Tres gatos maúllan al son de la lluvia, que cae mansa y persistente sobre los tejados. El agua resbala por la piedra envejecida y se filtra en la tierra, despertando el aroma profundo que desprende el musgo frondoso. Al fondo, más allá, la niebla desciende lentamente desde las colinas y abraza los campos, desdibujando los límites entre el cielo y la tierra. El paisaje parece pulido por la paciencia del tiempo. «¡Vaya día ha salido hoy!», saludan Luismi Montoya y Alicia Mendive asomándose por la ventana. Hace más de veinticinco años que estos dos pamploneses se instalaron en Villanueva de Arce, y desde entonces han hecho de este pueblo su hogar.
Ella estudió Pedagogía; él, Ingeniería Agrícola. Se conocieron como monitores en los scouts, compartiendo rutas, fogatas y noches de estrellas. Soñaban juntos con un futuro sencillo y pleno: vivir en el campo. Durante cuatro años, visitaron zonas rurales de aquí y de allá en busca de un lugar en el que asentarse. La falda del monte Corona se presentó como el rincón donde sus vidas podrían enraizarse con calma. «Una mujer, llamada Mari Cruz, construyó una casa rural en 1853. Hace más de dos décadas, la familia que hasta entonces había regentado el alojamiento nos ofreció continuar con el legado. Aceptamos la propuesta, mantuvimos el nombre y nos pusimos manos a la obra», relatan con cierta nostalgia.

Además de las cabañas, Luismi Montoya y Alicia Mendive regentan una casa rural construida en 1853.
«En el pueblo nos acogieron con muchísimo cariño. En aquella época, tan solo éramos veinte habitantes en Villanueva de Arce y nosotros éramos los más jóvenes. Todos nos decían ‘¿pero qué hacéis aquí? ¡Si aquí no hay nada!'», recuerda Alicia entre risas. Con la idea de fomentar un turismo rural y sostenible, enseguida acogieron a sus primeros compañeros: conejos, gallinas y cabras. «Los vecinos estaban muy ilusionados. Una mujer se pegaba el día entero mirando a los animales», añade.
@valores_top 🌳🏠 ¡¿Cabañas en árboles en Navarra?! Hoy hemos publicado una historia muy especial, la de #LuismiMontoya y #AliciaMendive: una pareja que dejó #Pamplona hace más de 25 años para comenzar una vida rural, alternativa y en sintonía con la naturaleza. 🐈 🟢 Hoy llevan @agroturismomaricruz , un proyecto de turismo rural #ecológico que no se parece nada al hospedaje tradicional, de hoteles o apartamentos. 📽️ Mira el vídeo completo para descubrir cómo es su vida. 👉 Y si no has leído el artículo… tienes el link en la BIO.
UNA CABAÑA HECHA CON BARRICAS
Su aventura como anfitriones comenzó con tres habitaciones y un baño compartido. Hoy, la pareja gestiona una casa rural con dos apartamentos y dos cabañas… en árboles. «Mi padre, que era de Tierra Estella, tenía barricas de roble en casa. No sabía ni de dónde venían pero, haciendo cálculos, probablemente datasen del año 1700. Como nadie sabía qué hacer con ellas, decidimos traerlas aquí», narra Luismi. Más tarde sabrían cómo aprovechar esa vieja madera.

La pareja convive con todo tipo de animales y se abastece de su propia huerta.
Un día, de pronto, descubrieron un concurso que lanzaba la marca de herramientas Black + Decker. La propuesta era sencilla: presentar un proyecto de construcción. «Si resultabas ganador, te ayudaban a llevarlo a cabo. Les contamos nuestro mayor sueño: construir una cabaña en el árbol. Y ganamos», evocan.
Aprovecharon aquellas barricas de roble para levantar las paredes de la cabaña y, aunque fue un proceso complejo, no estaban solos: vecinos y amigos se sumaron al reto. Entre todos y en apenas veintiún días, aquel refugio fue creciendo y elevándose entre las ramas, como si el bosque mismo la acogiera entre sus brazos. En cada tablón parecía resonar la memoria de siglos pasados. «Antes, esta zona era reconocida como una de las mejores para conseguir madera de espino y roble. Quizá hace siglos cortaron árboles de aquí y se los llevaron para armar las barricas de mi familia. Me gusta pensar que ahora esa madera ha vuelto a Villanueva de Arce, a su casa», sonríe Luismi.
Valencia, Barcelona, Madrid… Familias y parejas vienen de todas partes de la Península para conocer de primera mano su proyecto. De hecho, su manera de comprender el turismo les ha hecho merecedores de un reconocimiento que, todavía ilusionados, reciben con humildad:. Este año han entrado en el ranking de las 150 personas más influyentes del sector en España, elaborado por la consultora Sergestur y en el que también figuran Esther Sanz, José Ángel Preciados, Antonio Catalán y Ana Beriain: «Jamás imaginamos compartir espacio con grandes referentes como estos. Eso nos hace seguir confiando y creyendo en nuestro proyecto».
SOSTENIBILIDAD Y AUTOSUFICIENCIA
En la cocina, varios ramilletes de lavanda cuelgan del techo, tersos y perfumados, meciéndose con la brisa que entra por una pequeña rendija de la ventana. Luismi y Alicia la recogen del jardín, donde crece «salvaje». De esas flores nacen infusiones y remedios caseros, por ejemplo, para calmar el dolor de garganta. «También tenemos una huerta donde crece de todo. Frambuesas, rosellas, rábanos, zanahorias, chirivías… Llevamos un estilo de vida ecológico y sostenible», enfatizan.
La calma del lugar se mezcla con el el «coc, coc, coc, coc» de las gallinas que pasean pizpiretas por un rinconcito del jardín. Cerca de ellas, varias cabras se mueven con pasos lentos y curiosos, tanteando la hierba y el barro que ha fabricado la lluvia a lo largo de la mañana. No son las únicas compañeras que forman parte de Agroturismo Mari Cruz. También hay burros, conejos, ovejas, perros y palomas mensajeras que entrenan ellos mismos.

Nuestros protagonistas elaboran infusiones y remedios caseros con las flores que crecen en su jardín.
Al calor de la chimenea, el silencio se vuelve denso y amable. Nuestros protagonistas contemplan el gran mural pintado por la artista navarra Virginia Santos, que decora la estancia. «Para respetar el estilo de vida ecológico que seguimos, lo pintó al temple, usando yemas de huevo de nuestras gallinas y distintos pigmentos naturales», detallan en un suspiro.
Sumidos en infinitos proyectos, la pareja está impulsando una propuesta de prevención de incendios que ha sido seleccionada en ‘Hay otra forma de conservar nuestros bosques’, una iniciativa impulsada por Laboral Kutxa y Navarra Capital. Se trata de un proyecto piloto de recuperación de tierras abandonadas mediante el pastoreo dirigido con sistema de collares GPS.
Concienciados con la importancia de reconectar con la naturaleza, también han organizado fines de semana temáticos en los que los visitantes pueden reencontrarse consigo mismos entre huertas, aprender a cultivar la tierra o incluso crear una granja regenerativa. Ahora, han dado un paso más y han creado un escape room que se extiende por dentro y fuera del alojamiento. Invitan a los huéspedes a explorar la estancia desde otra perspectiva y a descubrir secretos escondidos entre la madera, la hierba y los animales que habitan el lugar. Así, el agroturismo se convierte en una experiencia completa: un refugio, un aula y un escenario donde la imaginación y la naturaleza se entrelazan en un mismo latido.













