
Javier Aguirre.
Hay una escena que se repite con una regularidad que ya no sorprende. Una empresa llega a una reunión con la mirada un poco perdida y la misma pregunta en los labios: «¿Qué tenemos que rellenar?». A veces es porque un cliente grande les ha enviado un cuestionario. Otras porque han leído algo sobre la normativa (CSRD, VSME …). Y casi siempre, porque alguien que les ha dicho «esto ya es obligatorio».
La pregunta es legítima, pero el problema surge cuando esa es la primera, la segunda y la única cuestión sobre la mesa. Construir una organización sostenible empezando por el reporting es el equivalente corporativo a empezar una casa por el tejado. Genera ruido, consume energía y ofrece una fachada aceptable. Pero, sin cimientos operativos, el «desplome» puede ser cuestión de tiempo.
EL ERROR SISTÉMICO
La proliferación de marcos normativos -CSRD, ESRS, VSME, GRI- ha consolidado un ecosistema de obligaciones necesario y valioso. La rendición de cuentas importa y la transparencia hacia los grupos de interés es innegociable. Pero en el tejido empresarial de tamaño medio, el reporting ha fagocitado a la estrategia. Se ha convertido en el objetivo final en lugar de ser la consecuencia lógica de una buena gestión. Y eso es exactamente lo contrario de lo que debería ser.
Una memoria de sostenibilidad no es un fin, sino la radiografía de una cultura, de unos procesos y de un liderazgo. Si la dirección no ha interiorizado el cambio real, si los procesos no existen, si los datos no responden a nada concreto que la organización haya decidido mejorar… el informe es papel mojado. Bien editado, con gráficos estéticos y buena puntuación en agencias de rating, pero vacío.
LA DOBLE MATERIALIDAD: DONDE EMPIEZA EL TRABAJO DE VERDAD
Uno de los conceptos más potentes -y más mal entendidos- que ha traído la regulación europea es el de la doble materialidad. El marco CSRD exige que las organizaciones analicen sus impactos desde dos ángulos complementarios para determinar qué es relevantes para ellas:
- A través de los estándares ESRS para grandes empresas y del VSME para pymes, se evalúa el impacto que tienen sobre el entorno (personas, territorio, medioambiente).
- Paralelamente, se analiza el impacto que el entorno tiene sobre ellas (riesgos y oportunidades con relevancia financiera).
Este ejercicio no es burocrático, es estratégico. Obliga a la organización a responderse preguntas que, con frecuencia, nunca se ha formulado con rigor:
- ¿Qué impacto real generamos?
- ¿Qué riesgos climáticos, sociales o de gobernanza afectan a nuestra viabilidad?
- ¿Qué esperan de nosotros clientes, personas empleadas, inversores y sociedad?
Cuando ese análisis se hace con honestidad, no aparece un cuestionario. Aparece una hoja de ruta, aparecen prioridades reales. Aparece liderazgo.
SER ANTES QUE PARECER. QUIZÁS ESTEMOS DE ACUERDO
Siempre insistimos en lo mismo: hay que trabajar intensamente el ser antes que en el parecer. O en todo caso en paralelo, pero siempre comenzando por los hechos. Las empresas que están abordando la sostenibilidad por este orden –primero el fondo, luego la forma– están descubriendo algo que va mucho más allá del cumplimiento normativo. De hecho, están transformando su modelo de negocio y obteniendo ventajas competitivas claras:
- Están construyendo organizaciones más equilibradas y resilientes frente a los riesgos que ya están aquí: escasez de recursos, exigencia social y volatilidad regulatoria.
- Son más competitivas en mercados donde sus clientes -especialmente los grandes, que a su vez tienen obligaciones de reporte en cadena de valor- valoran cada vez más la coherencia y la trazabilidad.
- Resultan más atractivas para el talento y para los inversores, que ya leen entre líneas si una memoria de sostenibilidad refleja algo real o es solo una operación de imagen.
Las memorias de sostenibilidad y el análisis de doble materialidad no son un fin. Son el medio para construir ese tipo de empresa: una empresa con propósito integrado en la gestión, con impacto medible y con capacidad de contarlo con credibilidad. Eso tiene valor diferencial a los ojos del mercado, de las personas y de la sociedad.
EL ORDEN DE LOS FACTORES SÍ ALTERA EL PRODUCTO
No estamos en contra de la CSRD, ni de los ESRS, ni del VSME. Al revés. Son herramientas críticas para llevar a cabo una transición hacia una economía que mire más allá del margen trimestral. ¡Bienvenidos sean! Lo que decimos es que el orden de ejecución determina el resultado.
Si priorizamos el formato sobre el fondo, si rellenamos antes de reflexionar, si cumplimos sin comprender, estamos dilapidando la mayor oportunidad que tiene este momento histórico para las empresas: la de repensar genuinamente para qué existen, qué valor aportan y cómo quieren existir en los próximos diez años.
¿Por dónde empezar? Desde luego no cumplimentando cuestionarios, sino parándose a pensar. Es decir, que cada organización entienda primero quién es y qué impacto genera. El reporting viene después y, cuando llega así, tiene algo que pocas memorias tienen: veracidad. El tejado puede esperar. Los cimientos, no.
Javier Aguirre
Socio fundador de Coval Consultores y miembro de la Junta de EnREDaRSE












