martes, 16 agosto 2022

“Todo el proyecto está dedicado a mi padre”

En 2006, Pablo Carlos Lázaro Delgado, conocido en Figarol con el “cariñoso” apelativo de ‘el Moro’, ideó su propia granja de cabras para producir lácteos. Tras ponerla en marcha con este mismo alias, su repentina muerte en 2012 no llevó al traste el proyecto. Su hija, Silvia, su hijo y la madre de ambos se hicieron cargo del negocio, que salió adelante con el respaldo de sus vecinos. Desde entonces, los tres han vivido de todo en un camino que califican de "muy duro y muy difícil", pero que les está generando importantes éxitos gracias a la calidad de sus productos. Hoy, Silvia opta al Premio al Relevo Generacional en el Campo, que por primera vez promueve Navarra Capital junto a UCAN en el marco de la sexta edición de los Premios Alimenta Navarra.

Jesús Jiménez
Pamplona - 1 noviembre, 2021

La granja cuenta con 500 cabras, "la mayoría murciano-granadinas y alguna malagueña". (Fotos: Maite H. Mateo)

Esta historia tiene su origen en una persona llamada Pablo Carlos Lázaro Delgado. Sin embargo, nadie lo llamaba así en la pequeña localidad de Figarol, en plena Merindad de Tudela. Como mucho, sus vecinos se referían a él alguna vez como ‘Carlos’. Porque la realidad es que todos lo conocían por su apelativo de ‘el Moro’.

Su hija, Silvia Lázaro, explica que se trataba de un nombre cariñoso. “A mi abuelo y a mi abuela ya les llamaban ‘el Moro’ y ‘la Mora'”, rememora. Candidata al Premio al Relevo Generacional en el Campo, que por vez primera promueve Navarra Capital junto a la Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN) en el marco de los Alimenta Navarra 2021, añade que el nombre de su granja de cabras es precisamente un homenaje a su progenitor: “Todo el proyecto está dedicado a mi padre”.

Los sextos Premios Alimenta Navarra, organizados por Navarra Capital e impulsados en esta edición junto al Clúster Agroalimentario de Navarra (NAGRIFOOD) están patrocinados por  por Eroski CaixaBank, y en el que también colaboran el Ayuntamiento de Tudela, el Gobierno de Navarra y la Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN). Y la entrega de estos galardones será el próximo 23 de noviembre en un acto que tendrá lugar en el Teatro Gaztambide de Tudela.

Las personas interesadas ya pueden votar a su candidato/a a través de este enlace.

Tras haber desempeñado durante varios años diversas funciones como presidente del concejo y alcalde, Pablo Carlos tuvo una idea en 2006. Mejor dicho, un sueño: poner en marcha una explotación de cabras dedicada a la producción de leche y queso. Dicho y hecho. En 2007 empezó a levantarla, al mismo tiempo que adquiría los primeros ejemplares. Eligió cabras de la variante murciano-granadina porque, como explica Silvia, “son de tamaño más reducido y, por lo tanto, más manejables, pero sobre todo porque sobresalen por la calidad de la leche”.

También intentó traer cabras desde Toledo. “Pero al no tener calificación sanitaria como la de Navarra no pudo ser”, recuerda. A esa primera partida se sumó la adquisición de un rebaño de la variante malagueña de una explotación cercana de Sádaba. Gracias a este esfuerzo, hoy la granja cuenta con más de 500 animales, “la mayoría murciano-granadinas y alguna malagueña”. Un número que les garantiza leche todo el año “frente a otras explotaciones más pequeñas y con capacidad más limitada”.

PROBLEMAS E IMPREVISTOS

Un año después de su puesta en marcha, la granja El Moro empezó su producción de lácteos. Ahí también se produjo el nacimiento de los primeros cabritos y, lamentablemente, la llegada de los primeros problemas. “En Navarra nadie quería nuestra leche, por lo que mi padre tuvo que comercializarla fuera, sobre todo en Huesca y Cataluña“.

No fue la única adversidad. Tanto entonces como ahora el precio que le siguen ofreciendo por los cabritos está por debajo del coste de producción, que ronda en torno a los 45 euros. Y, junto a estos reveses, uno relacionado con las dimensiones del proyecto porque la idea original contemplaba una quesería. Nadie había advertido a ‘el Moro’ de que eso requería una acometida de luz valorada en 60.000 euros, por lo que esta parte del proyecto no se completó hasta 2019.

Silvia Lázaro gestiona, junto a su madre y su hermano, la granja que antes dirigía su padre.

Silvia Lázaro gestiona, junto a su madre y su hermano, la granja que antes dirigía su padre.

Mientras tanto, la granja siguió creciendo al ritmo que marca un día a día que no conoce fines de semana ni festivos. De hecho, cada jornada empieza con una primera visita a las cabras al punto de la mañana. “Nuestros animales están estabulados. Eso quiere decir que pasan la noche a cubierto porque nosotros no nos dedicamos al pastoreo”, señala su propietaria. Tras comprobar que todo está bien (sobre todo que no hay ningún ejemplar herido o enfermo), se prepara la sala de ordeño. Extraída la leche (una vez al día), se les da de comer y se adecenta su espacio con paja.

“Mi padre falleció repentinamente y decidí echar una mano en el negocio familiar”.

Esta dinámica, que incluye también tres periodos de parto concentrados en torno a los meses de febrero, junio y octubre, no se rompió ni cuando el promotor de la granja falleció repentinamente. “Fue en 2012, con 53 años y de un ataque al corazón fulminante“, relata su hija. El fallecimiento supuso un cambio radical para esta licenciada en Química, que se vio obligada a dejar un máster con el fin de “echar una mano” en el negocio familiar. “El hecho de que estuviéramos en el momento más duro de la crisis y la ausencia de alternativas laborales es lo que me empujó a marcharme de Pamplona, donde vivía entonces, y volver a Figarol“, apostilla.

MÁS QUE UN PROYECTO VITAL

Desde aquel instante, ella, su madre y su hermano tomaron el relevo de un negocio que ha encontrado en sus vecinos un apoyo imprevisto y extraordinario. “Para mí es importantísimo que mi pueblo salga en la etiqueta de mis quesos porque me siento muy orgullosa por lo bien que se ha portado la gente y cómo nos ha arropado siempre”, remarca.

La explotación cuenta con capacidad para producir leche de cabra todo el año.

Medio en broma medio en serio, asegura que, gracias a la solidaridad demostrada por los habitantes de la localidad, sus tres elaborados (fresco, semicurado y curado) han llegado a los lugares más inesperados. Sirva como muestra de esto el éxito cosechado en la última feria celebrada en Pamplona. “Era la primera de este tipo a la que íbamos y el nivel de aceptación fue tal que agotamos todas nuestras existencias de queso fresco”, detalla. Y eso que la granja solo dedica a la transformación un día de producción de leche. “Puedo multiplicar la producción a los siete días de la semana para vender mis quesos a nivel nacional e internacional”, señala como uno de sus próximos retos.

Sobre ese porvenir y la ausencia de relevo generacional en el sector primario, su postura es clara: “Si se pagaran los productos como se debe y existiera un mayor reconocimiento social, seguro que habría más productores y gente interesada en esta actividad”. Ella, de entrada, se siente muy identificada con lo que se ha convertido en algo más que su proyecto vital. “Siempre me he sentido mujer rural porque toda mi vida está y ha estado relacionada con Figarol”. Por eso, si resulta ganadora del premio, se lo dedicará a su padre, cuyo recuerdo aún les acompaña “en este camino apasionante, pero muy difícil y muy duro”.

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