El defensa cae en la trampa. Ante un dos contra uno en su propio campo, Mikel le roba el balón. Toque de corneta e inicia el contragolpe. Encara a su defensor, se marcha por velocidad por fuera, regatea, tiene posibilidad de disparo, el portero achica espacios… Pero hace el pase de la muerte al corazón del área pequeña, donde Alejo, con la caña preparada, envía el balón al fondo de las mallas con un toque de suspense porque roza el palo antes de entrar. «Nunca una derrota ha sabido tan bien. Fue increíble, como si hubiéramos ganado la Champions League«, rememora entre risas Guille Moreno, profesor de Educación Física y responsable del Club Deportivo El Molino.
Aquel gol, obra de Alejo Zapata, tiene un valor que trasciende el marcador. Fue la confirmación de que el nuevo equipo de fútbol sala inclusivo de El Molino había nacido para quedarse. Un grupo donde profesionales, alumnos y exalumnos con discapacidad intelectual comparten la misma camiseta, el mismo esfuerzo y una misma ilusión: disfrutar del deporte sin etiquetas. La idea surgió hace unos años, fruto de la inquietud de Guille y su compañero, Xabier Urmeneta, ambos apasionados del fútbol y comprometidos con la inclusión. «Veíamos que podíamos dar un paso más para que las personas con discapacidad vivieran el fútbol desde otro punto de vista. Ya participaban en campeonatos de España, pero queríamos que compitieran en una liga como cualquier otro equipo», explica Guille.
Ese sueño tomó forma este curso, con la creación del equipo de fútbol sala inclusivo del Club Deportivo El Molino, que ya compite en la liga FS5 Navarra. Una aventura posible gracias al apoyo de la propia competición y de la Fundación Ciganda Ferrer, que han sido claves para poner el proyecto en marcha. «Los profesionales del centro lo apoyaron enseguida, y los alumnos se veían con fuerza y ganas para sacarlo adelante. Ahora están muy enchufados, analizan al rival, revisan los resultados de la jornada… Son un verdadero equipo dentro y fuera del campo», sonríe su entrenador.
Guille, pamplonés de 37 años, dirige al equipo con pasión. Una lesión grave en los ligamentos y los meniscos de su rodilla izquierda le tiene apartado de la cancha desde marzo, pero también le dio una nueva perspectiva. «Soy el entrenador porque no puedo jugar. Si no, sería el primero en entrar a la cancha», bromea. Cada semana coordina el equipo junto al resto de profesionales del centro, que también participan como jugadores. Todos aportan algo único. «Lo más bonito es el ambiente que se ha creado. No somos un grupo de alumnos y profesores, somos un equipo de verdad», destaca Moreno.
El Molino no solo juega por competir. Su presencia en la liga está ayudando a sensibilizar a la comunidad deportiva. «Una veintena de personas viene a vernos cada partido. Los rivales nos respetan, se esfuerzan y entienden que competir no está reñido con empatizar. No hay adaptaciones, pero el punto de sensibilización aparece con naturalidad» cuando los rivales levantan el pie del acelerador en los minutos finales, explica Guille. Aspace Navarra cuenta también con un equipo en la liga, reforzando el mensaje de que el deporte puede y debe ser un espacio de inclusión real.
Más allá de los resultados, el equipo de El Molino ya ha ganado su propio campeonato: el de la convivencia, la igualdad y la ilusión compartida. «Estamos creando algo muy bonito», concluye Guille.













