domingo, 19 mayo 2019

Perdiendo poder adquisitivo

El autor explica cómo la influencia de factores tan diversos como el paso tiempo, el incremento del coste de la vida o la fiscalidad repercuten tanto en el valor del dinero como en nuestra capacidad subjetiva de compra.

Redacción
Pamplona - 25 marzo, 2019

JOSE-FELIX-GARCIA-TINOCOImaginen que tienen en su cuenta corriente 0,93 euros. Y ahora que dentro de 1000 años (sí, 1000 años) vuelven a su sucursal a sacar su dinero. ¿Saben cuanto tendrían en su cuenta corriente? Pues 4.283 millones (sí, millones) de euros.

Este ejemplo tan sorprendente no es mío, es de una serie de animación llamada Futurama, en la cual el protagonista se queda encerrado en una cápsula de criogenización en 1999, y despierta 1000 años después. Por tanto, la cuenta corriente que tenía con 93 céntimos se convierte en varios miles de millones de euros al ofrecer el banco unos intereses del 2,25% anual compuesto.

Como explico en mis cursos, un concepto fundamental de las matemáticas financieras es que el dinero no vale lo mismo a lo largo del tiempo por efecto del incremento de precios o inflación (y también por la menos habitual deflación o reducción de precios). Imaginemos los datos anteriores, es decir, que la vida ha subido durante 1000 años un 2,25% anual, y que, por simplificar, todos los productos se incrementan en ese porcentaje. Por tanto, si con esos 0,93 euros podría comprar por ejemplo un litro de leche, al año siguiente éste valdría 0,95 euros (un 2,25% más). A los 10 años, la leche ya valdría 1,16 euros. Ojo, que a los 250 años ya costaría 242,28 euros, a los 500 años 63.116,26 euros, y a los 1000 años pues 4.283 millones.

Pero tengo que confesar que estos números tienen trampa, y me explico. He dicho que el dinero no vale lo mismo a lo largo del tiempo, y ahí está la cuestión, que estamos imaginando el valor de 0,93 euros y el de 4.283 millones de euros en el mismo momento, en 2019. Es decir, nuestra mente está comparando ambas magnitudes con el valor del dinero actual, de ahí que la disparidad sea inmensa. Sin embargo, nos tenemos que dar cuenta que, siguiendo este ejemplo, con 0,93 euros hoy compraría un litro de leche, y con 4.283 millones compraría el mismo litro de leche dentro de 1000 años.

El IPC medio anual de Navarra en las últimas dos décadas es de un 2,12% por lo que una nómina de 1.000 euros debiera haberse convertido en 1.521.

Y podemos ver las cifras justo al revés y manteniendo la subida del coste de la vida en el 2,25% anual. Alguien que hoy tenga 4.283 millones de euros (imaginen lo que podría comprar), si lo tiene al 0% de interés durante 1000 años tendría al final de ese periodo los mismos 4.283 millones, con lo que podría comprar nada más y nada menos que… ¡un litro de leche!.

Creo que con estos números se ve claramente la necesidad de que preservemos nuestro poder adquisitivo, es decir, que nuestros ingresos se vayan actualizando con lo que se van incrementando los precios. No se ustedes, pero yo no tengo pensado vivir 1000 años, por lo que el ejemplo es bastante extremo. No obstante, lo podemos reducir a un plazo más razonable para una nómina o pensión, por ejemplo 20 años.

El IPC medio anual de Navarra en las últimas dos décadas es de un 2,12%, por lo que una nómina de 1000 euros debería haberse convertido en 1.521,30 euros en ese período de tiempo para preservar el poder adquisitivo. Si alguien en este plazo ha ido perdiendo poder adquisitivo al subir su renta solo un 0,12% anual, vemos que al final de este periodo sus ingresos habrían pasado de los citados 1.000 euros a 1.024,28 euros, un 32,67% menos. No es ninguna broma.

REFLEXIONES FINALES

Más de 150 asistieron a la jornada sobre las novedades tributarias. Y la primera conclusión es la conveniencia de que nuestras rentas se incrementen con el IPC, así como nuestras inversiones, que deberían rentarnos también como mínimo el valor de ese índice. Y es importante interiorizar que conseguir esto no es ganar más sino que es ganar lo mismo, al garantizarnos únicamente poder comprar los mismos productos.

Sin embargo, hay una segunda conclusión en términos fiscales que también tiene su importancia. Imagine que en el período de un año hago una inversión con la que consigo obtener una rentabilidad exactamente igual a la inflación que ha habido en ese año. Pues resulta que aunque parezca que he preservado mi poder adquisitivo, lamentablemente no es así, ya que Hacienda va a cobrar impuestos de esos rendimientos, por lo que en la práctica no hemos conseguido mantener el poder adquisitivo.

Por consiguiente y como segunda conclusión, ¿se deberían pagar impuestos por un rendimiento que únicamente nos permite mantener el poder adquisitivo? Porque no olvidemos que puede tratarse de una cantidad relativamente pequeña como por ejemplo un plazo fijo a un año, o por el contrario puede tratarse de una cantidad sustancial si se trata de la venta de un bien después de varias décadas. Ahí lo dejo.

José Félix García Tinoco
Premio Nacional de Fin de Carrera en Empresariales y en ADE

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