lunes, 20 septiembre 2021

El césped artificial busca crecer en espacios públicos y zonas comunes

Varios responsables de empresas del sector afirman a NavarraCapital.es que el césped artificial ha ganado adeptos durante los últimos años hasta instalarse prácticamente tanto como el natural en las viviendas particulares. La pandemia, además, ha intensificado su expansión, de modo que este producto se enfrenta ahora a un nuevo reto: su utilización en espacios públicos y zonas comunes.

Iranzu Larrasoaña
Pamplona - 5 julio, 2021

Durante la pandemia, las ventas de césped artificial están creciendo en Navarra. (Foto: Iranzu Larrasoaña)

Poco a poco, el césped artificial se ha posicionado como una interesante alternativa para quienes desean disfrutar de su jardín, pero con un menor mantenimiento. De hecho, responsables de algunas empresas navarras del sector lo catalogan como “el jardín del futuro”. Además, aseguran que su uso es una tendencia al alza desde hace años, que se ha visto acelerada por la pandemia por el Covid-19 a raíz de que muchas personas lo hayan instalado. Pero, más allá de la vivienda, también empieza a colarse en otros espacios más ornamentales, como las zonas comunes de las comunidades de vecinos, pequeños espacios en centros comerciales o rotondas y medianas.

No obstante, los socios de Ikerna Garden, Manu Rubio y Ricardo Ubanell, sostienen que el césped artificial “todavía no ha explotado” del todo. Y sostienen que, muy posiblemente, irá ganando adeptos con el paso del tiempo. “El año pasado fue tremendo de bueno para nosotros”, confirma Rubio, con dieciocho años de experiencia en el sector. Achaca este fenómeno al confinamiento, durante el cual mucha gente invirtió en su vivienda. “Sobre todo en los jardines, tanto césped como piscinas y acristalamiento”, especifica. Su socio apostilla que, por aquel entonces, “la gente quería poner bonito ese espacio que le había dado vida durante el encierro”. 

Así, personas que anteriormente no cuidaban tanto el jardín se dieron cuenta de que era su válvula de escape y lo empezaron a embellecer. Pero, además, surgió un interés importante por otros espacios de la vivienda como los balcones. “Hemos notado un incremento de los pedidos para terrazas pequeñitas, de diez o doce metros cuadrados”, indica Rubio. 

Esta empresa aumentó su facturación entre un 10 y un 12 % en 2020. “Ikerna ya facturaba bastante, por lo que ese porcentaje para nosotros supone una barbaridad”, matiza este. En total, la compañía instaló 200 jardines: “Estamos hablando de que cada año saldrán de aquí 40.000 metros cuadrados a nivel nacional”. 

Manu Rubio (Ikerna Garden): “Creo que el año que viene ya será más real y veremos los números normales de estas empresas”.

Y este 2021 siguen “a tope de trabajo”, pese a que los dos socios coinciden en que el furor no es tan fuerte como en 2020. “El año pasado, la gente se quedaba en casa y este, tras el levantamiento del cierre perimetral, están pensando en salir fuera”.

En este sentido, Rubio afirma que están viviendo una temporada un poco más intensa de lo normal, pero no como el año pasado. “Creo que el año que viene ya será más real y veremos los números normales de estas empresas”.

No obstante, las buenas cifras de Ikerna no solo son fruto de la pandemia. De hecho, el césped artificial lleva años incrementando sus ventas en la Comunidad foral. “Ya 2018 y 2019 fueron muy buenos”, recuerda Rubio, quien incide en que el césped artificial estaba en auge de por sí, ya que “la gente joven que no quiere mantenimiento apuesta por él”.

Rafa Tovar (Jardinería Belardi): “Ya se instala el mismo número de jardines que de césped artificial”.

También en Jardinería BelardiRafa Tovar, uno de los socios, ha sido testigo de la creciente demanda de este producto. “Así como referencia, ya se instala el mismo número de jardines que de césped artificial”, evidencia.

De hecho, ha visto cómo este producto evolucionaba de forma brutal “en los últimos ocho años” y espera que la tendencia siga al alza en los próximos ejercicios. Tovar pensaba que este año notaría un descenso con respecto a 2020, pero no se ha dado. Aun así, está convencido de que el volumen de trabajo y la facturación se volverán a normalizar. Pero eso sí, se muestra convencido de que “el césped artificial seguirá en auge”.

