A media hora en coche al oeste de Pamplona se encuentra Muniáin de Guesálaz, un pequeño pueblo navarro que en su día fue paso obligado para el transporte de mercancías hacia el valle que lleva su nombre. Sus montes están atravesados por antiguos caminos donde antaño transitaban muleros y comerciantes. Uno de ellos conecta tres ermitas del siglo XVII, enclavadas entre encinas, enebros, robles y campos de cultivo. La más conocida es la ermita de Santa Cruz, en el alto de Etxauri, restaurada en 1955 y con unas vistas inmejorables. Las otras dos, Santa Lucía y la Virgen de la O, completan este singular recorrido.
La llamada Ruta de las Tres Ermitas es un itinerario circular de unos ocho kilómetros que arranca desde el aparcamiento situado al norte del pueblo. Puede recorrerse en ambos sentidos, aunque se recomienda hacerlo en el contrario a las agujas del reloj porque resulta más cómodo afrontar en subida el empinado tramo bajo la peña de Etxauri, de firme resbaladizo.
El inicio discurre junto a la carretera durante unos 500 metros, hasta desviarse hacia una pista que conduce a unas naves agrícolas. Allí un cartel recuerda el colapso del camino de Santa Lucía en 2018, con sus posteriores hundimientos y desprendimientos, aún visibles desde el lugar. El sendero continúa recto, se interna en un pequeño bosque y asciende hasta el depósito de agua, donde enlaza con la antigua pista hundida. Siguiendo hacia la derecha, se alcanza la ermita de Santa Lucía, primera parada de la ruta.
Desde aquí, un sendero casi llano conduce hacia el sur, atravesando un precioso encinar paralelo a las grietas que horadan las calizas del terreno. El camino lleva hasta la ermita de la Virgen de la O, desde donde se abre una amplia panorámica sobre la Cuenca de Pamplona: el curso del río Arga, las paredes rocosas del escarpe de Etxauri y, al fondo, las montañas que rodean la capital.
De vuelta a Santa Lucía, la ruta prosigue hacia el norte por una pendiente fuerte y sostenida que asciende hacia Txistekua. Tras atravesar un estrecho paso entre rocas calizas, el sendero gira a la izquierda y se adentra en un hayedo de gran belleza. Allí, un poste indicador marca el inicio del ascenso final hacia la peña de Etxauri.
Superada la subida, se alcanza la ermita de Santa Cruz, erigida sobre la cima caliza. La recompensa son unas vistas espectaculares: al oeste, el diapiro de Salinas de Oro con su inconfundible forma circular; más lejos, Tierra Estella, Lóquiz y Codés; hacia el norte, la sierra de Andía; y al este, Pamplona y su cuenca, enmarcadas por los Pirineos.
El regreso se realiza de nuevo hasta el poste indicador del hayedo, donde se toma el GR 220 en dirección descendente hacia el norte. Tras alcanzar un collado con una puerta metálica, se abandona el GR para seguir hacia el oeste. El hayedo da paso al robledal y el sendero se convierte en pista. A la derecha queda el Rincón de Lumburu, escenario de otro gran colapso en los años sesenta, cuya cicatriz rojiza todavía marca el paisaje. Un kilómetro más adelante, el recorrido desemboca en el punto de partida.













