domingo, 15 diciembre 2019

Cyborgs, una utopía en Navarra

Implantarse una antena en el cráneo para distinguir los colores, sistemas para percibir los movimientos sísmicos o sentir cambios de presión atmosférica... Hoy, lo que comenzó como una vía para mejorar la calidad de vida de las personas en el campo de la medicina evoluciona a paso lento hacia un incremento de las capacidades humanas. En la Comunidad foral, estos avances aún suenan a ciencia ficción.

Cristina Catalán
Pamplona - 31 octubre, 2019

En Navarra, ninguna empresa está trabajando con cyborgs.

Neil Harbisson se hizo mundialmente famoso por haberse convertido en la primera persona con una antena implantada en el cráneo y ser reconocido legalmente como un cyborg por el Gobierno de Reino Unido. Su antena envía vibraciones audibles a través del cerebro para informarle de los colores del mundo que le rodea, puesto que él no tiene la capacidad para distinguirlos porque ve en escala de grises.

Moon Ribas, artista cyborg, tiene unos implantes en los pies conectados a sismógrafos online, gracias a los cuales percibe una vibración cada vez que se producen movimientos sísmicos relevantes en cualquier parte de la tierra. Y Manuel Muñoz, también artista cyborg, puede sentir los cambios de presión atmosférica con sus borrascas y anticiclones.

La idea de que los cyborgs pueblen la tierra en el futuro puede parecer irreal. Sin embargo, en cierto modo ya caminan a nuestro alrededor. Y algún día, puede que tener un implante tecnológico en el cuerpo llegue a ser una práctica común. 

Neil Harbisson, primer cyborg reconocido por un gobierno, el británico. FOTO: wikimedia.org.

Neil Harbisson. (Foto: wikimedia.org).

“Podríamos entender un cyborg como un ente vivo que integra elementos cibernéticos, de forma que estos forman parte de su organismo. Es decir, no hablamos de aparatos que ayudan, sino de que algunas de las funciones o actividades vitales se llevan a cabo mediante inteligencia artificial. En particular, para lograr capacidades que el tejido orgánico por sí mismo no puede proporcionar”, explica Humberto Bustince, físico y matemático, catedrático de Ciencia de la Computación e Inteligencia Artificial por la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y profesor honorario de la Universidad de Nottingham (Reino Unido). Bustince, además, aparece en la lista de científicos más influyentes y citados del mundo en 2018, elaborada por Clarivate Analytics. 

SITUACIÓN EN NAVARRA

Pero el concepto de cyborg aún suena muy lejano en Navarra. “No conozco ninguna empresa que esté trabajando en Navarra directamente con cyborgs. Sin embargo, sí hay varias que se dedican a la inteligencia artificial en nuestra comunidad. Citar nombres sería dejar fuera algunas, pero algunas están a la vanguardia en el uso de técnicas de inteligencia artificial. Y hay que citar que Nasertic, desde la administración, está haciendo una labor extraordinaria en promocionar estros aspectos”, indica.

En la misma línea, Javier Arrondo, experto en formación industria 4.0 de AIN, remarca que “en estos momentos, y en concreto en Navarra, se está más en una fase de investigación para resolver problemas de salud”.

Bustince: “Un cyborg es un ente vivo que integra elementos cibernéticos y cuyas funciones vitales se desarrollan mediante inteligencia artificial”.

Hay quienes también consideran cyborgs a aquellas personas a las que, por ejemplo, se les implanta un marcapasos, ya que no pueden sobrevivir sin ese mecanismo, o a aquellas con implantes cocleares, conectados al nervio auditivo, gracias a los que pueden oír. También a quienes se colocan inyectores de insulina automáticos en el cuerpo.

Sin embargo, en estos casos, (los dispositivos) no están desarrollados con inteligencia artificial”, puntualiza Joseba Villaplana, arquitecto de software en iAR, empresa especializada en el desarrollo de software industrial a medida a partir de tecnologías avanzadas como la realidad aumentada y la visión artificial. Para él, la implantación de la inteligencia artificial en las empresas e industrias forales ya está comenzando. Pero “insertar elementos en el ser humano o microchips, con el fin de hacerlo más inteligente o dotarlo de otras capacidades, es todavía una utopía en nuestra comunidad. Quien más está investigando el tema de la inteligencia artificial es la UPNA”, resalta.

El catedrático e investigador de la UPNA Humberto Bustince.

El catedrático de la UPNA Humberto Bustince.

En este sentido, el grupo de investigación liderado por Humberto Bustince en la UPNA está desarrollando mecanismos de fusión de datos e información. Todos estos dispositivos dependen, para su correcto funcionamiento, de la captación de datos, muchas veces a tiempo real y de los que debe extraerse la información necesaria para que el dispositivo funcione correctamente. “Nosotros somos expertos, entre otras cosas, en la optimización de este tipo de procesos por medio de técnicas matemáticas y de inteligencia artificial. De hecho, nuestra investigación es aplicable en cualquier campo de la inteligencia artificial. Pero no creo que la humanidad se convierta en cyborgs, la verdad”, analiza Bustince.

Además de permitir coger objetos y sentir el tacto, el brazo ‘Luke‘ se mueve con pensamientos del usuario. 

Mikel Meoki, de Embeblue, una empresa navarra que desarrolla prototipos electrónicos personalizados para conectar objetos a internet, afirma que “la gran tendencia” es dotar de inteligencia artificial (una especie de intuición humana) a las máquinas, en vez de añadir cualidades de estas a los humanos (los cyborgs). Lo más adelantado en este ámbito es todo lo relacionado con avances médicos como marcapasos, implantes cocleares o prótesis con fibra de carbono, utilizadas por algunos atletas como Oscar Pistorius. También ha habido bastantes noticias de gente que se ha hecho su propia prótesis de dedos, manos, antebrazos o piernas con una impresora 3D”. Incluso está el bautizado como brazo ‘Luke‘, denominado así por el brazo biónico de Luke Skywalker, que permite coger objetos, sentir el tacto y se mueve con los pensamientos del usuario. 

“Debemos distinguir dos situaciones. Por un lado, las personas que lo hacen con motivación médica (órganos artificiales, recuperación o mejora de sentidos perdidos…). Y por otro, existe la posibilidad de intentar obtener capacidades más allá de las que proporciona el propio tejido vivo, aunque sobre esto creo que existe más ciencia ficción que realidad. Sin duda, se trata de una tecnología muy útil para afrontar y resolver problemas médicos, especialmente los relacionados con fallos orgánicos o con discapacidades. Además, en un futuro podría facilitar la realización de actividades en entornos hostiles (bajo el agua, por ejemplo). A día de hoy, creo que la principal motivación es médica, pero no puede descartarse una evolución hacia otros campos en el futuro”, puntualiza Bustince. 

Sin embargo, existe un movimiento, el transhumanismo, que defiende el uso extremo de la tecnología en el cuerpo humano. Un tema que plantea cuestiones éticas sobre dónde puede estar el límite entre la persona y la máquina. Para muchos, la visión de este movimiento supone una amenaza a la dignidad humana. Es necesario un control legislativo riguroso para establecer qué puede hacerse y qué no”, matiza el investigador de la UPNA.

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