miércoles, 21 abril 2021

Santiago Osés, día a día

En 2000, con 29 años, fue contratado para trabajar en la fábrica que la multinacional danesa Rockwool estaba terminando de levantar en Caparroso. Ya en 2012, cuando la crisis de la construcción redujo la actividad de la firma en un tercio, se hizo cargo de la Dirección de la factoría. Gracias a un trabajo incansable, Santiago Osés fue ascendiendo en la empresa ribera, que recientemente ha hecho distintas inversiones por valor de 4,5 millones de euros para fabricar nuevos productos.

Miguel Bidegain
Pamplona - 20 marzo, 2021

Entrada patrocinada por Banco Sabadell

Santiago Osés entró en Rockwool cuando contaba 29 años. (Fotos: Ana Osés)

Santiago Osés nació en 1971 y, aunque vivió durante su infancia y juventud en Estella, se considera de Olejua, el pueblo del que proceden sus padres. Estudió primero en el colegio Mater Dei e hizo el Bachillerato en el Instituto Oncineda. Después, en 1996, se licenció en Ingeniería Técnica e Industrial por la UPNA. “Llevo la ingeniería en mis genes. Siempre me había gustado y me atraía la Agrícola porque era en ese ambiente en el que había crecido. Me tocaba ayudar a mi padre y a mis tíos en la huerta, pero en el último momento me decidí por la Técnica y, más tarde, hice la Industrial”.

Su primer trabajo fue en el Departamento de Mantenimiento de la factoría de Luzuriaga, en Tafalla. “Fue mi segunda universidad, estuve casi cuatro años y me hice con un gran bagaje profesional. Llegaba con una buena base, pero estar en una empresa importante me permitió adquirir conocimientos muy variados”. Mientras tanto, se estaba construyendo en Caparroso una planta donde la danesa Rockwool iba a fabricar material aislante para edificación. Santiago Osés se incorporó antes de que terminasen las obras, en junio del año 2000. “Pasar a formar parte de una empresa que empezaba de cero lo tomé como un reto. Eso fue lo que me hizo cambiar a Rockwool. Sin ese aliciente, muy probablemente hubiera continuado en Luzuriaga”.

Su tono de voz es bajo y, aunque ríe a menudo, lo hace de forma breve y discreta. Tampoco gesticula demasiado. Parece que quisiera pasar desapercibido aun cuando sus palabras van a hacerse públicas, o precisamente por eso.

“Uno no crece en una empresa si no tiene alrededor gente que trabaje bien y le estimule”.

Dejó una compañía donde probablemente podía aspirar a un buen futuro para integrarse en otra incipiente y, por tanto, con un componente de incertidumbre. Eso hizo que bastante gente considerara aquel paso como una imprudencia. “Pero, ¿a dónde vas? Me lo comentaron muchas veces, mi padre el primero, todo hay que decirlo. Para alguien como él, que empezó a trabajar en la misma empresa en la que se retiró, eso de cambiar digamos que le resultaba incómodo. Yo explicaba que era una multinacional bien consolidada en el mercado, con buenos profesionales. Pero claro, Luzuriaga también era una empresa muy asentada en el tejido industrial navarro, donde podía tener una proyección positiva”. El reto pudo más que la seguridad que le ofrecía la factoría de Tafalla: “Se trataba de participar en la puesta en marcha de una fábrica muy grande y con un proceso productivo complejo. Una oportunidad así sólo se presenta una vez en la vida y no podía dejarla pasar”.

UNO DE LOS NUESTROS

Fue contratado por Rockwool como responsable de Ingeniería del Área Eléctrica, después se hizo cargo del Mantenimiento de toda la fábrica, ascendió posteriormente a director de Producción y, desde hace nueve años, es el director de la planta de Caparroso. “Uno no crece en una empresa si no tiene alrededor gente que trabaje bien y le estimule, eso está claro. Y más en un proceso productivo como el nuestro, activado veinticuatro horas al día y los 365 días del año”, señala queriendo diluir unos méritos propios que, en cualquier caso, son evidentes.

Consciente de la importancia que ha tenido en el desarrollo de su carrera profesional, se preocupa por la formación de los trabajadores: “Ese es otro reto, hacer crecer a la empresa formando a sus profesionales“. De hecho, valora por encima de otros posibles logros “el reconocimiento que he podido tener gracias a esa eminente vocación formativa hacia los empleados”, lo que le da pie para volver a repartir méritos: “Así hemos conseguido contar con un buen equipo, donde los responsables de la compañía valoran tu trabajo y poder progresar depende de ti, evidentemente, pero también de ellos”.

“Cuando dejé Luzuriaga para irme a Rockwool, que aún se estaba construyendo, mi padre me dijo: ‘Pero, ¿a dónde vas?'”.

