martes, 7 julio 2026

Ana Elcarte conduce el legado familiar desde Ablitas hasta Francia y Portugal

Hace un siglo, su bisabuelo compró un autobús para transportar a los vecinos de Ablitas, Cascante y Tudela. Así nació Autobuses Elcarte. Desde pequeña, Ana vivió de cerca el día a día del negocio familiar: solía acompañar a su padre en algunos trayectos, sentada en el asiento del copiloto. Recientemente, como representante de la cuarta generación de la compañía, fue reconocida con el galardón al Relevo Generacional en la XXIII edición de los premios otorgados por la Asociación Empresa Ribera (AER).


Ablitas - 17 octubre, 2025 - 11:30

Ana Elcarte ejerce como directora general de la empresa, fundada por su bisabuelo hace un siglo. (Fotos: Jasmina Ahmetspahic)

Aunque en su DNI se identifica como Ana Isabel Elcarte, prefiere la versión breve. «Soy Ana, de toda la vida. Y soy de Ablitas, también de toda la vida», se presenta risueña y alzando la voz por encima del habitual runrún mecánico que generan los autobuses. Pasea por las instalaciones como quien ya conoce de memoria la ruta: lleva años marcando el rumbo, al volante de la empresa que fundó Lucio Labarga, su bisabuelo.

Cuando su padre, Alberto, cogió las riendas de Autobuses Elcarte, la vida de nuestra protagonista comenzó a tomar giros en distintos puntos del mapa. De entre todas las anécdotas que atesora en la memoria, hay una que brilla por encima del resto. Solía acompañarle en los infinitos trayectos en autobús, y fue precisamente ahí, entre kilómetros compartidos, cuando comenzó a picarle el «gusanillo» de la conducción: «Una vez le acompañé al parque de atracciones de Zaragoza. Me lo pasé fenomenal. Al llegar, él hizo sus gestiones y yo paseé por ahí, completamente fascinada por las montañas rusas y los cachivaches», apostilla. 

Perseguía a su progenitor a todas partes, como un «perrico faldero». Al aeropuerto, a la estación de tren, a los municipios contiguos… Pronto se aprendió de memoria la mayoría de las rutas. Quizá por eso, en el colegio, su asignatura favorita era geografía. Cuando estudiaba capitales y ríos, le emocionaba pensar que, sentada en el asiento del copiloto, recorría ese mismo mapa en la vida real, con el paisaje pasando a toda velocidad por la ventanilla y el zumbido constante del motor marcando el pulso del viaje: «Era una cría, pero sabía de sobra que, en cuanto pudiera, me sacaría el carné de conducir».

UN SECTOR MASCULINIZADO

Y así fue. Realizó un curso de transportista y. con apenas 23 años. ya conducía autobuses. De primeras, no fue un camino sencillo. De hecho, se topó con varios baches en un sector, hasta entonces, copado por hombres. «La gente me miraba mucho y no se fiaba de mí, sobre todo las personas mayores. Me veían jovencica y enseguida preguntaban: ‘¿Tu padre sabe que estás aquí?’. Siempre he intentado transmitir que todos somos capaces de conducir… ¡Incluso con tacones y falda!», expresa hoy entre carcajadas.

De niña, acompañaba a su padre en las rutas y, con apenas 23 años, ya conducía autobuses.

De niña, acompañaba a su padre en las rutas y, con apenas 23 años, ya conducía autobuses.

Ana representa la cuarta generación de la empresa familiar, y es un «símbolo de arraigo, cercanía y resiliencia». Fruto de esta esencia, se alzó con el galardón al Relevo Generacional en la XXIII edición de los premios otorgados por la Asociación Empresa Ribera (AER): «Esto es un ejemplo de que, en la vida, somos capaces de conseguir todo lo que nos propongamos».

Se emociona al imaginar lo orgulloso que estaría su bisabuelo, quien hace un siglo arrancó el proyecto con un solo vehículo y una misión clara: conectar a las personas y acortar distancias. Por aquel entonces, los vecinos de Ablitas y Cascante se desplazaban hacia Tudela en burro o a pie para acudir a sus respectivos trabajos. Lucio compró un autobús y recogía a los pasajeros. «Hay que tener en cuenta que la carretera no era como la conocemos ahora, era un camino descuidado. El bus enseguida se llenó de viajeros», relata para acto seguido remarcar que, además de acercar a los vecinos a su destino, transportaba plátanos, medicamentos y películas para poner en los cines de la zona.

MODERNIZAR LA FLOTA

Aquellas primeras carrocerías eran de madera. Cuando el vehículo tomaba una curva o sorteaba un bache, crujía como las vigas de un viejo caserón. Seguramente, el trayecto fuese una experiencia en sí misma. No había calefacción ni aire acondicionado, a diferencia de la flota que hoy maneja Ana, que posee puertos USB individuales, asientos de piel, tres monitores para ver la tele, baño, reposapiés, lunas con protección solar… «Intento que los buses no tengan más de cinco años. De un año a otro, la tecnología cambia mucho y es importante estar actualizados. Estoy convencida de que el autobús es el medio de transporte más seguro», puntualiza segundos antes de hacer hincapié en que actualmente la compañía está conformada por once profesionales y ocho vehículos.

Transporte escolar, bodas, eventos, Javieradas… En Autobuses Elcarte no existe el «no» a una propuesta. Los vehículos salen desde la Ribera y pueden dirigirse a cualquier destino. Benidorm o Peñíscola, por ejemplo, son destinos habituales para personas jubiladas. Además, la empresa familiar cruza fronteras de vez en cuando para aterrizar en países como Portugal o Francia.

A sus 50 años «recién cumplidos» y satisfecha por la andadura de la firma, espera con cierta ilusión que el relevo generacional continúe llevándose a cabo. Madre de dos hijos, de 14 y 17 años, intenta transmitirles a diario la pasión por su oficio. «Me encantaría que algún día ocupasen mi lugar. Pero me ven trabajando hasta las tantas… ¡Así que no sé yo!», bromea.

Además de conducir, su mayor afición es el cine. Tanto es así que acude «religiosamente» todas las semanas. ¿Su película favorita? Entre Mary Poppins y Eduardo Manostijeras le resulta complicado elegir. «Tim Burton me encanta, puedo ver mil veces cualquiera de sus obras», desvela. Sonrío. Parece que tenemos algo en común. «Supongo que es otra manera de viajar, ¿no?», suspiro al percibir el brillo en su mirada. Y no puedo evitar pensar en lo bien que encaja esa frase con su oficio. 

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