Del río, ibas a cazar lagartijas. Y de cazar lagartijas al kiosko, a por un Patapalo de limón. Corría la leyenda de que alguno llevaba premio, pero nunca había suerte. Poco importaba: con la modorra de estar todo el día corriendo al sol, ese polo fresco era suficiente.
El verano es uno de los mayores regalos de nuestra infancia. Por las mañanas: cuadernos de Santillana, frontón y trigales dorados. Por las noches sillas al fresco, mus y verbenas de pueblo. Y cuando pensabas que nada podía mejorar, que ya habías exprimido el día al máximo, encendías aquella aparatosa tele de tubo, rebosante de electricidad estática y ahí estaba Ramón García, presentando el Grand Prix.
Los navarros, duros contrincantes
El Grand Prix es una de esas joyas televisivas tan icónicas que ha sido capaz de configurar el imaginario del verano español. Las ya vetadas vaquillas, el orgullo de ver a tu pueblo siendo representado, el tono familiar y el humor de golpes y porrazos eran los ingredientes perfectos para convertir el programa estival en un auténtico bombazo. Tanto es así, que hoy es uno de los programas más longevos de Televisión Española y ha calado en todo tipo de públicos, incluidas las nuevas generaciones, con su reciente vuelta a la parrilla televisiva.
Hacerse un nombre en esta competición única no era nada fácil. Muchos municipios de nuestra geografía han pasado por las pruebas que regía Ramonchu. Pero de entre todos esos participantes, tres pueblos navarros dejaron su huella. Vamos a recordarlos…
Murchante (1997): Se gastaron el premio en una rotonda
Este pueblo del sur de la comunidad, pegado a Tudela, arrasó en la gran final de 1997 contra Pájara (Fuerteventura). Fue un tremendo duelo físico, plagado de percances. Aun así, el trofeo —y 6 millones de pesetas— se vinieron a Navarra.
Además de celebrando la victoria por todo, el pueblo invirtió buena parte de esta suma en un extravagante proyecto urbanístico: una rotonda para el pueblo, conmemorando su reciente victoria.
Falces (2004): Récord absoluto de puntos
Un pueblo como Falces, con el gran bagaje taurino que tiene, constituía un fuerte contrincante dentro del programa: lo que nadie se podía esperar es que batieran todos los récords.
Siete años después de la victoria de Murchante, el pueblo de la Ribera aterriza en la final y gana contra Llers (Girona) después de hacer historia en la fase de clasificación, donde llega a sumar 50 puntos: una cifra nunca superada hasta entonces.
Como broche final, un joven Bertín Osborne recibe en el podio a los participantes, que llegan magullados pero por todo lo alto. Se trata de una de esas combinaciones imposibles que solo podía suceder en aquellos años dorados de la televisión.
San Adrián (2024): La generación más reciente
En la vuelta del Grand Prix de 2024, San Adrián se estrenó con fuerza. Su primer enfrentamiento contra Llerena (Badajoz) terminó 28‑21, batiendo el récord de puntos de la edición mientras Alba Carrillo los animaba como si fuera vecina de toda la vida.
De ahí, se ganaron el pasaporte a semifinales y aunque no lograron hacerse con la victoria, protagonizaron un momento único en esta nueva etapa del Grand Prix que sigue conservando el mismo espíritu y congregando a toda la familia frente al televisor. Quién sabe, quizá alguna vez Navarra vuelva al podio. Como en los viejos tiempos.













