lunes, 25 septiembre 2017

Aprendiendo de los retos imposibles

A sus 40 años Javier Lacunza gestiona las empresas públicas integradas en NICDO (Navarra de Infraestructuras de Cultura, Deporte y Ocio), un puesto al que ha llegado, dice, gracias a que se ha enfrentado a retos “para los que no estaba preparado”

Miguel Bidegain
Pamplona - 1 julio, 2017

Javier Lacunza

Javier Lacunza

Ha trabajado en países como Bélgica, México e Italia, además de España, habla cinco idiomas,  y actualmente dirige el Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte y el Planetario de Pamplona, así como el consorcio público que los engloba,  NICDO (Navarra de Infraestructuras de Cultura, Deporte y Ocio). Y lo más notorio es que quien presenta semejante currículum, Javier Lacunza Arraiza, solo tiene 40 años y con su aspecto de deportista aún representa menos. Cuando le preguntamos cómo es posible que alguien tan joven como él haga llegado donde ha llegado nos sorprende al decir que cree que es porque ha asumido retos “para los que seguramente no estaba preparado en materia de competencia”.

“Esa impresión la he tenido en muchos momentos de mi carrera profesional”, añade al observar nuestro gesto de extrañeza, y comienza una explicación que iba a ser larga. “El hecho de salir de Pamplona, al menos en mi caso, aceleró los tiempos de muchas cosas”. Para empezar, tras acabar sus estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones en la UPNA se marchó a Bélgica para hacer el proyecto de fin de carrera, centrado en la microelectrónica, en una facultad “donde el nivel de la gente del segundo curso era muy superior al que nosotros teníamos en quinto. Me metí en el proyecto de diseño de un chip que excedía claramente de lo que yo sabía, y me tuve que actualizar a una velocidad… bestial. Creo que nunca llegué al nivel de los estudiantes que allí se formaban pero crecí competencialmente un montón gracias a ese proyecto”.

 

“Yo para trabajar me tengo que divertir, si me aburro me voy, es así de simple”

Esa experiencia hizo que perdiera el miedo a enfrentarse a retos difíciles. Fue contratado, también en Bruselas, por una empresa tecnológica, Cisco Systems, “y como era el momento del crash de las dot.com no te permitían moverte, llevaba tres años haciendo lo mismo y yo para trabajar me tengo que divertir, si me aburro me voy, es así de simple”. Justo entonces a su padre le ofrecieron un empleo en una planta de producción industrial en México, “y en una conversación telefónica, de la manera más tonta, le dije: joé papá, ¡si me dieran a mí una oportunidad así me iba de cabeza!”. La empresa había sido comprada por un grupo italiano que estaba expandiéndose por todo el mundo “y les faltaba gente de confianza porque aún no tenía estructura de multinacional”. Su padre hizo las consultas y gestiones pertinentes con el resultado de que Javier Lacunza, con 26 años, se embarcó de nuevo en un desafío “para el que no estaba preparado pero vamos, ni de lejos; dirigir una planta de producción con todas sus dinámicas de personal, legales… Estaba muy por encima de lo que competencialmente y por experiencia podía abarcar”.

Allí duró un año y medio “y las pasé muy canutas, pero muy canutas”, aunque también de esa experiencia “excesiva” sacó provecho, porque le sirve para relativizar las dificultades. “Hoy, cuando tengo un problema en el trabajo, me acuerdo un ratito de la planta de México y enseguida me tranquilizo”. Volvió a Cisco, pero en Roma, “aunque más o menos lo conocía, trabajar en italiano ya fue un reto, y además no estaba actualizado en las telecomunicaciones, un sector que avanza muy deprisa, si no te reciclas cada seis meses no tienes nada que hacer porque continuamente salen nuevos productos, nuevas soluciones… y yo llevaba año y medio de retraso”. Total que tuvo que reciclarse a toda velocidad mientras trabajaba “y tampoco estaba preparado para eso”.

“En general, me cuesta poco decir que sí”

Tras esos años tan intensos laboralmente recala en Madrid y entre 2007 y 2012 ejerce un trabajo “que no era tan reto como los anteriores” por lo que aprovecha para estudiar el Máster en Administración de Empresas (MBA). En noviembre de 2011 recibió una llamada en la que le propusieron acudir una entrevista para seleccionar al gerente que sustituiría al director de Baluarte, que iba a jubilarse. “Yo nunca digo que no a las entrevistas, no tienes nada que perder salvo un par de mañanas, pero siempre puedes conocer a alguien o dejar ahí una semillita plantada”. El elegido, por su juventud, experiencia en el extranjero y conocimientos en administración de empresas, entre otros méritos, fue Javier Lacunza, que además aportaba “un vis cultural que siempre he tenido como hobby, que es la música, he grabado discos y he estudiado en el Conservatorio”.

El puesto incluía la gestión de Baluarte y del Planetario, y dispuso de tres meses y las Navidades para familiarizarse con su nuevo trabajo. “Dentro de lo que cabe, las barreras de entrada comparadas con esas otras que he tenido fueron menores. Al final gestionar una empresa consiste en realizar cosas que razonablemente se entienden, no estamos hablando de nanopartículas ni de física cuántica”.