El hecho de haber partido de un puesto ajeno al staff directivo y en contacto directo con el área productiva le permitió conocer el trabajo que realizaban los diversos departamentos de Rockwool. “La gente me ha visto en el día a día a su lado, la cercanía que me muestra la plantilla es muy estrecha. Cualquiera llama a la puerta de mi despacho y, cuando voy por la planta, que voy todos los días, me paran para hacerme una pregunta o un comentario. Eso también favorece mucho la relación con el comité porque reconoce que has crecido dentro de la empresa. Eso es, para mí, un valor importantísimo“, asegura con tanta sencillez como orgullo contiene su confesión. Tiene a su cargo a 170 empleados que atienden un proceso altamente automatizado, al tiempo que crece el empleo indirecto generado a nivel logístico o de proveedores externos, por citar dos ejemplos.

Osés tiene a su cargo un equipo formado por 170 personas.

Osés tiene a su cargo un equipo formado por 170 personas.

El carácter de Santiago Osés encaja muy bien con los valores de Rockwool. “Como en toda empresa nórdica, pesan mucho las consideraciones personales y familiares. Ese fue otro de los motivos por los que me incliné por trabajar aquí. También están muy ligados a nuestra idiosincrasia los principios de la sostenibilidad porque es una de las pocas empresas que puede presumir de impacto de huella de carbono negativo. Nuestro producto ahorra cien veces las emisiones de CO2 generadas durante su fabricación a lo largo de su vida útil”. Pero, aun así, la firma se ha comprometido a reducir aún más ese impacto, hasta un 38 % hasta 2034.

PIEDRA, LAVA, FIBRAS

Rockwool hace un aislante conocido como lana de roca, tal y como anuncia el nombre de la compañía. Parece un oxímoron y, sin embargo, define muy gráficamente el producto. ¿Qué es eso, cómo se fabrica? Osés parece agradecer la oportunidad de poder explicarlo “porque la gente no conoce lo que hacemos“.

“Es un producto sostenible porque empleamos una materia prima tan abundante como la roca ofita y el basalto, que nos suministran Canteras Acha, de Almandoz, y otra cantera de San Felices, en La Rioja. Y la fundimos a 1.500 grados”. Así consiguen una especie de lava que, después, centrifugan para generar unas fibras. Estas, mezcladas con resinas para darle consistencia, dan lugar al producto. El 97 % es materia inorgánica, roca, y el 3 % restante materia orgánica. “Buscamos el confort y la seguridad de las personas. El confort que proporcionan sus cualidades aislantes térmicas y acústicas y la seguridad derivada de su resistencia al fuego”, insiste. La lana de roca se utiliza tanto en la edificación residencial como en el sector industrial, en este caso sobre todo para revestimientos resistentes al calor y al fuego.

“La incertidumbre es tan grande que ahora estamos a plena capacidad, pero mañana no lo sabemos”.

Como parte de su aislante se destina a la construcción, la gran crisis del sector supuso para Rockwool “un varapalo importante a nivel productivo, del orden del 30%”. Las circunstancias son diferentes en la pandemia actual: “Estamos en pleno auge de la rehabilitación energética. Eso nos favorece enormemente y, de hecho, gran parte de los fondos europeos para eficiencia energética van muy ligados a nuestro producto. Además, en la anterior estábamos muy centrados en el mercado nacional y ahora exportamos la mitad. Así hemos podido mitigar los dientes de sierra que los cierres y confinamientos han producido en la demanda”. La fábrica aplicó un ERTE por razones productivas y paró días sueltos, solo una semana en total, entre otras cosas porque algunas de sus materias primas, en concreto las resinas, son perecederas y era necesario aprovecharlas. Hoy están trabajando cercanos al  cien por cien. “¿Mañana? Simeone habla del partido a partido. Yo del día a día. La incertidumbre es tan grande que ahora estamos a plena capacidad, pero mañana no lo sabemos”.

Recientemente, la empresa ha hecho distintas inversiones por valor de 4,5 millones para fabricar nuevos productos.

Recientemente, la empresa ha hecho inversiones por valor de 4,5 millones para fabricar nuevos productos.

La sonrisa con la que concluye la frase deja entrever que, por el momento, ese futuro no es motivo de preocupación. De hecho, la empresa se prepara para que sea lo más halagüeño posible y, por eso, en abril se completarán distintas mejoras, que han requerido una inversión de 4,5 millones de euros y que abrirán la posibilidad de fabricar nuevos productos en la planta.

La entrevista toca a su fin, pero la despedida se demora porque se convierte en una conversación sobre aficiones coincidentes y lugares compartidos. Santiago Osés nos dice que ahora vive entre Pamplona y Zufía, el pueblo de Tierra Estella donde acostumbra a pasar las vacaciones y los fines de semana junto a su esposa y su hijo, de 12 años. Allí disfruta de su pausada y sencilla vida social y practica los deportes que más le gustan. “Sobre todo, el ciclismo de montaña es mi vía de escape del trabajo. Ahora empieza a acompañarme mi hijo”, constata con un punto de satisfacción. También le atrae la montaña. De hecho, tiene muy cerca la sierra de Lóquiz, a la que asciende “dos o tres veces cada mes”, y un poco más lejos las alturas del Pirineo, que también frecuenta. Ambientes retirados y tranquilos, que confirman que la discreción forma parte de su carácter.

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