domingo, 18 noviembre 2018

No sin mi móvil

Existe todo un universo en torno a los teléfonos móviles guiado por tendencias, gustos y caprichos de un consumidor cada vez más volcado en tener lo último y lo mejor para estar conectado las 24 horas del día.

Belén Armendáriz
Pamplona - 12 mayo, 2018

El teléfono movil  ya es algo más que una herramienta, se ha convertido en parte de nuestra vida.

El teléfono movil ya es algo más que una herramienta, se ha convertido en parte de nuestra vida.

Llaves, cartera, móvil. Son los básicos para salir de casa. Incluso bastaría con las llaves y el móvil. Todo lo demás es meramente accesorio. Pocas personas hay hoy en día que se atrevan a cerrar la puerta sin haber cogido su ‘smart phone’. Y también en casa está siempre a nuestro lado. ¡Algo tendrá para que haya pasado de ser un simple objeto funcional a un elemento casi de devoción! Sí, sí, devoción. Porque no sabemos vivir sin él. Porque lo cuidamos con mimo. Porque invertimos más en nuestro móvil que en muchas otras cosas. Porque es ya como nuestra mascota, y para ella todo es poco.

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Mil y un complementos y accesorios giran en torno a los teléfonos móviles. Cada cual más original, más moderno, más llamativo… Mil y un ‘gadgets’ para sacar el máximo partido a un aparato que ya casi ha olvidado la función para la que fue ideado. Llamar, ahora, es lo de menos. Un móvil es mucho más. Es cámara de fotos y de video, es GPS, es internet, son apps para jugar, trabajar, pagar… Es un todo del tamaño de media tableta de chocolate. Y la satisfacción que ofrece es muy parecida. Por eso los fabricantes no dejan de ofrecer pequeños complementos. Y ha sido como abrir la caja de pandora… Ya no se puede cerrar. Cada día surge algo nuevo, algo que queremos tener para hacer de nuestro móvil algo único.

Esa individualización, ese distinguirse de los demás comenzó con el mundo de las fundas y las carcasas. La idea era dar color y glamur al consabido negro-gris-blanco de los móviles. Y la variedad es infinita, como también el abanico de precios. Desde personalizar la funda con una foto hasta encargarla en oro y diamantes, todo es posible. Aunque esto último sólo es accesible para determinados bolsillos bien abastecidos, porque el capricho supera los 5.000 euros. En un punto intermedio, también está la posibilidad de ponerle cristales de swarovsky por cien euros. Y también queda ‘très chic’. Existen, también unos anillos y soportes, que se instalan en la parte trasera y sirven para hacer más cómoda su sujeción, con diseños muy modernos y elegantes que le aportan un toque de distinción por apenas siete o diez euros.

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Pero más allá del aspecto, el imaginario alrededor de los móviles no tiene fin. Como cada vez se usan más y las aplicaciones gastan mucha batería, no tardaron en surgir las baterías externas o ‘powerbank’. Una pila, por decirlo así, a la que enchufar el móvil cuando está ya a punto de morir de inanición. Muy práctico, eso sí, siempre que te acuerdes de cargarla, porque si no, no sirve de nada. Aunque para evitar esto, hay en el mercado una nueva y buena alternativa: un cargador solar. Viene a ser una batería externa que se carga con la luz. Una buena opción si el día es soleado. Los precios rondan los 30 euros y hay con distintas capacidades y conexiones.

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También los cargadores clásicos han evolucionado mucho. Existen los cargadores universales, así se evita el rollo de comparar boquillas y tener que mendigar uno compatible con tu móvil. Y los cargadores inalámbricos, que cargan el móvil por contacto. Son unas bases conectadas a una fuente de energía sobre las que se sitúa el teléfono, que cuestan entre 15 y 30 euros y pueden resultar muy prácticas siempre que se tenga donde conectar la base. Importante, para que un móvil pueda cargarse en estas bases, es imprescindible que cuenten con tecnología Qi o que sea compatible con ella. En las especificaciones técnicas debería aparecer ‘Qi integrated’ o ‘Wireless charge built-in’.

 Fotos y más fotos

Pero sin duda, la cámara de los móviles es la reina en un mundo en el que Instagram tiene más eco que el bandeo de campanas. Primero fue el palo ‘selfie’. Después el minitripode flexible. Ahora, la moda pasa por las lentes y los flashes para hacer de la cámara integrada una casi casi profesional. Unas pequeñas arandelas imantadas o una pinza bastan para conseguir un gran angular, un ojo de pez o una macro. Así de sencillo. Suelen venderse en kits, con tres o cuatro lentes. Su precio oscila bastante debido a los materiales de fabricación, la luminosidad y nitidez, la distancia focal y el ángulo de visión; pero se puede encontrar una gama media por 40 euros.

Portamóviles para hacer deporte, lápices y teclados, gafas de realidad virtual, aplicaciones para encontrar objetos, mini-impresoras de fotos para móviles, hasta una cinta andadora plegable conectada al teléfono… las alternativas prometen agradar a todos los gustos y hobbies. Solo hay que tener claro qué queremos de nuestro pequeño compañero.

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