En el caluroso verano de 1999, un pequeño cibercafé en el corazón de la Rochapea se convirtió en el refugio de un niño solitario y entusiasta de la tecnología. Al entrar, se percibía un olor a comida mezclado con colonia y desodorante, mientras el sonido constante de las teclas retumbaba en el aire. Las paredes estaban decoradas con pósteres de películas de ciencia ficción y anuncios de videojuegos, que dotaban al lugar de un ambiente futurista. Las mesas de los ordenadores, hechas de madera, estaban dispuestas en filas ordenadas. Cada una de ellas albergaba pesadas y cuadradas pantallas, la última tecnología en aquella época. Los ratones, con sus bolas de seguimiento, requerían de una limpieza frecuente, pero eran indispensables para navegar en aquel incipiente mundo digital.
Aquel niño, de apenas siete años, se sentaba en una de las sillas durante largas horas. Su rostro se iluminaba con el resplandor azul de la pantalla mientras exploraba los secretos de la red. Visitaba sitios web llenos de gráficos animados y se entretenía con videojuegos de acción y estrategia. En esas interacciones virtuales encontraba la compañía y el entendimiento que anhelaba en su vida cotidiana. Fuera de aquellas paredes, era tímido e incomprendido, sin muchos amigos con quienes compartir su pasión por la tecnología. Para algunos era un simple entretenimiento, pero para él era una puerta abierta a infinitas posibilidades.
John Fernández nació en Pamplona en 1992 y, aunque siempre tuvo una inteligencia por encima de la media, nunca se le dio bien estudiar. Fue cambiando de colegios y probó suerte en los Maristas, donde se había formado el resto de su familia. Sin embargo, no tuvo mucho éxito y resultó ser la "peor etapa educativa" de su vida: "Llegué con menos nivel que mis compañeros y nunca olvidaré como la profesora de Matemáticas, cuando veía que no seguía el ritmo, me mandaba al final de la clase".
Su desmotivación provocó que abandonara el centro en 2º de la ESO e hiciera una prueba de acceso para cursar una FP de Comercio y Marketing en el Colegio Técnico Carlos III. “No me interesaba ninguna oferta formativa tradicional, me hubiera gustado acceder al MIT (Massachusetts Institute of Technology), un lugar dedicado a la tecnología disruptiva, pero no era una opción factible”, rememora para ValoresTOP.
John se consideraba una persona con talento para la comunicación, por lo que esa elección le sirvió para adquirir técnicas de lenguaje no verbal, persuasión y ventas. Eso sí, nunca llegó a ejercer la profesión. “Sin embargo, vi una oportunidad y aprendí a venderme a mí mismo”, apostilla. Además, en el centro encontró el sitio que tanto tiempo llevaba buscando. “Los profesores me acogieron muy bien, supieron ver mis destrezas y explotar mis virtudes. Eso me ayudó y me animó a seguir”, admite emocionado mientras recuerda todo lo vivido en aquellas aulas.
JUGADOR PROFESIONAL DE VIDEOJUEGOS
De forma paralela, los videojuegos seguían siendo el hilo conductor de su vida y llegó a consolidarse como jugador profesional de Counter Strike, World of Warcraft, League of Legends o Call of Duty: “Me pasaba catorce horas al día jugando. Mi vida era levantarme, jugar, comer, jugar y dormir. Con algunos ganaba dinero, pero al final lo hacía porque me gustaba y aprendía muchas cosas”.
Esa rutina empezó a pasarle factura y encontró en el deporte un desahogo. “Nadar me desintoxicaba. Empecé a formarme a través de cursos privados de entrenador personal, nutrición deportiva de suplementación… Y a los diecinueve años comencé a trabajar como socorrista”, relata. Un año después sintió la necesidad de cambiar de aires y huir de la monotonía, por lo que se marchó a Mallorca. Allí descubrió su faceta como modelo, de la que vivió los tres años siguientes en Madrid.
FORMACIÓN DIGITAL
En 2016, ya más adulto, decidió explotar su interés por los videojuegos y empezó a estudiar de forma autodidacta. Influido por su amor por las películas de ciencia ficción (Matrix, Minority Report, Blade Runner...), descubrió "el futuro, cómo es actualmente el mundo y cómo podrá ser más adelante". "Cosas que en las películas eran imaginación y ahora son reales: coches autónomos o publicidad personalizada", detalla. Todo aquello le llevó a declararse "futurista": "Una persona que, en medio de países, gobiernos y ciudadanos, se encarga no solo de visualizar el futuro, sino de trasladar al presente lo que está por llegar. España bebe tecnológicamente de otros países y traslada los conocimientos que estos ya han implantado, por lo tanto suele llegar tarde. Un futurista estudia otros mundos, el asiático y el americano sobre todo. Yo me centro en varias tecnologías: blockchain, realidad virtual aumentada o extendida, economía digital…".
