miércoles, 19 enero 2022

Cástor Fantoba abrirá una escuela de vuelo acrobático en Portugal

El piloto navarro, de 55 años y afincado en Madrid, vive por y para los aviones. Con más de cincuenta medallas en su palmarés, entre las que figuran el título de campeón nacional absoluto y el subcampeonato mundial, posee también una faceta empresarial menos conocida y que le ha llevado a impulsar la puesta en marcha de su segunda escuela de vuelo acrobático, tras la abierta en Navacerrada (Madrid). En una entrevista concedida a Capital Sport, habla de este nuevo desafío, que se suma a otro de sus grandes objetivos: ser campeón del mundo.

Iratxe Zubieta
Pamplona - 13 diciembre, 2021

Cástor Fantoba suma más de cincuenta medallas en su carrera. (Foto: cedida)

Lleva la cuenta de cada minuto que pasa en el aire. Más de 14.000 horas en aviones de transporte, en líneas aéreas, realizando trabajos agrícolas y extinción de fuegos, así como en aviones ligeros trazando acrobacias imposibles.

Son muchas las emociones que el piloto navarro Cástor Fantoba experimenta a los mandos de una aeronave. Volar “como un ave”, el “control total” de la aeronave… Desde la primera vez que probó el vuelo acrobático, supo que era su verdadera vocación. De hecho, ya suma más de cincuenta medallas a lo largo de su trayectoria deportiva.

Pero el vigente campeón nacional absoluto clásico y freestyle y subcampeón absoluto del mundo en esta segunda disciplina se enfrenta ahora a un nuevo reto: poner en marcha su segunda escuela de formación para pilotos deportivos, ubicada en Portugal. Un nuevo proyecto que el piloto desvela en una entrevista concedida a Capital Sport. También comparte sus próximas metas deportivas y detalla todo lo que envuelve a esta disciplina deportiva tan particular.

LAS ESCUELAS

“El aire es un regalo que nos han dado, y todo aquel que tenga esa ilusión de volar puede hacerlo”. Precisamente y con la ilusión de expandir la disciplina, este enamorado de la aviación abrió su primera escuela de vuelo acrobático en Navacerrada (Madrid): UA Training. Allí se centra en fomentar la cantera de este deporte para que la modalidad perdure en el tiempo: “En alto nivel solo éramos cinco profesionales de vuelo acrobático. No había reemplazos”.

Actualmente, el centro cuenta ya con quince alumnos de alto nivel, otros cien habituales y quienes reciben formaciones de manera ocasional. Dentro de la enseñanza, el siguiente desafío para Cástor pasa por Portugal: “Antes de final de año ya estaremos por allí. Y espero que las primeras actividades arranquen en el segundo cuatrimestre de 2022”, precisa el piloto acrobático. Un proyecto en el que, revela, ha puesto mucho corazón.

“Vamos a abrir la escuela en Portugal antes de final de año. Espero que las primeras actividades arranquen en el segundo cuatrimestre de 2022”.

Con tan solo diez años, ya evidenciaba una profunda devoción por los aviones: “Siempre me había llamado la atención todo lo que tenía que ver con el aire, hasta construí un pequeño simulador con una maqueta, hilo de pescar y unos controles para hacerlo subir y moverse… Me encantaba el aeromodelismo”, rememora. Pero entonces no imaginaba que llegaría a pilotar una aeronave.

Terminó COU sin tener muy claro qué estudios elegir. Barajó la posibilidad de hacerse arquitecto, incluso superó la prueba de acceso, pero justo entonces descubrió la carrera por la que definitivamente se inclinó: “Cuando vi que existía la ingeniería aeronáutica, lo vi claro”.

Así que se mudó a Madrid para formarse como ingeniero técnico aeronáutico por la Universidad Politécnica. Tras trabajar varios años en mantenimiento de aeronaves, su vocación le llevó a prepararse como piloto: “Entonces me di cuenta de que la posibilidad de estar haciendo algo con aviones era mucho más atractiva para mí que estar sentado en un pupitre”, evoca.