A pesar de lo que dice, la naturaleza y planteamiento de ambas entidades eran muy diferentes, casi opuestas. “Al principio creo que no supe valorar en su justa medida lo buena que era esta escuela, me ha estructurado la cabeza”. 2013 fue un año económicamente muy duro, que se vio algo aliviado por las aportaciones de la Obra Social La Caixa, y cuando las cosas parecían querer estabilizarse, en diciembre de 2013 la Corporación Pública Empresarial Navarra decidió fusionar las dos empresas culturales con Navarra Deporte y Ocio para formar NICDO, y le encomendaron su gestión. Con la nueva organización, NICDO pasó a gestionar directamente Baluarte, Roncalia (estación de esquí nórdico del Valle de Roncal) y el Planetario, así como los servicios de programación cultural (Programación Baluarte, Navarra Film Comission y Filmoteca de Navarra).También será responsable de la puesta en marcha y gestión del Pabellón Navarra Arena, cuya inauguración está prevista a finales de 2018.

Cualquiera saldría corriendo ante tan ingente previsión de trabajo, pero Lacunza, una vez más,  decidió probar fortuna. ¿No se asustó? Por un momento parece que va a decir que así es, pero esa no sería una respuesta propia de él: “En general me cuesta poco decir que sí, y he tenido la suerte de que las cosas me han llegado de forma escalonada, porque las sucesivas fusiones han venido espaciadas en el tiempo y así puedes ir absorbiendo acompasadamente las especificidades de cada centro”. Le recordamos que ha dicho que si un trabajo no le divierte lo deja, y aventuramos que de sus palabras se deduce que no es el caso: “Aquí el aburrimiento ha sido imposible” nos confirma, “es un trabajo supermotivador, pero quien lo sufre es mi familia”.

“Delego y confío infinitamente en mi gente, las buenas ideas surgen de las personas que trabajan en la organización”

Aún y todo, tiene que resultar muy difícil organizarse mentalmente para atender tantas empresas con unos ámbitos de actuación tan diferentes. Javier Lacunza explica que dedica a cada una de ellas las horas necesarias el día que tiene asignado, y que además delego y confío infinitamente en mi gente. Cuando delegas hay cosas que no se hacen al 100% como tú quisieras, pero igual conformándote con un 85% te permite equilibrar la organización, y eso vale mucho más que poner tu sello en determinadas cosas”. Define su estilo de gestión como una pirámide invertida, en la que el director “es una base para sustentar lo demás, está abajo del todo, y las buenas ideas y proyectos surgen de las personas que trabajan en la organización”.

Nos va contando pormenores de sus quehaceres en las diversas empresas, de todos ellos extrae enseñanzas y habla con especial entusiasmo de la Navarra Film Comission, que la he permitido descubrir el poder del mundo del cine: “Empecé con los temas de cine el 1 de julio de 2014, para mí esa fecha marca un antes y un después”. En el lado negativo sitúa la crisis de la Orquesta Sinfónica de Navarra, que se produjo en 2016. “Fue muy complejo resolver el problema, implicó cambios organizativos, hubo que pedir renuncias a los trabajadores…” Este año está siendo más estable, y gracias al trabajo realizado en los anteriores y a la mejora de la economía estamos en cifras récord en multitud de aspectos”.

“Las críticas a las empresas públicas me llevan por la calle de la amargura, son terriblemente injustas”

De estos cinco años, ¿con qué se queda? “Con la naturaleza pública de lo que hacemos”, contesta sin dudar, y añade que llegó con una mentalidad de empresa privada en la que las cosas se hacen de una determinada manera con el fin de lograr una cuenta de explotación positiva, “pero cuando empecé a tomar conciencia de que además de empresa es pública, y que eso tiene una serie de connotaciones en general positivas, descubrí una vocación que no sabía que tenía, la del servicio público. En el sector privado te debes a tus accionistas, aunque mi concepto de empresa es mucho más amplio que hacer dinero, pero en el sector público trabajas para tu ciudad, para tu comunidad… Cuando logras algo no es para ti, es para la sociedad, y eso es una gran satisfacción”.

Aprovecha la ocasión para decir a “quienes ponen a las empresas públicas en el disparadero” que cuentan con un personal “hiperprofesional e hipercomprometido”, se pone serio al afirmar que “las críticas a las empresas públicas me llevan por la calle de la amargura, porque me parece terriblemente injusto. Para con mi gente, desde luego”.

Al despedimos le insistimos en que estar donde está con 40 años es algo de lo que muy pocos pueden alardear, y recupera la sonrisa para indicar que “no sé si he llegado muy lejos o muy cerca, al final creo que el haber perdido el miedo a muchas cosas ha servido para que renunciara a mi cómoda situación en una multinacional para trabajar por mi tierra y, a partir de ahí… lo que me echen”.

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