domingo, 24 octubre 2021

Vicente Cordón habla en el terreno de juego

Gima (Grupo Industrial de Mantenimiento Avanzado), con sede en la Ciudad Agroalimentaria de Tudela, es una empresa de referencia en el sector del mantenimiento industrial, aunque tanto su gerente como el resto del equipo se han caracterizado siempre por la discreción. Cordón, miembro de la junta de la Asociación de Empresarios de la Ribera (AER) y que a los 50 años sigue jugando al fútbol tras haber pasado por el Tudelano y el Alfaro, pertenece a ese grupo de personas que prefiere centrarse en su actividad y "no hacer ruido". Con numerosos proyectos en marcha, la firma que capitanea prevé crecer un 30 % en los próximos tres años.

Miguel Bidegain
Tudela - 2 octubre, 2021

Vicente Cordón, en las instalaciones de la empresa, situada en la Ciudad Agroalimentaria de Tudela. (Fotos: Maite H. Mateo)

Ni Gima ni Vicente Cordón buscan el protagonismo. “Somos cautos y preferimos ser discretos, profesional y personalmente. Utilizamos las redes sociales y creemos en las nuevas tecnologías, claro, pero como una herramienta positiva”. Sí conseguimos saber a través de internet que Vicente Cordón nació y vive en Alfaro, donde trabajó diez años como director de organización “en una empresa productiva a la que hicimos crecer”. “Y caí aquí porque nos surgió la oportunidad de comprar una empresa de Corella, fundada en 1992 y dedicada al mantenimiento mecánico, que se llamaba Javier Ciordia SL”. Cinco años después, en 2011, se instalaron en la Ciudad Agroalimentaria de Tudela: “Mantuvimos la actividad, pero ampliamos y diversificamos las líneas de negocio para ser multiservicios”.

El uso del plural se debe a que habla en nombre de la sociedad de la que forma parte. “Hemos comprado una empresa, pero no te conviertes en empresario de la noche a la mañana. No hemos dejado de ser trabajadores ni hemos olvidado los orígenes. Es el buen legado que nuestros padres nos han dejado junto con el valor del esfuerzo: ser conscientes de dónde venimos porque todo lo que hemos hecho y lo que hacemos ha sido trabajando”. Añade, casi se trata de una reflexión en voz alta, que las nuevas generaciones llegan “con una manera de funcionar diferente”. “Nosotros teníamos prioridades como ahorrar para comprarte una casa y ellos, es una pena, seguramente no van a tener tanto poder adquisitivo y alquilan porque ahora tienen un trabajo pero es muy posible que mañana tengan otro y en otro sitio”.

Bajo la dirección de Cordón, Gima se ha convertido en un referente del mantenimiento industrial.

Bajo la gerencia de Cordón, Gima se ha convertido en un referente del mantenimiento industrial.

Vicente tiene el título de Ingeniería Técnica Química por la Universidad de Zaragoza. Una profesión que nunca ha ejercido porque el destino le ha llevado a realizar funciones de gerencia y administración. Pero se queda “con esas otras cosas que también consigues en la universidad, recursos para buscarte la vida, amistades, relaciones…”. “Yo he aprendido todo sobre la gestión en el día a día, trabajando. Hombre, la ingeniería te ordena la cabeza y te ayuda a cuantificar”, apostilla.

Ante la falta de referencias en internet, buscamos información entre personas que lo conocen, que nos lo definen como una persona cuasivisionaria, muy emprendedora y rompedora de moldes en su quehacer profesional. Cuando se lo comentamos, esboza una sonrisa. “No es esa la percepción que tengo de mí, pero resulta halagador. ¿Visionario? En todo caso inquieto, en Gima somos muy inquietos en el sentido de buscar un poco más allá sin que nos asuste nada, no creo que seamos visionarios”, señala pasando de nuevo al plural. “Emprendedores, sí, mucho. Cuando se nos cerraba una puerta, buscábamos otra y la abríamos, es lo que nos ha pasado con las crisis. Igual perdíamos clientes que nos suponían un 40 % de la facturación y lo hemos compensado con otros nuevos. ¿Cómo? Pues esforzándonos mucho, ofreciendo servicios diferentes, formándonos… Siempre estamos aprendiendo. Nuestro éxito es que si nos fijamos un objetivo, ¡adelante! Encontramos la manera de llegar”. Ya lo dicen en la propia web de la empresa, donde destacan su capacidad de adaptación, innovación y uso de tecnología propia.

Les han propuesto trabajar en el extranjero, pero han preferido trabajar en Navarra y sus zonas limítrofes.

Gima ha pasado a ser un referente en las infraestructuras industriales, ocupándose de áreas como las instalaciones eléctricas, de refrigeración y climatización, la acústica, la termografía, soluciones energéticas o recuperación térmica, entre otras, además del asesoramiento técnico: “Si alguien quiere aprender, hacerse con una profesión y quizás en el futuro montarse su propia empresa, Gima es el sitio perfecto porque tocamos todos los sectores prestando un servicio integral. No solo nos ocupamos del mantenimiento de las instalaciones, sino que también hacemos la ejecución civil de estas. Ahora estamos haciendo una obra en el Hospital de Tudela, en el pabellón de hemodiálisis. El presupuesto es de 2,6 millones de euros cuando nuestra facturación venía a estar entre 4 y 5“.