Inició esta nueva aventura en la escuela Euro Plein, donde se convirtió en piloto comercial. También es comandante de línea aérea calificado en Boeing 737, 757 y 767, y piloto de extinción de incendios. Este último es uno de los trabajos más gratificantes que recuerda: “No solo necesita de toda tu habilidad, sino que también es muy necesario para cuidar la naturaleza. Esta actividad resulta muy difícil, ya que no perdona si te equivocas”, enfatiza.

LOS INICIOS

Son varias las experiencias que han dejado huella a Cástor, como aquel vuelo tras el cual decidió convertirse en piloto deportivo. Fue un amigo quien le retó a tomar los mandos de un avión de acrobacias por primera vez. “Él también era piloto comercial. Se había apuntado a un curso, pero se mareó durante las pruebas. Yo me solía burlar un poco de él, hasta que se cabreó y me dijo: ‘Si tan valiente te crees, vente a ver si puedes aguantarlo’. Me regaló una hora de vuelo y se convirtió en un gran descubrimiento”, relata.

“La acrobacia te da la posibilidad de dominar un avión, te llena mucho. Es una sensación de control total”.

Cástor comenzó a practicar este deporte como un mero hobby. Pero a base de constancia, esfuerzo y pasión, supo encontrar la fórmula del éxito: “Si trabajaba tres días como piloto de línea aérea, entrenaba el resto”.

En 1997 ganó su primer Campeonato de España en categoría Intermedio, pero fue en 2002 cuando despuntó y se coronó campeón de España absoluto por primera vez. Desde entonces, se ha labrado un nombre a nivel internacional, incluso fue embajador de la Marca España desde 2014 hasta 2018. “Al principio me ocupaba yo del marketing para buscar financiación. Ahora cuento con tres patrocinadores principales. Repsol, la consultora financiera Grupo Albión y la escudería Marc VDS, con la que guardo una estrecha relación desde que, gracias a su ayuda, pude solucionar una avería en el avión para seguir con una demostración en el Circuito de Navarra“, señala con cariño. Además, Delta cafés y Fortis también colaboran con él.

A pesar de contar con todos estos respaldos, el actual subcampeón del mundo mantiene su trabajo como piloto comercial: “Es muy difícil poder dedicarte al 100 % a la competición. Tienes que encontrar un equilibrio porque necesitas tiempo para entrenar, trabajar y cerrar patrocinios. Ahora, los espónsores me avalan el 50 % de lo que necesito aproximadamente, el resto lo pongo de mi bolsillo. Es decir, recibo un 33 % de lo que necesitaría para vivir en exclusiva del vuelo acrobático”, especifica.

Su presupuesto se define en función de las competiciones y los entrenamientos que vaya a realizar. “Una vez salen las fechas, concretamos gastos y, a partir de ahí, buscamos las ayudas. Durante el año, entrenamos doce días cada dos meses y siempre viajamos veintiún días antes al lugar de la competición. Según las condiciones, varía cómo sientes el avión”, concreta. También debe tener presente la inversión que precisa el aparato con el que va a volar.

El precio habitual de estas aeronaves, sin contar algunas pequeñas modificaciones finales necesarias, puede rondar los 400.000 euros. En su caso, y dado que tenía los conocimientos técnicos necesarios, logró ahorrarse una suma importante. “El mío, fabricado en 1992, es de alta gama y de una factoría rusa. Está hecho con la máxima tecnología y es todavía competitivo. Tuve que hacerle cambios, aligerarlo…”. Quienes apuestan por esta fórmula pueden invertir entre 180.000 y 190.000 euros.

Eso sí, Cástor siempre viaja acompañado por su entrenador, Nicolai Nikityuk; su mujer, “encargada de organizar toda la logística”; y él. “Si las competiciones son muy lejos, llevamos un ingeniero. En un mundo ideal, seríamos cuatro”, atestigua el navarro, que tiene “en el punto de mira” el título del mundo: “A ver si se dan las circunstancias y, antes de mi retiro, puedo conseguirlo”.

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