Al igual que él, Joseba Echarri, de Proyectos Echarri, ha experimentado el despegue de la demanda en su negocio. Y relaciona el crecimiento con el boom de la vivienda horizontal en la Cuenca de Pamplona. “Generó unos jardines de entre 25 y 50 metros, en los que son inviables los céspedes naturales. No son idóneos para espacios tan poco oreados”, explica. Con el césped artificial consiguen lo que ellos quieren, “disfrutar de ese pequeño espacio oxigenado”.

UNA OPCIÓN SOSTENIBLE

Ante quienes critican este tipo de césped debido a la utilización de plástico en su fabricación, los tres aseveran que supone una solución sostenible porque permite ahorrar agua y evita el uso de herbicidas y otras sustancias químicas. “El césped que nosotros instalamos procede del reciclaje de nailon y de látex. No hay nada más ecológico que la hierba artificial”, señala Echarri.

Rubio y Ubanell coinciden con esta valoración. El segundo pone en valor el trabajo diario que se realiza en Ikerna Garden para ser lo más sostenibles posible. A través de Intercesped Valencia, tiene la única patente a nivel mundial de grapado de césped a la tierra. “No aplicamos ningún tipo de producto químico y nos permite levantarlo para repararlo o cambiarlo de lugar con tan solo quitar la grapa”, subraya Ubanell. 

Todos son conscientes de que, en la zona norte de España, la penetración del césped artificial es más complicada. “Aquí nos gusta mucho el verde”, comenta Tovar. Pero mantener el natural en perfectas condiciones tiene un coste importante. Por eso, cada vez es más habitual encontrar este material en otras zonas que no son propiamente las viviendas. “Estamos notando un incremento en las empresas y comunidades de vecinos que nos solicitan su instalación en zonas comunes”, confirma el socio de Jardinería Belardi.

Ricardo Ubanell (Ikerna Garden): “En ayuntamientos de Zaragoza para abajo, se han dado cuenta de que hay zonas donde poniendo césped artificial evitan riesgo a los jardineros y un gasto innecesario de agua”.

No obstante, el césped artificial aún tiene muchos espacios por conquistar. Por ejemplo, Ubanell remarca que, “en ayuntamientos de Zaragoza para abajo, se han dado cuenta de que hay muchas zonas, como rotondas y medianas, donde poniendo césped artificial evitan riesgo a los jardineros y un gasto innecesario de agua, un bien escaso”.

Sin embargo, resalta que no sugiere eliminar puestos de trabajo, sino evitar a estos profesionales posibles peligros en la carretera y liberarles de trabajo para que se puedan centrar más en el cuidado de las plantas. “No estoy hablando de poner césped artificial en la Vuelta del Castillo, pero igual sí se podría poner en la mediana de la Cuesta Beloso, que es muy estrecha y la gente trabaja ahí con los coches pasando al lado”, propone. 

Lidl, McDonald’s o la Tagliatella ya han apostado por esta fórmula en algunos de sus espacios. Pero, además, empiezan a surgir promociones nuevas de viviendas que incorporan este tipo de hierba. El edificio Zafiro en Ripagaina es uno de los primeros ejemplos en la Comunidad foral. “Nosotros pusimos el césped en las zonas comunes y privadas”, asiente Echarri. 

Joseba Echarri: “Está al caer una tremenda crisis económica de déficit de materias primas, la más especulativa que ha podido haber”.

En relación a la crisis de las materias primas, la situación es distinta en cada empresa. En Ikerna Garden, actualmente, apenas la han notado. “Tenemos la suerte de que no nos ha afectado la falta de suministros porque nosotros ya teníamos ‘stock’ propio. Y eso mismo ocurre con nuestro fabricante Intercésped, que tiene más de 350.000 metros cuadrados aquí en España. Sí es verdad que de algún producto determinado ha habido retrasos, pero hablamos de una semana”, subraya Rubio.

Pero Tovar y Echarri dan la voz de alarma. El primero, por ejemplo, confirma que se están dando retrasos en entregas y se puede encarecer el producto final. “Lo que antes tardaba tres días ahora igual llega en diez”, lamenta. Asimismo, Echarri advierte de que “está al caer una tremenda crisis económica de déficit de materias primas, la más especulativa que ha podido haber”.

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