lunes, 6 diciembre 2021

Domingo Sánchez, lecciones de cultura empresarial

Llegó a la gerencia de Forjados Orgués tras una peripecia vital, en la que mostró su capacidad de sacrificio y espíritu de superación. Y, además, es el presidente de la Asociación Empresa Ribera (AER). Dos puestos desde los que lucha para conseguir que el sur de Navarra sea un territorio atractivo para la implantación de industrias, a pesar de que las herramientas para lograrlo no están en sus manos. Por eso, reclama soluciones consensuadas a la Administración y a la clase política.

Miguel Bidegain
Pamplona - 23 octubre, 2021

Domingo Sánchez, en las instalaciones de su empresa, Forjados Orgués. (Fotos: Maite H. Mateo)

Como hacemos habitualmente, al iniciar la conversación recordamos a Domingo Sánchez ArteagaTxomin, como le conoce todo el mundo- el objetivo de nuestras Entrevistas de Trabajo: acercar a la sociedad la faceta humana de los protagonistas de la economía y la empresa, “sobre los que todavía persisten prejuicios negativos e imágenes peyorativas”, según nos dice el presidente de la AER interrumpiendo nuestro prólogo. Le invitamos a continuar y comenta que “me produce  tristeza que en las empresas, principalmente si son familiares, cuando se plantea la sucesión o relevo generacional, se tenga que escuchar: papá, ¿quieres que siga trabajando como tú, sin descanso? ¿Ésa es la vida que deseas para mí? ¿De verdad, tanto esfuerzo merece la pena…? Por eso uno de mis objetivos en la AER es conseguir que en los planes de estudios se incluya la cultura empresarial. Se debe enaltecer la figura del empresario o que, al menos, sea más respetada, al fin y al cabo es el verdadero generador de la riqueza y del estado de bienestar de la sociedad. Hay gente que así lo entiende, pero también los hay, y no son pocos, los que lo ven como un explotador, cuando la verdad es que no hay ninguno ¡ninguno! que no considere que sus trabajadores, las personas, sean el activo de mayor valor que tiene su empresa”.

Intentamos reordenar el cuestionario pero Sánchez continúa: “Estamos viviendo una etapa con cierta carga de expectativas e incertidumbres, con cambios importantes en la sociedad y en las empresas, en la forma de relacionarnos… Mis padres, con una edad ya avanzada, utilizan internet para comunicarse ¡quién se lo iba a decir!  Es una revolución que va a continuar avanzando y acelerándose, que a veces nos coge con el paso cambiado, e incluso retrasados. Eso tiene efectos en la vida cotidiana, en las relaciones personales. Apena y  provoca desánimo el grado de confrontación social que la situación política actual está provocando, hasta en las familias y entre amigos, con el consiguiente deterioro relacional por la influencia del continuo conflicto entre los políticos, que son incapaces de ponerse de acuerdo para sacar adelante algo en común.  A los ciudadanos nos produce hartazgo y cansancio, parece no preocuparles que esta situación haga que aumente nuestra desconfianza hacia ellos y deteriora el ambiente de estabilidad y confianza política, tan necesario para atraer inversores”.

“No fui buen estudiante, me puse las pilas porque mi padre me metió a trabajar en un matadero de pollos y las pasé canutas”

Aún añade que las circunstancias actuales exigen abordar los problemas de la comunidad, buscando apoyos y alcanzando acuerdos entre diferentes, respetando las leyes y aportando soluciones mediante una gestión ágil y eficaz, “eso sí nos proporcionaría confianza y seguridad jurídica”. Al comentarle que su discurso es pesimista replica que “tiene que serlo, hace unos días el presidente de Viscofan confesó que veía con desaliento la situación de España y la de Navarra, que gente relevante de la economía nacional e internacional piense así es para preocuparse”.

Un tanto alicaídos, nos interesamos por su biografía. Tiene casi 58 años y vivió en Tudela donde sus padres, extremeños, se habían establecido por motivos laborales. Así fue hasta que se casó en 1987 con la murchantina Rosa Guerrero, que por entonces trabajaba en la empresa de su familia, Construcciones Orgués, y se trasladaron a Murchante. Su currículum dice que estudió formación profesional en la ETI de Tudela, y que  mientras trabajaba en SKF inició la carrera de Ingeniería Técnica Industrial en la Universidad de La Rioja. “Trabajar y estudiar se me hizo durísimo, solicité el turno de noche para ir las mañanas a la Universidad pero al final tuve que renunciar al empleo para poder conseguir el título”.

El presidente de la AER afirma tener problemas para encontrar profesionales especializados.

Vaya, que fue un buen estudiante. “Pues no, dejé la EGB en 6º a falta de dos cursos. Me iban otras cosas, el fútbol me tenía cautivo. Tuve la suerte de poder reengancharme gracias a que los Jesuitas dieron la posibilidad a quienes no teníamos el Graduado Escolar de incorporarnos a la FP en la ETI, superando un examen de ingreso. Elegí la especialidad de Matricería y Moldes, una de las opciones de la Mécanica Industrial”.

