martes, 19 junio 2018

Los datos, el poder y la ética

El autor realiza una reflexión que va más allá de lo que dice la Ley a propósito de la reciente entrada en vigor de la nueva regulación europea de protección de datos (GDPR).

Redacción
Pamplona - 28 mayo, 2018

Javier Ongay.En la historia de la Humanidad y las civilizaciones que la han conformado se constata que ha habido tres actividades a cuyos “trabajadores” siempre se ha adjudicado un especial compromiso ético. Estas tienen que ver con la religión, la justicia y la medicina. Y tiene sentido.

Si lo pensamos bien, pocas cosas hay más importantes que la gestión de nuestro componente más transcendental –sea cual sea la idea de Dios que cada uno tenga–, la organización equitativa y respetuosa de nuestra convivencia social sobre la base de la ley y su aplicación, y, por último, el cuidado de nuestro cuerpo y su vigor, requisitos ambos que condicionan cualquier otra aspiración.

Así pues, los siervos de Dios, de la justicia y de la salud, en su sentido más amplio, (y que muchas sociedades y culturas curiosamente resumen en la única figura del chamán), llevan implícito en sus profesiones un evidente compromiso ético con la sociedad.

Por ello, además de esperar que sepan hacer bien su trabajo, les exigimos también que, dada la trascendencia de su labor, representen los valores superiores más necesarios para construir la forma de vivir y convivir que deseamos. En la medida en que la ética dirige nuestro comportamiento y orienta el discernimiento moral entre el bien y el mal, sabemos, por experiencia propia y ajena, que estamos más cerca del ideal individual y colectivo al que aspiramos.

“Hoy resulta necesario recordar la responsabilidad de quienes trabajan con nuestros datos, más allá de las leyes que les obliguen en cada momento”

Lo cierto es que nuestra evolución no ha afectado tanto ni a nuestras prioridades esenciales ni a nuestros criterios morales de comportamiento. Sin embargo, es verdad que las “herramientas” que nos acompañan en nuestra vida sí han evolucionado, y mucho.

La información, por ejemplo. El “gran hermano” Google nos facilita el acceso a cualquier tipo de respuesta que precisemos, pero también archiva y usa la ingente cantidad de datos que le damos sobre nosotros, por lo general de manera inconsciente, aunque legalmente consentida. De ahí que los Data –calificados ya de “Big” por cantidad y calidad–, su adquisición, difusión, control y uso, así como las profesiones dedicadas a ello, están ya al nivel de las tres mencionadas y las entendemos, por tanto, como obligadas por un especial compromiso ético con la sociedad en el ejercicio de sus funciones.

Metadatos BIG DATA

Los datos son poder. Hoy más que nunca, en el ámbito individual y sobre todo en las organizaciones, la información da ventajas que pueden usarse para el bien o el mal. El acoso, difamación y chantaje con el uso de datos privados a través de redes sociales, al igual que el manejo interesado y no consentido de nuestros perfiles y comportamiento para fines espurios (Facebook vs. Cambridge Analityca) son ejemplo de ambas realidades.

LA LEY NO BASTA

Será por anterior que la “protección de datos” ya hace tiempo que ha sido objeto de regulación legislativa. Ahora vivimos la entrada en vigor, el 25 de Mayo, de un nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) que deberá orientar la aprobación de una renovada LODP, ya en trámite parlamentario. Se endurecen el control y las sanciones y se establecen nuevos mecanismos para que el ciudadano tenga en sus manos la decisión del qué, cómo y cuándo presta a un tercero sus datos de identificación y comportamiento.

“Además de hacer bien su trabajo, les exigimos que, dada la trascendencia de su labor, nos ayuden construir la forma de vivir y convivir que deseamos”

Hay quien afirma, no obstante, que, ante la rapidez con la que evoluciona la economía digital y la tecnología que la sustenta, este nuevo reglamento, y cuantas leyes deriven de él, nace ya con cierta obsolescencia.

Los nuevos modelos de negocio y el desarrollo de algoritmos capaces de “manejar” los datos de manera cada vez más sofisticada y con fines más específicos, nos colocan ante la evidencia –frecuente, por otra parte– de que otra vez la ley va por detrás de la realidad.

Por eso es tan necesario recordar la responsabilidad de quienes trabajan con nuestros datos, más allá de las leyes que les obliguen en cada momento, No basta con cumplir la norma, conviene recordar también los valores morales que han de guiarnos.

La ética ha de ser el terreno de juego para los expertos y profesionales de los Data. La ley, sea cual sea, no nos hace mejores; sencillamente sirve para identificar y castigar a quien distorsiona las mínimas condiciones de convivencia social. Demasiado poco para quienes ostentan el poder de conocer y manejar nuestra intimidad. Las convicciones morales y los criterios éticos han de marcar la diferencia.

… Claro que, en el peor de los casos, siempre podremos volver a una vida off. O no.

Javier Ongay
Consultor de Comunicación y MarketingFormador.

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