jueves, 1 diciembre 2022

La energía de Adalberto Ríos

Los 31 años de andadura profesional de Adalberto Ríos han dado mucho de sí. Con mucho esfuerzo, ha edificado una gran empresa, Ríos Renovables, partiendo de cero. La firma superó la crisis energética de 2010 incorporando nuevas líneas de negocio. Una decisión que, además, permitió a la compañía mantener su actividad mientras otras la interrumpían a causa de la pandemia. A sus 51 años, ya ha decidido quiénes dirigirán la compañía el día que se retire.

Miguel Bidegain
Fustiñana - 19 diciembre, 2020

Artículo patrocinado por Banco Sabadell

Adalberto Ríos, ante los paneles solares instalados en el recinto de la empresa. (Foto: Maite H. Mateo)

Nació en 1969 en Tudela, donde cursó estudios de técnico especialista en la rama de electricidad. Concretamente, en el instituto de FP ETI. No tiene claro que fuera una vocación, aunque recuerda que “de pequeño solía desmontar los juguetes y sacarles el motorcico porque eso de los mecanismos siempre me ha llamado la atención”. Tampoco había antecedentes familiares en la profesión. De hecho, su padre fue, “como se decía antes, ‘barman’, y también cobraba facturas de Otis en las comunidades”. Es decir, “el hombre se buscaba la vida”. El caso es que tuvo claro por dónde iba a ir su futuro y, por eso, aprovechó el servicio militar para obtener el carné de instalador y el permiso para conducir camiones pluma. Al regresar a Tudela en 1989, creó junto a su hermano Electricidad Ríos, con un capital de 3.000 euros, “el mínimo legal, y a trabajar”. Poco a poco fueron llamándoles para que se encargaran del mantenimiento de instalaciones eléctricas de empresas cada vez más importantes y trasladaron el taller a Ribaforada, donde Adalberto Ríos residía tras casarse “con una chica del pueblo” a la que conoció “con 17 años”.

Le firma dio un salto, se dotó de su propio departamento de ingeniería y se rebautizó como Proyectos y Montajes Eléctricos Ríos. En 1992, cuando ya tenían más de treinta empleados, tantearon las energías renovables instalando sistemas de autoconsumo: “Llevábamos el mantenimiento de Ecotecnia y nos plantearon ir de la mano en el proyecto de un parque solar de 1,2 megavatios en Cabanillas. Fuimos cogiendo experiencia y, en 2004, cuando salió la conexión a la red, nosotros ya sabíamos de qué se estaba hablando”. Pero intuyó que para ser algo en el sector tenía que basarse en sus propios recursos y tomó una arriesgada decisión: la ya denominada Ríos Renovables se encargaría del diseño, ingeniería, construcción y mantenimiento de los parques y también gestionaría la adquisición de los paneles e incluso la financiación de los proyectos. Todo excepto la fabricación de los elementos que integran un parque solar.

“Al volver de la mili, monté con mi hermano una empresa con un capital de 3.000 euros, el mínimo legal, y a trabajar”.

Viajó a Alemania y China para conocer qué estaban haciendo y cómo, se puso en marcha y la empresa despegó. “La verdad es que nos va muy bien, pero a costa de un gran esfuerzo”, apunta Ríos, quien no oculta que también ha vivido momentos angustiosos, como el del parón energético que en 2010 desmanteló vía decreto todo lo que se había avanzado en materia de energías renovables. “Fue tremendo, no podía entenderlo. La construcción había caído y las renovables podían haberse utilizado para amortiguar un poco el desastre. Pero no, nos machacaron también. ¿Por qué? Mi opinión es que las grandes empresas querían entrar en este negocio, necesitaban tiempo para prepararse y se lo dieron. De las pequeñas cerraron un montón, nosotros no llegamos a tanto, pero bajamos la facturación una barbaridad. Así que tuvimos que reinventarnos con la biomasa, la eficiencia energética, los alumbrados… Dimos un paso atrás, nos refinanciamos y, poco a poco, fuimos remontando. Nos vino bien para diversificar, y eso nos da seguridad para que no nos vuelva a pasar lo de entonces”.

¿Y la pandemia? “Pues ha sido otra situación complicada, teníamos una previsión de crecimiento para este año de entre el 30 y el 40 %. Esperemos que a final de año, con suerte, lleguemos al 6 %. No hemos podido construir los parques fotovoltaicos previstos para este año, los hemos retrasado al que viene, incluido uno muy importante de 62 megavatios en Corella. Pero no nos hemos quedado parados gracias a esa diversificación”.

“Con el parón energético, dieron tiempo para prepararse a las grandes empresas que querían entrar en este negocio”.

A lo largo de los 31 años que lleva como empresario, ha completado su formación, teórica y práctica: “En el día a día tengo que tratar con fondos de inversión, bancos… Gente del primer nivel. Eso te enriquece mucho. Para mí ha sido como hacer un máster avanzado”. Sonríe antes de añadir que “las que se están preparando de maravilla” son sus dos hijas, Marina y Lidia. “Una ha terminado la carrera de Relaciones Internacionales y está trabajando en ARPA Abogados Consultores, los planes son que haga un máster y que, después, se incorpore a la empresa. Siempre les he dicho que tienen que entrar a enseñar, no a aprender. La pequeña está haciendo el último curso de ADE internacional, pasará por una auditora, hará su máster y, cuando esté preparada, también vendrá a la empresa”.

