martes, 16 julio 2024

Arantxa Meca, la gran maestra del judo adaptado

Tras obtener los títulos de entrenadora regional y nacional, la judoca quiso dar un paso más. Así, fue precursora en impartir clases de esta disciplina a alumnos de educación especial y, a través a esa experiencia, descubrió su verdadera vocación: la docencia. Ahora, el judo adaptado ya ha celebrado su primer campeonato en la Comunidad foral. "Me atrevería a decir incluso que ha sido el primero a nivel nacional", afirma a Capital Sport.


Pamplona - 3 abril, 2023 - 06:00

Arantxa Meca San Martín entrena los jueves a dos grupos en las instalaciones municipales de la Rotxapea. (Fotos: Maite H. Mateo)

El polideportivo y trinquete de Mendillorri acogió un evento muy especial para Arantxa Meca San Martín y sus alumnos el pasado cinco de marzo. El suelo del pabellón se convirtió en un tatami, las gradas se llenaron de espectadores y los marcadores se iluminaron para anunciar cada uno de los combates protagonistas del primer campeonato de judo adaptado celebrado en Navarra. «Fue una apuesta de la Federación Navarra de Judo y D.A, y me atrevería a decir que fue la primera competición de judo adaptado a nivel nacional. Nos consta que hay otras federaciones como la catalana, vasca o riojana, que estarían encantadas de participar. De momento hemos dado el primer paso, pero vamos poco a poco», resalta Arantxa a Capital Sport.

Los jueves por la tarde son frenéticos para esta exjudoca profesional. Primero imparte clases extraescolares de este deporte en Isterria para, después, salir corriendo hacia las instalaciones municipales de la Rotxapea. Allí le esperan con entusiasmo otros dos grupos de jóvenes para entrenar: «Cuando les pregunté si les apetecía competir, les hizo muchísima ilusión. Ya había vivido la experiencia con mis alumnos de Isterria, que fuimos a Italia.  Y fue una experiencia muy enriquecedora. Después, había gente que quería competir y gente que no, pero es importante que lo decidan ellos».

«Hubo de todo: celebraciones, disgustos, triunfos, derrotas… El judo es como la vida. A veces las cosas salen bien y otras no»

Esta entrenadora nacional, que lleva quince años trabajando con la Federación Navarra de Deportes Adaptados, tuvo la oportunidad de viajar a Holanda en 2012, invitada por un judoca pionero en enfocar la disciplina para educación especial. Eso le permitió formarse y obtener recursos a la hora de organizar este tipo de competiciones. «Antes del campeonato, hicimos una toma de contacto para ponerles en contexto. Eso lo aprendí en Holanda. Cuando llegó el día, fue espectacular. Hubo de todo: celebraciones, disgustos, triunfos, derrotas… El judo es como la vida. A veces las cosas salen bien y otras no».

Meca desprende energía y habla con orgullo de cada uno de sus alumnos. Su objetivo es trabajar de forma personalizada con cada uno de ellos. «El fin último es la competición. Este deporte ayuda a la estabilidad; genera mejoras conductuales, agarres, contacto; fomenta el respeto… Hay muchos niños que vienen con mucho miedo y rechazo a que les toquen. El contacto les hace ir adaptándose. Es un deporte progresivo», especifica.

De hecho, ya tiene una remesa de judocas que son cinturones negros: «Son los mayores y, aunque entrenan en la última sesión de la tarde, intentan adelantar la hora de entrada para ayudar a los demás compañeros. Es tremendamente bonito ver cómo se apoyan».

EL JUDO COMO MEDIO DE VIDA

Corría el año 1980 cuando se fundó la primera escuela de judo en Pamplona. Por aquel entonces solo lo practicaban hombres, entre ellos el hermano de Arantxa. «Iba a buscarlo cuando terminaba sus clases. Y recuerdo que siempre le preguntaba a Jesús Unanua cuándo podríamos entrar las chicas en el dojo», relata.

Un año después, llegó la primera oportunidad para ellas. Y, por supuesto, Arantxa fue una de las mujeres que se vistió con el judogi. Tenía ocho años cuando pisó por primera vez el tatami: «Creo que mis padres veían el judo como un deporte interesante. Empecé en Villava y pasé por distintos entrenadores hasta que llegué a Luis Miguel Erice«.

La judoca navarra tenía apenas ocho años cuando pisó el tatami por primera vez.

La judoca navarra tenía apenas ocho años cuando pisó el tatami por primera vez.

La navarra comenzó a competir con quince años. A pesar de su juventud, ya llevaba anudado el cinturón negro y fue campeona regional. «Me encantaba, pero no había tantas competiciones como ahora, solo un torneo regional y otro nacional, al que fuimos varias veces». De hecho, para completar esa falta de competiciones también practicaban el sambo, de origen ruso: «Esto nos permitió ir a eventos internacionales y seguir enriqueciéndonos dentro del deporte».

Arantxa, que cumplirá 52 años el próximo 12 de abril, siguió formándose con el judo como eje vital. Y, tras obtener distintos títulos de monitora, entrenadora regional y nacional, quiso dar un paso más allá. «Me planteé impartir judo y pensé en Isterria. Ahora pienso que fue debido a una circunstancia familiar, que me hizo cuestionarme por qué este deporte tenía que limitarse a un perfil concreto. Además, tenía una amiga trabajando allí y creí que podía ser muy interesante», valora.

«Los mayores intentan adelantar la hora de entrada para ayudar a los demás compañeros. Es tremendamente bonito»

Su propuesta encajó a la perfección. Así se convirtió en la primera judoca en impartir clases exclusivas para el alumnado de educación especial de este centro. «También hago entrenamientos inclusivos, pero allí la actividad está enfocada en ellos. Después me llamó la Federación Navarra de Deportes Adaptados para implantar la actividad y, desde entonces, dirijo a grupos de personas con discapacidad intelectual y autismo. Hay mejoras en equipo, físicas y psicológicas. Les abre un nuevo mundo», señala.

A raíz de comenzar este proyecto, decidió estudiar la carrera de Magisterio con mención en Pedagogía Terapéutica: «Tenía 40 años cuando descubrí que mi vocación es la docencia gracias al judo. Ahora, acabo de completar un Máster en Neuropsicología y Educación«.

Ahora, exprime cada minuto del día como tutora de Educación Básica Obligatoria en el centro de educación especial ubicado en Ibero. «Da igual que tengas un momento malo o bueno. Cada jornada es diferente y estar allí te hace olvidarte de ti para dar a los demás. A mí me llena mucho», constata.

«Da igual que tengas un momento malo o bueno. Cada jornada en Isterria es diferente y te hace olvidarte de ti para dar a los demás. Me llena mucho»

La judoca del Club Erice también imparte clases de Actividad Física Inclusiva y Adaptada en el cuarto curso de Magisterio en Educación Primaria de la Universidad de Navarra y, en los próximos días, comenzará un nuevo proyecto con el Instituto Navarro del Deporte. En este caso, vinculado a la defensa personal.

«Van a ofrecer talleres con el objetivo de facilitar la práctica deportiva a las mujeres. Los ofertarán diferentes ayuntamientos hasta diciembre. De momento estaré en Barañáin, Sangüesa, Navascués….», adelanta.

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