Basta con posar la vista sobre la estantería que preside su despacho para comprender que nuestro protagonista atesora obsequios de gran valor sentimental. En el estante superior descansan varios libros antiguos, cuyo lomo se encuentra ligeramente desgastado y cubierto de un sutil tono ocre. Eran de su padre, también farmacéutico, y para él representan toda una herencia. Cuidadosamente alineados, tres albarelos de cerámica custodian su propia historia. Proceden de la antigua botica familiar y están adornados con motivos florales. Junto a ellos, un folio decorado con letra redonda e infantil nos hace sonreír. «Es un poema que me escribieron mis sobrinos», desvela Carlos González con ternura.
De niño, la farmacia de su progenitor, afincada en el barrio barcelonés de El Raval, se convertía en su escenario favorito. Se colocaba tras el mostrador, con una sonrisa de oreja a oreja, y jugaba a preparar recetas imaginarias. «Siempre supe que me dedicaría a eso. Veía a mi padre elaborando formulaciones muy chulas y ayudando a la gente. Quería innovar, como lo hacía él. Y también quería fundar mi propia empresa», rememora.
Así, a la hora de escoger carrera universitaria, no lo sopesó demasiado. Se marchó a Pamplona, donde residía parte de su familia, y estudió Farmacia en la Universidad de Navarra. «Cuando hacía un descanso para tomar café, cogía un papel y me ponía a dibujar el logo que imaginaba para la empresa que deseaba crear en el futuro. Me gustaba darle vueltas al coco», expresa entre risas.
GELES BIOADHESIVOS TRANSPARENTES
Al finalizar su formación, decidió complementar sus estudios con un Máster en Investigación, Desarrollo e Investigación de Medicamentos para analizar «la parte más técnica» de su idea de negocio: «Ahí comencé a hablar con la universidad y a plantearles mi proyecto. Y así nació Ojer Pharma, cuyo nombre hace honor al apellido de mi madre».
«¿Y si en lugar de una crema tradicional desarrollamos una fórmula en forma de gel transparente?», comenzó a preguntarse. Pensó que, de esta manera, las personas darían un mayor uso a los productos dermatológicos: «Ideamos un método para que fuese más fácil de aplicar y que no resultara demasiado perceptible al ojo humano».
Acto seguido, agarra un fármaco de la estantería. ¿Su nombre? Lavirk. Destinado al tratamiento del herpes labial, su desarrollo llevó doce años. «Usamos una innovadora tecnología de vehiculización en forma de geles bioadhesivos transparentes que, tras su aplicación, generan un film sobre la piel. Así conseguimos combatir la infección y hacer un menor uso de antibióticos. Optimizamos el proceso de cura en un 30 % aproximadamente», detalla.

Ojer Pharma prevé duplicar su facturación con respecto a 2024 y alcanzar los 3 millones de euros.
Actualmente, Ojer Pharma se encuentra inmersa en un proyecto para proteger tatuajes. Con cierta curiosidad, Carlos nos pregunta si tenemos algo de tinta decorando nuestra piel. Nos remangamos el jersey y sacamos a relucir unos pequeños dibujos que enseguida observa con una mezcla de interés profesional y genuina fascinación. Entonces, nos pregunta por el proceso de curación. Después de tatuarse, es habitual aplicar pomadas protectoras como Bepanthol y colocar un papel film para cubrir la zona. «Estamos estudiando un producto para que eso no sea necesario. Bastaría con suministrar el gel en la piel y, poco a poco, este iría formando un apósito protector», desgrana.
DOS DÉCADAS DE ANDADURA
Este año, tal y como adelantó Navarra Capital, la empresa prevé duplicar su facturación con respecto a 2024 y alcanzar los 3 millones de euros. Además, ha consolidado su presencia internacional mediante acuerdos de distribución formalizados en los cinco continentes.
«China, Canadá, México, Perú, Portugal, Italia, Australia, Alemania… Trabajamos poniendo el foco en el mercado global. El crecimiento de Ojer Pharma se sostiene gracias al equipo que tenemos. Hacer las cosas con cariño, dedicación y pasión es la clave para que las cosas vayan bien», subraya tras recordar que la plantilla de la empresa está conformada por diecisiete profesionales. «Nuestra filosofía es demostrar que, igual que el mal trabajo no tiene futuro, el buen trabajo no posee fronteras», suspira mientras observa satisfecho un pequeño marco que descansa discretamente en una esquina de la estantería. Dentro, reluce una cita de Albert Einstein… «Si A equivale al éxito, entonces la fórmula es: A = X + Y + Z, donde X es trabajo, Y es juego y Z es mantener la boca cerrada».
El marco no está ahí por simple decoración. Es un recordatorio. Un ancla. Una brújula ética que apunta siempre hacia el mismo norte: «hacer las cosas bien, aunque nadie esté mirando».
Gran aficionado al cine, Carlos sostiene que las películas logran transportarle a mundos difíciles de conocer en el día a día. Más allá de entretenimiento y diversión, el arte audiovisual, a su manera de ver, supone un «enorme aprendizaje». «Me gustan todos los géneros, en ese sentido no tengo bandera», expresa. Lo cierto es que su principal bandera es su mujer, Marta, quien ha estado presente en cada paso, en cada decisión y en cada momento de duda y de conquista. Compañera de vida y de sueños, su presencia ha actuado como un hilo invisible que lo ha sostenido incluso cuando el guion se volvía incierto. Como en las mejores películas, su historia no necesita efectos especiales para ser inolvidable.