Aprovechó la oportunidad y, además, se reencontró en las aulas con sus amigos. “Me puse las pilas en buena parte gracias a mi padre, que me metió a trabajar en un matadero de pollos recién cumplidos los 16 años y las pasé canutas. Eso me hizo recapacitar sobre el futuro que me esperaba”. Los Sánchez son cuatro hermanos, y su padre padeció temporalmente el desempleo, por lo que los veranos trabajaban para echar una mano en casa. “Hasta 2º de FP-2 la cosa fue bien, pero me llegó el tiempo de hacer la mili. Mi madre, por iniciativa propia y sospechando que no tendría intención de terminar la FP, me matriculó. ¡Cómo me conocía! Siempre le agradeceré infinitamente su empeño porque yo estaba decidido a empezar a trabajar al volver de la mili. Le hice caso… porque no encontré un empleo”.

AYUDAS FRENTE AL DESÁNIMO

Acabó la FP y pudo incorporarse “a una de las mejores empresas que tenemos en Navarra: SKF”. De ella destaca al responsable de las relaciones con el personal, Julio Cuñado, “al que siempre estaré agradecido por la oportunidad que me dio en unos momentos difíciles para mí”. Un compañero le hizo ver el trabajo que hacían allí los ingenieros “y me piqué”. Para entonces ya estaba casado, era padre de un hijo y, buscando la estabilidad de contar con un buen empleo, se animó a estudiar Ingeniería.

“Mi mujer me apoyó muchísimo. Y mis cuñados, que eran los socios de Forjados Orgués, también me empujaron y animaron”. Se instaló en Logroño, mientras su esposa e hijo seguían en Murchante, y empezó la carrera “con muchísima fuerza”.

“Estudié una barbaridad, pero en los primeros parciales la nota más alta que saqué fue un 2,25. Me desanimé tanto que abandoné, volví a llamar a la puerta de SKF y me la abrieron. Mi mujer me hizo ver que ya que había empezado la Ingeniería debería intentar seguir, al menos hasta acabar el curso”. Replanteó de nuevo la situación y, para compatibilizar estudios y trabajo, solicitó incorporarse al turno de noche. Así que estudiaba por las mañanas con un profesor particular: “Y no sabéis la satisfacción que sentí en junio cuando fui uno de los pocos alumnos que aprobaron dos de las tres asignaturas que me había propuesto superar”.

“No hay ningún empresario, ¡ninguno!, que no considere que sus trabajadores, las personas, son el mayor valor de su empresa”.

Pero compaginar estudios, trabajo y obligaciones familiares era muy duro. Entonces, un descenso en la carga de trabajo conllevó una reducción de plantilla en SKF. Él aprovechó la circunstancia y dejó la empresa: “Me arriesgué porque se me ofreció hacerme indefinido. Quizás no era lo más sensato, pero opté por percibir el paro y las complementarias para poder finalizar mis estudios”. Volvió a Logroño. “Prácticamente me perdí la infancia de mi hijo. Hubo días en que no me podía contener, cogía el coche y me venía a Murchante solo para verlo y acostarlo”. Consiguió acabar. “Hoy no me arrepiento de nada de lo que hice”, señala reiterando el agradecimiento a su esposa. “Si no es por ella, sé que no lo habría logrado”. Nos está narrando esa etapa de su vida de un tirón, no le interrumpimos, tiene algo de confesión y resulta apasionante.

La conexión familiar con los propietarios facilitó su entrada en Forjados Orgués, una empresa fundada en 1986 con el nombre de Construcciones Orgués. Nace de un grupo familiar murchantino dedicado al encofrado, que adquirió las instalaciones que aún siguen siendo su sede y entró en el mundo de la construcción. Su actividad principal era el prefabricado de hormigón y la construcción de estructuras de hormigón armado.

Domingo Sánchez llegó a la gerencia en 1997, aportando el capital para formar parte de la sociedad, e incorporó la ferralla al negocio. En realidad, ya llevaba seis años trabajando en la empresa, era técnico. Y, al quedar vacante el puesto de gerente, los propietarios se lo ofrecieron: “Era necesario un ingeniero al frente, y qué mejor que uno de casa”. Su misión fue la de industrializar los procesos productivos.

Forjados Orgués forma con Conbetón, que se dedica a la construcción, un grupo empresarial que da empleo actualmente a 63 personas, una cifra variable en función de las obras que realizan. “Ahora vamos a comenzar varias por Pamplona y precisamos de mano de obra, pero no encuentro. Necesito encofradores y soldadores de ferralla, tenemos un problema bastante preocupante en Navarra y en España, no hay gente preparada, escasean carpinteros, fontaneros, electricistas…”.

Han organizado cursos de formación con otras empresas. “Y jamás nos había ocurrido que, de los veinte participantes, no hemos podido contratar a ninguno”. Dice que una de las causas es que los grados formativos de soldadura están orientados hacia el sector industrial. “Y el de la construcción no está industrializado, salvo en la producción de elementos prefabricados. El futuro va por ahí, por el prefabricado, pero el montaje se hace como siempre y eso tiene que cambiar para conseguir que sea rápido, eficiente y eficaz, aunque es un proceso que va a costar”.

