martes, 19 octubre 2021

Mitos lechugueros

¿Me hará retener líquidos? ¿Debo comprar algún tipo de hoja específico? ¿Puedo dársela a los más pequeños de la casa? La lechuga es una fuente rica de vitaminas y minerales, pero también es protagonista de algunas creencias populares que ni siquiera los nutricionistas más reputados han logrado desmontar. ¡Basta de leyendas urbanas! En este artículo, te contamos qué hay de cierto en esas frases que seguramente habrás escuchado alguna vez. Y por si te quedas con las ganas, te ofrecemos además algunas ideas para disfrutar de esta verdura colorida, fresca y versátil, perfecta para degustar en los próximos meses de calor.

Redacción
15 mayo, 2021

La lechuga es rica de vitaminas y minerales, además de ser un complemento estupendo para infinitas recetas.(Fotos: cedidas)

Romana, tierna, escarola, batavia, roja o iceberg. Son solo algunos de los más cien tipos de esta verdura cultivada en el campo. La lechuga es una fuente rica de vitaminas y minerales, además de ser un complemento estupendo para infinitas recetas. Con su suave sabor, aporta textura, color y frescura a todos los platos. Sin embargo, a pesar de todas sus cualidades, son muchos los mitos que giran en torno a este alimento. De la mano de Miren Aierbe, asesora culinaria de Florette, explicamos algunas creencias erróneas asociadas a esta planta herbácea y recordamos los numerosos beneficios que aporta al organismo:

1. En la noche y en el día: Cuenta la leyenda que cenar lechuga produce reflujo o hinchazón, impidiendo así que tengamos un sueño reparador. ¡Nada de eso! En contra de lo que se suele creer, su digestión es ligera, por lo que es perfecta para comer en cualquier momento del día. Eso sí, hay que tener en cuenta que este proceso en el que participan diferentes tipos de enzimas se produce de manera diferente en cada persona. Por eso, siempre es recomendable es cenar un par de horas antes de irse a la cama.

2. No hay vida sin agua: Quizá tu abuela te diga lo contrario, pero mantente firme. La lechuga no te hará retener líquidos, sino todo lo contrario. Este vegetal está compuesto en mayor parte por agua y, por tanto, evita la hinchazón. Esta característica, unida a la fibra que contiene, convierte esta planta en un alimento depurativo y diurético que ayuda a regular el tránsito. Esa frescura, por otra parte, se convierte especialmente atractiva ahora que se acerca la temporada estival.

3. Navegando entre claroscuros: A pesar de que muchos saben que la lechuga es rica en nutrientes de todo tipo, algunos suelen pensar que las hojas más claras resultan más nutritivas que las oscuras. ¡Nada más lejos de la realidad! Siempre y cuando cumplan una serie de criterios de calidad y frescura, todas las variedades son buenas para la salud. Las hay más dulces o más amargas, más suaves o más crujientes… Como en muchos otros aspectos de la vida, es una cuestión de gustos.

4. ¿La lechuga es baby-friendly?: Durante la etapa de crecimiento, los bebés comienzan a probar diferentes alimentos y la lechuga, por su puesto, es uno de ellos. Aunque siempre se deben seguir las indicaciones del pediatra, los niños de entre diez y doce meses pueden comenzar a consumir de forma triturada este vegetal. Si una criatura entre estas edades forma parte de tu familia, una alternativa interesante es mezclar la lechuga con patata o zanahoria para preparar una deliciosa y suave crema que encantará a los más pequeños. A partir de los dos años, aproximadamente, los niños ya podrán comenzar a comer esta verdura sin triturar, disfrutando simultáneamente de su sabor y textura.

5. Más allá de la ensalada: Sí, la lechuga es casi siempre su ingrediente principal, lo cierto es que hay vida más allá de este fresco y sabroso plato. Desde preparaciones más tradicionales hasta recetas más exóticas, las opciones son inagotables. La lechuga es el complemento idóneo para el relleno de un wrap de pollo con rodajas de tomate y salsa rosa o de un sándwich con atún y huevo duro. Una crema con cebolla, ajo, caldo de verduras, zumo de limón y unas hojas de lechuga también es deliciosa. Pese a que se suele consumir en crudo, una forma muy sabrosa de consumir este vegetal es cocinarlo en el horno. Es tan simple como poner hojas de lechuga iceberg en una fuente para horno, salpimentarla y recubrirla con tomate frito casero y bechamel. Una vez esté cubierta con las salsas, añade un poco de queso y mete el plato en el horno hasta que este último ingrediente se dore. ¡Disfruta de un plato novedoso y sorprendente!


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