain)

Cada 6 de julio, los gaiteros de Pamplona se derraman como una gota de vino tinto entre la multitud que, vestida de blanco y rojo, se apelotona en la plaza Consistorial. La masa de gente que los rodea se balancea de un lado a otro para inaugurar los Sanfermines saltando, bebiendo y coreando los himnos que todo navarro conoce desde la infancia. Año tras año, las gaitas exhiben el poder de sincronizar, al ritmo de sus agudos tonos, los movimientos de miles de personas. Sin duda, se trata de un instrumento profundamente clavado en el corazón de la fiesta, que protagoniza uno de los ‘momenticos’ más célebres y esperados por todos.

Pero pocos saben que, hace unos cincuenta años, su música amenazaba con extinguirse. Si hoy podemos disfrutarla es gracias al empeño de dos lutieres: José Luis Fraile y Javier Lacunza, que viajaron a Francia para aprender a fabricarlas.

@valores_top🎶 Cuando la gaita navarra casi desaparece… Dos lutieres viajaron a París en los años 70 para aprender a fabricarla y salvar su sonido único. Hoy, gracias a ellos, sigue sonando cada 6 de julio en uno de los momenticos más icónicos de los Sanfermines. 👉 Lee la entrevista completa y descubre su historia, link en la BIO.♬ sonido original – ValoresTOP | Navarra Capital

En un local de la calle de San Lorenzo, sin ningún letrero que la anuncie, se encuentra la Asociación de Gaiteros de Pamplona. Es un espacio recogido y de tonos caoba, donde duerme una extensa colección de instrumentos que Fraile y otros músicos han ido rescatando a lo largo del último medio siglo, motivados por su amor a la gaita y a la cultura popular.

Pese a que es más conocido por su faceta de gaitero, Fraile ha dedicado alrededor de dos tercios de su vida a estudiar, conservar, evolucionar y fabricar el instrumento. Y es tal su experiencia que se ha convertido en uno de los artesanos de confianza a los que acuden todos los músicos de la compañía cuando necesitan una gaita de primera calidad. 

Comenzó a interesarse por este singular instrumento a muy temprana edad, poco después de conocer el txistu. «Me enamoré del timbre de la gaita y la libertad que te da el poder trabajar en algo sobre lo que nadie sabe absolutamente nada. Nadie te dice «debes hacer esto o lo otro». Tienes ante ti todo un mundo del que apenas hay referencias», explica a Navarra Capital.

LA GAITA NAVARRA, EN DEUDA CON FRANCIA

La labor académica de Fraile no ha sido nada ortodoxa. Estudiar una disciplina sobre la que había muy pocas partituras, ni técnicas de fabricación perfeccionadas, implica salir a la calle, buscarse la vida. Así que este músico de 70 años, nacido en la Estafeta, y algunos compañeros no tardaban nada en personarse en cualquier punto de la Comunidad foral cuando recibían noticias sobre el hallazgo de alguna gaita antigua.

Las estampas que rememora de aquella época, cuando la tradición amenazaba con desaparecer, son de lo más variopintas: tamboriles históricos reconvertidos en tiestos para geranios, instrumentos pescados de entre los escombros, una gaita maltratada que hacía de juguete para un chiquillo…

El local de la Asociación de Gaiteros de Pamplona alberga instrumentos de distintas épocas.

El local de la Asociación de Gaiteros de Pamplona alberga instrumentos de distintas épocas.

París representa a la perfección lo lejos que estaban dispuestos a llegar solo por conseguir una pieza más del puzle. En los años 70, Fraile y otros músicos anhelaban lanzarse a fabricar gaitas, pero no conseguían que nadie de la tierra les echara una mano: «No es que aquí no hubiese técnicos que pudiesen construir instrumentos, sino que no les interesaba. Si vas a un tornero y le dices que te haga solo dos gaitas, te manda a la porra».

Por eso viajaron al país galo y rogaron a un lutier de oboes que compartiera con ellos su técnica. Y es que el oboe, pese a que de aspecto no se asemeja especialmente a la gaita, también es un instrumento de viento con doble lengüeta y su proceso de fabricación tiene bastantes similitudes. 

Así, tras una serie de visitas a la capital francesa, volvieron a Pamplona convertidos en artesanos, con la técnica y herramientas necesarias para que, hace unos cuarenta años, la ciudad empezara a disfrutar del gran momentico del Chupinazo.

ÉBANO DE MOZAMBIQUE Y PLATA MADRILEÑA

La gaita moderna, diseñada, fabricada y acuñada por Fraile, Lacunza y sus aprendices, es fruto de muchos experimentos con los materiales. En la actualidad, el cuerpo del instrumento se talla con un único bloque de ébano granadillo de Mozambique en lugar de madera de boj, que es la opción más tradicional, «porque se conserva mejor». 

‘Iruñeko Pamplona gaiteroak’ es el cuño que estos artesanos impregnan en sus instrumentos.

Además, las abrazaderas están hechas de plata traída desde Madrid. Son, sin duda, las piezas más difíciles de trabajar. Para darles el acabado necesario, tuvieron que aprender orfebrería desde cero: «Cuando vas a un pulidor, un orfebre o un joyero preguntándole lo que sea, no te va a decir cómo lo hace». 

Pero, posiblemente, ese secretismo de los artesanos empujó a estos lutieres a perfeccionar una técnica propia, que les ha llevado a diseñar unos instrumentos sin igual. Como nuestras fiestas.

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