LA DEFINICIÓN DE EMPRESA FAMILIAR

Ríos Renovables es la definición del negocio familiar. Su esposa, Conchi Enrique, ejerce como responsable financiera de la empresa. “Ella tenía una asesoría y llegó un momento en que necesitaba a alguien de confianza que llevara toda esa área, así que dejó la asesoría y vino conmigo”. Y serán sus hijas las que en su día tomen el relevo. Afirma, sin que se le borre la sonrisa, que es una perspectiva que les ilusiona a todos. “Nunca les hemos encaminado a que así fuera, siempre ha salido de ellas”. El horizonte está tan definido que, en la fiesta con la que celebraron el trigésimo aniversario de la compañía, “hablaron ellas” porque “era el momento de transmitir que iban a dar continuidad al proyecto, que los siguientes pasos ya estaban dados”.

La sala desde donde se controla el funcionamiento de los parques. (Foto: archivo)

La sala desde donde se controla el funcionamiento de los parques. (Foto: archivo)

No se puede decir que no sean previsores. ¿Otro ejemplo? Felipe Blanco, el director general, tiene dos años más que yo, pero ya está trabajando junto a él David Sola, la persona que lo sucederá”. Y, hablando de futuro, parece halagüeño para el mundo de las renovables habida cuenta de que las directrices europeas prevén una reducción drástica de la energía proveniente de fuentes contaminantes. Ríos confía en que así sea, aunque saca a colación el problema que suponen actualmente las trabas burocráticas. “La tramitación de los expedientes se retrasa, es muuuy lenta. Unos dicen que es por la pandemia, otros porque con el teletrabajo no pueden acceder a la documentación… Tenemos proyectos que esperan desde hace más de un año, a nivel nacional y en Navarra también”. Así que propone que los correspondientes servicios sean dotados de más personal. “Es una carrera de obstáculos, hasta que cierras con un fondo de inversión, la tramitación… Hay veces que dices ‘me rindo, esto no puede ser’”.

“Tramitar un proyecto es una carrera de obstáculos, hay veces en que dices ‘me rindo, esto no puede ser'”.

Hoy son más de cien las personas en la plantilla de Ríos Renovables. Y su filosofía es preservar el medio ambiente “evitando emisiones de gases a través de la promoción de fuentes de energía limpias, la fotovoltaica o la biomasa, donde somos líderes en instalaciones pequeñas”, o reduciendo la contaminación lumínica al dotar de tecnología LED a los alumbrados públicos de los que se ocupan de su mantenimiento, que es otra de las líneas de trabajo. Se mantienen fieles a la Ribera, aunque eso plantee ciertas dificultades a la hora de encontrar mano de obra cualificada. “Al final, hemos visto que teníamos que encargarnos de la formación de la plantilla, así que tenemos convenios con las universidades y la ETI para que sus alumnos hagan prácticas aquí. Y el que se ve que puede funcionar se queda en la empresa y lo preparamos”. La experiencia les dice que quienes llegan de fuera “tarde o temprano se van a ir y eso no nos interesa”, de ahí que prefiera una plantilla estable con gente de la zona”. “¿Por qué estamos aquí? Pues por comodidad, vivo a dos kilómetros, disponemos de mucho terreno con menor coste que en otros lugares…”.

¿LOS IMPUESTOS?

“Yo estoy muy enganchado a esta tierra”, dice al tiempo que nos hace ver el Moncayo a través de las ventanas. “Y, por el otro lado, tenemos las Bardenas, que es por donde vamos con las bicis, bueno, o por la parte de Ablitas”. Inopinadamente da un giro en su discurso y lanza una pregunta: “¿Los impuestos? Oye, si queremos que haya carreteras y escuelas, o que nos atiendan en un hospital, habrá que pagarlos. Eso de intentar evitarlos no lo comparto. Que no sean abusivos, claro, hay que buscar un equilibrio que sea bueno para todos”. No obstante, considera “injusto” el impuesto de patrimonio “porque una vez que has pagado todos los demás tienes que pagar otra vez. No puede ser que en Madrid estén exentos y aquí se mantenga”.

“El impuesto de patrimonio es injusto, no puede ser que en Madrid estén exentos y aquí se mantenga”.

Volvemos al deporte porque la empresa tiene una peculiaridad: cuenta con una zona deportiva abierta al público que incluye un club de pádel, pistas de fútbol sala, un gimnasio… Ríos detalla que se le ocurrió construirla porque, cuando hace ejercicio, “desconecto por completo del trabajo, me despeja la cabeza, y pensé que si me valía a mí podía valer para todo el mundo”. Se le nota satisfecho: “La verdad es que están muy bien, hemos hecho las instalaciones con mucho cariño y están siempre a tope. ¡Viene gente hasta de Pamplona!”. La empresa celebra allí campeonatos con equipos formados por trabajadores y familiares. “Ayuda a cohesionarnos al establecerse otras relaciones además de las laborales. Creo que es importante poder evadirse un rato de las obligaciones del día a día. Hay una chica que se encarga de gestionarlas y es la jefa, a la que tenemos que hacer caso yo y todos”.

Antes de despedirnos, nos muestra la sala y las múltiples pantallas desde donde se controlan los parques. También caminamos entre los paneles colocados en el recinto de Ríos Renovables, entre los que han plantado unos olivos que son algo más que un adorno. Porque, con sus frutos, elaboran el aceite que consumen en casa. Un detalle final que ayuda a definir un poco más el retrato de Adalberto Ríos. Habitualmente, antes de poner fin a la entrevista se ofrece a los protagonistas la posibilidad de que planteen algún tema que se nos haya pasado por alto. En este caso, nos mira fijamente durante unos segundos y con cara muy seria hace una última reflexión: “Son malos momentos para muchas empresas… A ver si se puede aguantar este tirón porque parece que vemos algo de luz allá al fondo… ¡Mucho ánimo para todos!”.

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