“El asociacionismo y la colaboración entre las empresas es vital. ¡Más gente tenía que estar en las asociaciones!”.

Íbamos a pedirle que nos confirmara las cifras porque eso supone doblarlas, pero antes de que podamos hacerlo prosigue su análisis. “Nos ha costado muchos años llegar a nuestro posicionamiento actual, que es muy bueno, antes no podíamos aspirar a este tipo de obras solos y ahora licitamos peleándonos con los grandes. Y no es que seamos más listos que nadie, hemos ido aprendiendo de aciertos y errores”.

Trabajan sobre todo en Navarra y territorios limítrofes: “Sí que en su día vinieron a buscarnos para hacer algo fuera de España, pero hay tanto para hacer por aquí… Es más, hay cantidad de sectores en esta comunidad que ni llegamos a tocar porque nuestro servicio lo prestan personas. No podemos aumentar la facturación poniendo una máquina nueva, sino formando a los trabajadores para que sean técnicos polivalentes. Por ejemplo, uno de nuestros fontaneros es capaz de echar un punto de soldadura y, además, conectar eléctricamente la bomba e incluso telemáticamente con un cable de red. Pero con las personas llegas hasta donde llegas, eso limita nuestra capacidad”. La plantilla actual la forman 46 personas y se mantiene estable. “Esta es la que a día de hoy somos capaces de mantener. Sería muy fácil contratar y contratar, ¿pero luego qué? No, por responsabilidad ahí tenemos que ser sostenibles”.

CRECER SIN RUIDO

La prudencia no impide que planeen inversiones para crecer en facturación y posicionamiento. “Porque si mañana sale otra obra de 2,5 millones no la podríamos coger. Es una pena tener dejar pasar oportunidades cuando estás bien posicionado, nos reconocen que hacemos bien las ejecuciones. Creo que en los próximos dos o tres años podríamos crecer fácilmente un 30 % facturando 7 u 8 millones”. Eso la consolidaría como la mayor empresa navarra de mantenimiento integral, al margen de las filiales de multinacionales. “Pero ya veis, ni nos mediatizamos ni hacemos ruido -insiste-, quizás porque nos concentramos en nuestra actividad y descuidamos otras cosas a las que habría que dedicar un poco de… cariño”.

En Gima esperan seguir creciendo durante los próximos años.

En Gima esperan seguir creciendo durante los próximos años.

Vicente Cordón forma parte de la junta de la Asociación de Empresarios de la Ribera (AER) “por convicción”, porque cree que “el asociacionismo y la colaboración entre las empresas es vital”. “¡Más gente tenía que estar en las asociaciones!”, exclama. Al contar con representantes de diversos sectores, “cada uno exponemos nuestras experiencias y las necesidades que tenemos y el resto en la medida de lo posible te da su apoyo”. “Ser de la AER te cuesta tiempo y dinero, sin embargo resulta gratificante porque lo que haces beneficia a todos, buscamos el bien común“.

“He jugado al fútbol siempre, me apasiona. Jugué en el Alfaro y el Tudelano, tengo 50 años y sigo haciéndolo”.

Probablemente se deba a esa discreción, pero la entrevista discurría por derroteros profesionales, apenas nos había revelado nada de la faceta personal. Sin embargo, inopinadamente Vicente proclama que su carácter es ribero: “Lo digo con mucho orgullo, me identifico mucho más con esta zona que con la de Logroño”.

No es que renuncie a sus orígenes riojanos, porque en otro momento de la entrevista añade que “las personas riberas tenemos un don diferente”. Entonces, Vicente se pone serio para reafirmar su argumento: “Es verdad. Yo tengo amigos de San Sebastián, de Mallorca, que vienen a fiestas a Alfaro y mi cuadrilla ya es la suya. Pueden volver sin estar yo y tienen su cuadrilla, eso no pasa en muchos sitios. Yo tengo ese carácter, igual me lanzo al decir las cosas, pero también soy capaz de pedir perdón. Eso nos une mucho, damos sin esperar nada a cambio”.

Y ya que hablamos de fiestas y cuadrillas, le pedimos que nos cuente qué hace cuando no está en su despacho. Sonríe abiertamente, parece alegrarse de nuestra pregunta y, tras poner en primer término a su familia, “que es muy grande y encantadora”, y a sus muchos amigos, “no se puede pedir más”, releva su pasión por el fútbol. “He jugado siempre. Jugué en el Alfaro y el Tudelano, tengo 50 años y sigo haciéndolo, ahora con los veteranos del Alfaro. Es una hora y media que necesito para liberar la mente. Además, es un deporte de equipo con una serie de valores que te hacen mejor persona y que son perfectamente aplicables en una empresa: respeto, lealtad, compañerismo, ayudar al que está a tu lado“.

También suele bailar, andar por el monte, correr, en invierno esquía… Claro, eso si no tiene partido. “Es que lo que me apasiona es el fútbol y, si puedo entrenar con chavales de 20 años, voy porque eso me enriquece mentalmente, me libera y me enriquece”. Por eso, cuando tuvo que operarse del tendón de Aquiles y le dijeron que no podría volver a jugar, se le vino el mundo encima. “Me operaron hace justo tres años, un 26 de septiembre. Estuve un año sin hacer deporte, pero he vuelto a hacerlo, me han dado otra oportunidad y cada partido que juego lo disfruto. ¡Buah!”.

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