«Perdonen, ¿saben dónde queda la casa rural Aldabe?». La sonrisa de los vecinos es inmediata. Con amabilidad, señalan hacia el casco urbano. En San Martín de Unx, todos conocen a Raquel Cabodevilla, la anfitriona del alojamiento. Serena, contempla la fachada y se recuerda a sí misma que debe acicalar el edificio con más flores. «Los detalles. Los detalles son importantísimos. Esa es nuestra esencia», murmura.
Sus paredes atesoran dos siglos de historia. Antes de ser alojamiento, fue fonda, farmacia y tienda de alimentación. Capas de vida que aún parecen latir bajo la piedra. Ahora, ese pasado convive con un presente cuidado al milímetro. Nada se ha dejado al azar. Cada estancia ha sido pensada desde la escucha: qué necesita el espacio, cómo entra la luz, qué pieza encaja mejor en aquel rinconcito… En esa atención minuciosa aparece un rasgo común en toda la casa: el respeto por lo pequeño. Los muebles, muchos restaurados por la propia Raquel y sus padres, transmiten un mimo infinito.
No siempre se dedicó a la hotelería. De hecho, durante años regentó su propia frutería en el barrio pamplonés de Mendebaldea. Allí, entre cajas de fruta y conversaciones cotidianas, tejió una forma de permanecer en el mundo basada en la cercanía y el trato humano. Pero la vida, a veces, abre puertas inesperadas. Una de ellas llegó en forma de oportunidad: dar clases de baile en San Martín de Unx. «Querían que fuese profesora de salsa y merengue. No lo dudé y probé suerte. Jamás me arrepentiré de esa decisión, me cambió la vida», rememora a sus 57 años.
@valores_top 🍇 De frutera a referente del enoturismo rural 🍷 La historia de Raquel Cabodevilla es de esas que inspiran 💫 Tras años al frente de una frutería en #Pamplona, llegó a San Martín de Unx para dar clases de baile… y terminó encontrando allí su hogar ❤️ 🏡 Junto a #JavierAbete, abrió en 2003 la casa rural #CasaRuralAldabe 🌍 Hoy reciben viajeros de Bélgica, Holanda o Alemania 🍷 Y además lidera el enoturismo en Bodegas Maximo Abete Un edificio con casi 200 años de historia convertido en motor turístico y ejemplo de reinvención 👏 💡 Pasión, raíces y visión: así se construyen historias que dan vida al medio rural. Todos los datos vía Navarra Capital: link en BIOGRAFÍA. #Navarra #Emprendimiento ♬ fade into you – refilmx
EMPRENDIMIENTO RURAL
Lo que comenzó como un desplazamiento puntual se convirtió, poco a poco, en algo más profundo. El ritmo pausado del pueblo, la calidez de su gente y la belleza del entorno calaron hondo en ella. Un día lo entendió sin necesidad de explicaciones: se había enamorado de San Martín de Unx.

Los muebles que decoran la casa rural Aldabe han sido restaurados por la propia Raquel y sus padres.
«Aunque la ciudad tiene sus cosas buenas, siempre sentí que mi lugar estaba en un pueblo. Por eso no dudé en mudarme hace ya unos treinta años», relata satisfecha. Fue también en ese proceso de arraigo donde su historia personal dio otro giro importante. Conoció a Javier Abete, quien con el tiempo se convertiría en su «compañero de vida». Juntos comenzaron a imaginar un proyecto común y abrieron un bar: «Muchas personas nos preguntaban dónde podían quedarse a dormir. Y así, entre broma y broma, decidimos crear una casa rural».
El hogar donde Javier había crecido, en el número 20 de la calle de los Fueros, fue el lugar elegido para dar forma a ese nuevo sueño. La casa, cargada de memoria y significado, se convirtió en el punto de partida de un proyecto que requería tiempo, paciencia y «mucha, mucha, mucha dedicación». Durante seis años, ambos se entregaron a la tarea de adecuarla. En ese proceso, el apoyo de los padres de Raquel, Jesús Mari Cabodevilla y María Jesús Zabalza, fue clave: «Todos los muebles que adornan el edificio son de mi familia y los hemos restaurado juntos. Este cabecero de la cama, por ejemplo, estaba en la leñera, listo para echarlo al fuego porque estaba comido por la carcoma. Ahora, en esta habitación, queda ideal. Esa mesilla era de mi abuelo, esa máquina de coser de mi abuela…».
PASIÓN POR EL VINO
Y así, después de mucho trabajo, la casa rural Aldabe abrió sus puertas en 2003: «En sus inicios, este edificio se llamaba Cándido. Lo renombramos como Aldabe en honor a la casa donde nació mi padre, en Mendióroz».
En concreto, posee capacidad para un máximo de diez personas y todos sus dormitorios están bautizados con nombres que hacen referencia a distintas variedades de uva. Chardonnay, tempranillo, viura, merlot, garnacha… «Creemos que es importante que los huéspedes conozcan la cultura vitivinícola de San Martín de Unx. Además, se da la circunstancia de que llevo muchos años trabajando en la bodega Máximo Abete como responsable de enoturismo. Es un mundillo que me gusta especialmente», agrega para acto seguido recalcar que, nada más entrar en la vivienda, ha habilitado un «rincón del vino» para que el cliente deguste productos locales.

El edificio, que suma unos dos siglos de vida, anteriormente fue fonda, farmacia y tienda de alimentación.
Los principales huéspedes son familias y cuadrillas de amigos, aunque también abundan las parejas. «Viene mucha gente de Holanda, Bélgica y Alemania, entre otros lugares», detalla nuestra protagonista segundos antes de celebrar que, en Semana Santa, la casa Aldabe estuvo «a tope».
Orgullosa del camino recorrido hasta ahora, nuestra protagonista sube las escaleras para aterrizar en la joya de la corona: la terraza. Alarga la mirada y suspira. El perfil de las casas se mezcla con la silueta serena del paisaje. A lo lejos, las viñas dibujan líneas suaves sobre la tierra y el tiempo, por un instante, parece plegarse sobre sí mismo, como si quisiera quedarse a vivir en esa quietud. «Al huésped le recomiendo traer cuatro cosas. Curiosidad; respeto; maleta con espacio para llevarse productos tradicionales de aquí; y, por supuesto, una chaquetica. En tierras navarras nunca se sabe si el sol se va a tomar el día libre», concluye entre risas.