Otra de las razones de la carencia de mano de obra está, según Sánchez, en las sucesivas crisis que ha vivido la construcción: la económica de hace diez años y la causada por la pandemia, que ha provocado que trabajadores cualificados se hayan recolocado en otras ocupaciones más estables.

“Las empresas no hemos sabido, o no hemos podido, retener a esa gente con experiencia que podía formar en las obras, en el día a día, a quien podría relevarle, como sucedía antes. A eso hay que unir algunas exigencias burocráticas de la Administración laboral. Por ejemplo, gruistas que aprendían antes en el tajo ahora están obligados a realizar cursos teóricos tan largos que ni quieren realizarlos”. Hace unos gestos quizá de desasosiego y añade que, “quizás, no hemos sabido regenerar las categorías de nuestras plantillas”: “La culpa es de todos y no debemos excluir la nuestra. No tenemos forma de motivar a los trabajadores a que aspiren a cargos de responsabilidad”.

Domingo Sánchez se muestra crítico con la actuación y gestión de los políticos.

A pesar de todo mira con optimismo el futuro. “Facturamos 4-6 millones de euros. La actividad en la construcción va en alza y tenemos la satisfacción de que nuestra actividad no se ha resentido de forma preocupante en el tiempo de Covid. Estamos en estos momentos preocupados por la inestabilidad del precio de la electricidad, que está produciendo un incontrolado incremento en los costos de fabricación y lo que es peor, la falta de materias primas por la paralización de algunas factorías proveedoras de acero. Pero espero que sea algo circunstancial. Nuestros políticos deberían ser sensibles ante lo que está ocurriendo no solo a nivel empresarial, porque los trabajadores se quejan de que con sus salarios no les llega”.

PRESIDENTE REIVINDICATIVO

Su reivindicativo discurso denota que es el portavoz del empresariado de la Ribera desde la presidencia de AER, cargo para el que fue nombrado en 2016 y reelegido en 2020. “Si la AER no existiese, se tendría que crear porque el asociacionismo es importante para defender los intereses del empresariado. Además, promocionamos la Ribera y su imagen para conseguir que se implanten aquí más empresas, aunque los recursos para lograrlo están en manos de la Administración. Muy a menudo tenemos la sensación de que cuando pedimos su apoyo nos oyen, pero no se nos escucha”.

Domingo Sánchez, como presidente de AER, lamenta la pérdida del atractivo que en su opinión tenía anteriormente la fiscalidad navarra. “Hemos retrocedido demasiados puestos en la escala de autonomías, hasta el decimocuarto, cuando nuestra comunidad siempre hemos estado entre los primeros. Algo estamos haciendo mal. El Gobierno nos transmite que va a reconsiderar los tipos en Patrimonio, Sucesiones, IRPF… Ya veremos”.

“Cuando pedimos apoyo, no se nos escucha. Tenemos que reprochar al Gobierno que oye, pero no escucha”.

Pide que se dote a la Ribera “de lo que se merece” y no considera justo “que continuamente se tenga que justificar económicamente”. Desde su punto de vista, “bastaría con voluntad política, como sucede en la Cuenca de Pamplona”. Y lamenta que, “a efectos reales”, esa idea tan reclamada en la zona nunca termina de materializarse. “Tenemos unas 6.700 empresas y el 12 % de construcción. Pero, ¿dónde construimos? Pues sobre todo en Pamplona y la Comarca. El comercio supone el 21 %, y otro 12 % es industria. El resto es para el sector servicios. En la Ribera hay poca industria de alto valor añadido, así la renta del ribero es menor que la del resto de Navarra. Necesitamos empresas tractoras de alto valor añadido, pero las herramientas para atraerlas no están en nuestras manos”, insiste con una sonrisa triste. “Y mientras tanto, las personas con talento se marchan”.

Insiste en que el remedio pasa por favorecer un entorno de confianza y estabilidad política que dé garantía de futuro al inversor y que, además, resulte atractivo en todos los órdenes. “En el plano formativo, con una oferta adecuada a la demanda; en el tema de ocio, también. La juventud universitaria, además de estudiar, quiere lugares de esparcimiento, cultura y ocio. La realidad te dice que para ellos es más atractivo el campus de Pamplona que el de aquí. ¿Por qué? Pues por lo que se ofrece. Y las empresas irán allá donde saben que pueden abastecerse de personas preparadas para sus necesidades laborales. Lo que os decía: nos oyen, pero no nos escuchan”.

La entrevista ha sido larga, muy larga. Al despedimos, pasamos por estancias decoradas con camisetas de Osasuna enmarcadas. “¿Qué navarro no es de Osasuna? Yo lo soy, aunque ahora desgraciadamente no puedo aportarle el patrocinio que en su momento le dedicamos porque es un importante embajador de nuestra tierra y nos une. ¡Ya me gustaría que ocurriera lo mismo con el Tudelano y que su relación con Osasuna fuera buenísima! Como me gustaría que la clase política de mi comunidad llegara a los acuerdos de prosperidad de antaño, que colocaron a Navarra a la cabeza del país”. Domingo Sánchez, sin duda, viste el traje de AER.

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