A pesar de prepararse por su cuenta, ha recibido formaciones a través de programas privados acreditados por la Universidad de Hong Kong. “Ninguna oferta formativa oficial tradicional agrupa este tipo de estudios. Son tan disruptivos y novedosos que es casi imposible introducirlos, ya que requerirían de una actualización constante”, recalca.
Como futurista, John se considera out of the box. “No soy una persona ceñida a lo tradicional, intento simplemente ver todo desde un prisma distinto”, subraya. Para él, esta condición convierte al futurista en una persona a tener en cuenta por los gobiernos: “Puede perfectamente ser un consejero digital nacional. El futurista es una persona visionaria, que extrae información internacional para aplicarla en su país de origen”.
Esta profesión “no está muy demandada”, por lo que siempre ha tenido que complementarla con otros empleos: seguridad privada, operario en Volkswagen y Nissan, camarero… “Hasta hace prácticamente año y medio no he podido dedicarme a tiempo completo a lo mío, pero ahora trabajo como Project manager en un par de empresas. En una soy CEO (Ready for metaverse) y en la otra soy CEOO (Metadvising). Ambas son portales informativos, en los cuales divulgo contenido sobre tecnología con el objetivo de informar a la gente”, aclara.
SU FACETA COMO 'INFLUENCER'
Precisamente, John (conocido en redes sociales como metajohn) ha logrado un gran alcance como speaker gracias a sus 55 conferencias impartidas por España y Latinoamérica. “En Navarra, lo que más preocupa es la Inteligencia Artificial en el mercado laboral. Me encargo de explicar cómo tienen que adaptarse los trabajadores a estos cambios para no quedarse atrás”, comenta. Además, en sus charlas sugiere mejoras dirigidas al sistema educativo. “Considero que la educación debe cambiar. Se debe implementar la tecnología en todas las etapas, desde el niño hasta el universitario. Estar constantemente formado es la única forma de evolucionar”, defiende convencido.

El influencer navarro tiene tatuados elementos relacionados con el metaverso, un ecosistema que estudia en profundidad.
Debido a su creciente éxito como divulgador, en 2023 se mudó a Barcelona: “Decidí moverme a ciudades más grandes con mucha más oferta de trabajo y tecnológicamente más avanzadas”. Allí comenzó a explotar sus perfiles en redes sociales, sobre todo en TikTok, donde ya acumula más de 120.000 seguidores, así como Instagram (14.000) o YouTube (1.200). “Siempre me gustó crear contenido, pero nunca lo había hecho de forma tan constante. Me di cuenta de que la gente salía asombrada de mis charlas. Todos estos avances ya están implantados en otros países, por lo que si la gente no lo sabe, es simplemente porque nadie se lo cuenta”, remarca.
En este sentido, el 57 % de sus seguidores son mujeres, algo de lo que se siente orgulloso debido a que el tecnológico es "un mundo más asociado a los hombres". "El futurista es multitasking. Mi rutina se basa en hacer deporte, trabajar en mis proyectos e informarme a través de todos los medios extranjeros para estar al tanto de la geopolítica mundial, militar, Inteligencia Artificial, realidad virtual…", especifica. Su ritmo de trabajo es tan intenso que no le queda mucho tiempo libre para su vida social: “Es cierto que me gustaría mejorar ese aspecto, pero por la profesión vocacional que he elegido y mi dedicación no me lo puedo permitir. En este mundo, te quedas obsoleto en cuestión de semanas, por lo que no existen vacaciones. Puedo desconectar, pero soy muy dependiente digitalmente”.
DEFENSOR DEL METAVERSO
Si alguien indaga en su web, pronto se dará cuenta de que la mayoría de su contenido tiene que ver con el metaverso, “un ecosistema en el que conviven distintas tecnologías y que está en constante evolución”. Un mundo tan importante para John que traza un puente desde sus brazos hasta su pecho en forma de tatuajes. Un cuerpo que trasciende se dibuja en su brazo derecho: “Simboliza cuando la conciencia sale del cuerpo y es capaz de observar desde otro punto de vista las cosas, algo fundamental para mi”. Y, unos centímetros más arriba, se reconoce al Doctor Manhattan, “un personaje de cómic que, a través de un accidente atómico, adquirió conocimientos de otros mundos y representa esa inquietud por saber”, explica mientras repasa la tinta con una mano. El conjunto se completa con una simbiosis de un cerebro y unos chips, que refleja su concepción como “humano máquina”.
Hoy, su objetivo es convertirse en un referente tecnológico a nivel nacional, pero sin olvidar nunca a aquel niño que encontró su lugar jugando a videojuegos en el cibercafé de su barrio.
