Como hormiguitas obedientes, decenas de estudiantes deambulan por los pasillos. Hunden la cabeza en sus apuntes y miran el reloj con cierto nerviosismo. Es época de exámenes y el tiempo ahora se vuelve un factor clave: todo se mide en cafés apresurados, tachones y suspiros. Nadie, a excepción de nosotras, parece reparar en las vitrinas que flanquean el interior de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra. Un sinfín de animales disecados observa con ojos de vidrio esta liturgia académica que se repite año tras año. Para los alumnos son parte del decorado, igual que las paredes blancas o las luces fluorescentes. Me dejo sorprender por esa convivencia tan natural entre la vida que corre y la que quedó detenida para siempre tras un cristal. Quizá por eso la escena me resulta tan poderosa, casi excesiva: jóvenes que estudian el funcionamiento del mundo mientras pasan, indiferentes, junto a zorros, corzos o jabalíes. En medio de ese contraste, busco una puerta, un nombre, un despacho. Estoy a punto de entrevistar a José María García-Mina, y tengo la sensación de que este lugar es el prólogo perfecto.
«En estas fechas hay mucho jaleo. Los universitarios no despegan la vista de sus anotaciones… Pero impacta la decoración del edificio, ¿verdad? Cuando uno deja de mirar, deja también de preguntarse», nos saluda al recaer en la inquietud que nos suscitan los animales disecados. Entonces comprendemos que quizá justo ahí reside el verdadero germen de la ciencia: en no aceptar la costumbre como refugio y mantener viva la capacidad de asombro.
Su abuelo y su padre, también de nombre José María, eran químicos. A veces, le llevaban de excursión a Timac Agro, donde trabajaban: «Me quedaba fascinado viendo los equipos y los laboratorios. Pipetas, vasos… Todo tenía cierto componente artístico porque muchos de esos instrumentos estaban hechos a mano». Así le entró el «gusanillo» de la ciencia, y desde entonces supo que aquel sería su camino.
@valores_top 🔬 Hoy conocemos a Jose Maria Garcia-Mina, investigador y referente internacional en el ámbito de la #química y los #fertilizantes. Hijo y nieto de químicos, ha dedicado su carrera a la investigación científica, primero como director de I+D en, Timac Agro y, desde 2015, se encuentra al frente de la Cátedra Timac Agro–Universidad de Navarra. 📊 Más de 250 artículos científicos, cerca de 50 patentes y reconocimiento internacional avalan una trayectoria desarrollada, en gran parte, desde Navarra. 🎥Echa un vistazo al vídeo y lee la entrevista completa, link en la BIO. #NavarraCapital #Ciencia #Investigación #Química #Innovación
SEGUIR LOS PASOS FAMILIARES
Estudió Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, donde conoció al profesor Francisco Grande Covián, investigador que fue propuesto para el Premio Nobel. «Durante la etapa universitaria se despertó en mí la luz de la investigación. Me parecía muy interesante la idea de aprender y aportar conocimientos», relata este pamplonés.
Al finalizar su formación fichó por Timac Agro, donde durante más de dos décadas ejerció como director de I+D. «Necesitaban investigadores en producción y granulación de fertilizantes, así que me encargué de analizar nuevos métodos que luego se implantaron en fábrica», narra satisfecho.
La empresa navarra, que pertenece al grupo francés Roullier y cuenta con más de 470 empleados en plantilla, buscaba desarrollar fertilizantes capaces de adaptarse a distintos tipos de tierra: «Sus productos se adaptaban a suelos franceses, que suelen ser más ácidos. Pero España, Italia y Grecia, que eran algunas de las zonas donde el grupo quería consolidarse, poseen suelos más básicos y calizos. Así que nos pusimos manos a la obra».
Emocionado, nuestro protagonista hace especial hincapié en que su primer maestro fue su padre. De hecho, fue él quien le ayudó a desarrollar los primeros experimentos. «Ahí entendí lo importante que es el equipo que tienes y las personas de las que te rodeas», apostilla con cierta nostalgia.
En 2015, el Grupo Roullier le propuso crear un grupo de investigación en algún centro académico, y José María pensó en la Universidad de Navarra. «Me recibieron con los brazos abiertos y enseguida me hicieron un hueco. Actualmente, la Cátedra Timac Agro-Universidad de Navarra está conformada por quince investigadores. Sin ellos, nada de lo que hacemos sería posible», sonríe para acto seguido agradecer también la implicación de Ricardo Llátser en esta iniciativa, director general de Timac Agro y protagonista de una Entrevista de Trabajo el pasado noviembre.
FERTILIZANTES DISRUPTIVOS
El fosfato es poco soluble, por lo que se queda retenido en la superficie del suelo. Cuando caen fuertes lluvias, lo arrastran y llega a los ríos y al mar. Esto provoca que aparezcan algas. «Las algas consumen muchísimo oxígeno, y se lo quitan a los peces y otros organismos marinos, que acaban muriendo. En este sentido, uno de nuestros objetivos es producir fertilizantes que acaben con este problema», desgrana segundos antes de recalcar que el factor sostenible es una de las mayores ventajas de sus productos.

Timac Agro produce unas 260 toneladas de fertilizantes al año, ámbito en el que José María desarrolla su labor investigadora.
En concreto, Timac Agro produce unas 260 toneladas de fertilizantes al año. En ocasiones, nuestro protagonista acude a tierras de diferentes agricultores para comprobar los avances de sus cultivos: «También contamos con 270 ingenieros agrónomos que imparten formaciones y hacen visitas. Es importante acompañar al agricultor y resolver sus dudas».
A sus 67 años, nuestro protagonista ha publicado más de 250 artículos en revistas científicas y desarrollado unas 47 patentes nacionales e internacionales. En 2024 y 2025 fue seleccionado por la Universidad de Stanford como uno de los científicos más prestigiosos del mundo y se encuentra entre el 0,2 % de los investigadores más citados. «Empecé a investigar con el Grupo Roullier cuando tenía tan solo 26 años, y ver todo lo que he conseguido para llegar hasta aquí me llena de ilusión. Estoy muy agradecido a todas las personas que me rodean y, por supuesto, también a Dios», proclama.
Gran amante de la música (clásica y rockera), desvela que Pink Floyd nunca falta en su playlist. Tal vez porque, como su propia trayectoria científica, sus canciones invitan a detenerse, pensar y mirar más allá de lo evidente. Lo cierto es que José María sigue cultivando una curiosidad intacta: sueña con escribir algún día una monografía sobre cineastas como Orson Welles o Charles Chaplin, creadores que, al igual que la ciencia, supieron unir rigor y emoción. Porque en el fondo, tanto en la investigación como en el arte se trata siempre de lo mismo: comprender el mundo y dejarse asombrar por él.













