La vida de la venezolana Jessica Patiño cambió por completo al mudarse a Pamplona, donde lleva viviendo dos décadas. Una tarde cualquiera salió a tomar algo por el Casco Viejo y, al cruzar el umbral del bar Otano, se enamoró del camarero. «Qué chico más guapo», pensó. Y dejó que Cupido hiciera su trabajo. «¡Me tiró muchas fichas!», ríe hoy su marido, el pamplonés Txema Sainz. Él servía vinos y sonrisas tras la barra, ella buscaba un respiro, una copa y, sin saberlo, una historia nueva. Aquel cruce casual fue el primer paso de una vida en común que, con los años, les ha brindado la oportunidad de mezclar infinitos acentos y costumbres.
La rutina del día a día, a veces, les pesaba demasiado. «Pasé de la hostelería a ejercer como conductor de ambulancias, y Jessica trabajaba en una empresa de embutidos cárnicos. Después de pensarlo mucho, ambos decidimos coger una excedencia de cinco años. Tomamos esa decisión hace un año y medio», relata Txema. ¿El objetivo? Viajar, viajar y viajar.
Después de conocer el país natal de Jessica, optaron por explorar toda Sudamérica. Pero deseaban disfrutarlo de una manera muy original: haciendo autostop. Aunque muchas personas asocian esta opción de viaje con el peligro y abundan historias aterradoras, lo cierto es que su experiencia fue completamente distinta: «Nos cruzamos con personas increíbles. La gente nos ayudó muchísimo, algunos incluso nos ofrecían su casa para dormir. Desde entonces, hemos aprendido un lema: ‘Manos que dan, manos que reciben'». Más tarde, adquirieron una furgoneta a la que bautizaron como «La Rojilla Soñadora», y con ella recorrieron toda Europa.
UN CONTINENTE POR AÑO
Hasta ahora, son 80 los países que han visitado. De media, suelen permanecer un mes en cada uno, tiempo suficiente para conocer de cerca la cultura de cada rincón. «La comida, la sonrisa de un niño en plena calle.. Cada detalle cuenta, hay momentos que vamos a tener grabados en la mente para siempre», suspira Txema segundos antes de recalcar que algunos lugares les han cautivado tanto que incluso los han visitado varias veces. «China, India… En Tailandia hemos estado en cinco ocasiones», añade Jessica.

Txema y Jessica documentan su viaje en Instagram, donde ya suman más de 15.000 seguidores.
Al otro lado de la línea telefónica, su voz denota un entusiasmo contagioso. Su forma de viajar no es solo una aventura, se trata de una filosofía de vida que sigue creciendo con cada paso que dan lejos de casa. En estos momentos se encuentran en Malasia, y mientras exploran el país, han dado con la fórmula para abaratar los costes: «Hacemos voluntariado. Por ejemplo, ahora estamos trabajando en un hostal. Nos encargamos de la limpieza y el check in a cambio de tener una cama donde dormir».
Su idea es visitar un continente cada año. Este 2025, terminarán de recorrer Asia y, de cara a 2026, planean aterrizar en Oceanía. Desde que empezaron esta aventura, han documentado cada paso del camino. Graban vídeos, hacen fotos y comparten anécdotas en su cuenta de Instagram donde, bajo el nombre Soñando por el mundo, ya suman más de 15.000 seguidores.
No buscan lujos, ni récords, ni likes, solamente experiencias reales, conversaciones espontáneas y sabores nuevos. A sus 46 y 41 años, Txema y Jessica sienten que han descubierto el secreto de la vida: no hace falta tener mucho para ser feliz. «A veces lo esencial cabe en una mochila. Viajar nos enseña a soltar, a dejar atrás cosas, miedos, rutinas… Y a vivir más ligeros», concluyen.













