Apenas tenía tres años cuando subió por primera vez a una cosechadora. Su padre lo sentó sobre sus rodillas y le dejó agarrar el volante que, a sus ojos, era igual de redondo y grande que un planeta desorbitado. El motor rugía como un animal manso, y el pequeño Fernando Garrido, con los pies colgando en el aire, sintió una mezcla de vértigo y euforia que todavía hoy, a sus 35 años, es capaz de invocar con el simple hecho de cerrar los ojos.
Las espigas se abrían ante la máquina como si la saludaran, inclinándose con ese gesto humilde que tiene la alfalfa cuando está lista para ser recolectada. Nuestro protagonista, fascinado, extendía la mano y fingía atraparlas mientras pasaban, como quien intenta agarrar luciérnagas al vuelo. Sentía el aire caliente en la cara, el olor a paja recién cortada y el abrazo de su padre envolviéndole. A su alrededor, todo era enorme: el cielo, la máquina, las ruedas… Pero dentro de aquella cabina estrecha se sentía protegido. Su infancia entera cabe en la sombra que los dos proyectaban sobre los campos.
Han pasado muchos años desde entonces, pero conserva los detalles intactos en su memoria. De hecho, incluso posee recuerdos tangibles. «Este es el primer tractor que tuvo mi familia. No es exactamente el que conducía mi abuelo, pero es el mismo modelo», desvela con cierta nostalgia al tiempo que acaricia el capó color verde apagado. Advierte bajo la yema de los dedos la textura rugosa de la pintura envejecida y las pequeñas cicatrices del metal. Sonreímos al imaginar que, quizá, ese sencillo gesto signifique tocar un puente tendido hacia su niñez.

El modelo del primer tractor que condujo su abuelo permanece en la nave como un recuerdo vivo.
Estudió el grado medio en Mecanizado y pronto cogió el testigo de su progenitor. Trigo, maíz, espinacas, alfalfa, cebada… «Siempre hemos cultivado cereal de todo tipo. En total, trabajo 150 hectáreas. De ellas, 110 son de secano y 40 de regadío», concreta mientras pasea por la nave donde guarda la maquinaria.
@valores_top 🚜 Conoce a uno de los últimos agricultores de #Marcilla 🚜 #FernandoGarrido es una de las pocas personas de #Marcilla que mantiene viva la tradición familiar y sigue dedicándose al campo. 🌾 Gestiona más de un centenar de hectáreas de cereal, forma parte de la Cooperativa de #Peralta y defiende el relevo generacional como clave para el futuro del sector primario navarro. Su trabajo diario va más allá de cultivar: quienes se dedican al campo son un pilar para nuestra comunidad, economía y gastronomía. 👉 Dale al play y escúchalo hablar de su pasión. 📰 Y lee la entrevista completa, link en la BIO. #ParaTi #Actualidad #Agricultura #Campo #SectorPrimario #RelevoGeneracional #VidaRural #Navarra
RETOS Y SOLUCIONES
Al fondo del recinto, un par de monos azules, algo impregnados de barro, esperan a ser utilizados. A su alrededor se despliega un escenario que mezcla pasado y presente: junto al viejo tractor verde pastel, testigo mudo de tres generaciones, se alinean un par de tractores gigantescos. Sus carrocerías relucen bajo la luz tenue que se cuela por las claraboyas de la nave. Parecen bestias metálicas. Unos metros más allá, una carretilla guarda un puñado de maíz que se ha ido desgranando con los días. Algunos granos han rodado por el suelo y forman pequeños círculos dorados que brillan como monedas bajo la penumbra.
De pronto, un golpe seco en el tejado interrumpe la quietud. Luego otro, y otro más. La lluvia comienza a caer con una violencia inesperada. El estruendo retumba sobre la chapa metálica de la nave, convirtiéndola en un tambor gigante. Fernando alza la vista un instante, escucha, y sonríe con esa expresión de quien reconoce un viejo enemigo. «Y este es uno de los grandes problemas de la agricultura.. El clima está cada vez más extremo. O no llueve nada, o llueve demasiado. Al producto que está sembrado le puede venir bien, pero al que no… Le provoca retrasos. El clima es un factor con el que hay que lidiar, y una de las trabas de la agricultura», lamenta cabizbajo.
Pero el mayor reto al que se enfrenta un agricultor no es la lluvia o la sequía. «Sin duda, es la burocracia. Desde un despacho, se impone lo que debemos sembrar y lo que no. Se restringen cosas y es entendible, pero deberíamos poder sembrar lo que quisiéramos. ¿La solución que propongo? Que los responsables bajen los pies a la tierra y se manchen de barro. Hay que velar por el sector primario», reivindica para acto seguido recalcar que esta es una grieta silenciosa que amenaza el futuro del campo y acentúa la falta de relevo generacional.
De hecho, en Marcilla solo quedan tres agricultores. La cifra pesa sobre la conversación como una losa. Nuestro protagonista lo comenta sin dramatismo, pero con la gravedad de quien ha visto cómo el paisaje humano del campo se ha ido achicando año tras año. Como socio y miembro del Consejo Rector de la Cooperativa de Peralta, que suma 260 asociados de los cuales solamente 30 se dedican a la agricultura, recuerda que existen ciertas asociaciones que «ayudan con la burocracia»: «Te orientan, te explican y te echan una mano con los papeles».

Apenas tenía tres años la primera vez que subió a una cosechadora. Hoy Fernando cultiva 150 hectáreas.
La pasión por su trabajo y el legado que mantiene vivo en la tercera generación de la profesión familiar hizo que nuestro protagonista se alzase el pasado noviembre con el V Premio Alimenta Navarra al Relevo Generacional en el Campo, concedido por Navarra Capital y el Clúster Agroalimentario de Navarra (NAGRIFOOD) en colaboración con la Unión de Cooperativas Agroalimentarias de Navarra (UCAN). Un galardón que supone todo un orgullo para él: «Tenemos la mala costumbre de necesitar comida a diario… Por eso, el sector primario no puede desaparecer, sin nosotros fallarían muchas cosas. La sociedad debería ser más consciente del trabajo que hay detrás de cada desayuno o comida. A pesar de todo, también tenemos la fortuna de contar con manos que siguen cultivando, criando y cuidando la tierra cada día. Y esa es una labor preciosa».













