Durante siglos, la ciudadanía les despreció, la Inquisición les hostigó y la ignominia les persiguió de por vida. Su día a día era, literalmente, un calvario. Estaban obligados a entrar a las iglesias por puertas diminutas, debían llevar cosida en la ropa una pata de oca roja e incluso se les forzaba a hacer sonar una carraca para anunciar su presencia pública. Por si fuera poco, las malas lenguas difundían constantemente bulos sobre ellos como que les faltaba el lóbulo de las orejas, que tenían rabo o se les vinculaba con los leprosos. «Los agotes son un pueblo maldito, marcado por el estigma, el miedo y el dolor. Fueron víctimas de una exclusión brutal y estuvieron condenados al silencio y a la vergüenza», critica Luz Nogués, autora de Los Agotes de Baztán, novela que narra la historia de este grupo social minoritario y la del navarro Juan de Goyeneche, el «hombre que los redimió».
El libro nace fruto de la casualidad. Luz vivía en Madrid, trabajaba en la Administración General del Estado y en 1994 se mudó a Nuevo Baztán, municipio madrileño ubicado a 50 kilómetros de la capital. «No sabía a dónde iba. Solo quería salir de Madrid, buscaba la tranquilidad», confiesa. Al aterrizar, Luz se encontró con un «altiplano inhóspito», campos de cereal y, de repente, un conjunto palaciego de estilo barroco. «Me chocó mucho que estuviera en medio del pueblo», relata.
Luz se quedó intrigada, investigó y descubrió que Juan de Goyeneche, un reputado político que fue tesorero de tres reinas, fundador del BOE y figura clave en la corte de Felipe V; había fundado en el siglo XVIII el hogar donde residía: «Nuevo Baztán fue un experimento urbano e industrial único en Europa que abastecía al ejército de la corona. Fue concebido como faro de modernidad y esperanza en los turbulentos años de la guerra de sucesión española bajo el reinado de Felipe V. Para hacerlo realidad contó con el talento del arquitecto José Benito de Churriguera», explica.
Luz se quedó «fascinada» por la «audacia ilustrada» de Goyeneche y, como era un «gran desconocido» en Madrid, decidió plasmar su vida en un libro. En principio, la obra solo iba a versar sobre él, pero, mientras indagaba, se percató de que era imposible cumplir con ese propósito si no narraba la historia de los agotes. Precisamente, este pueblo «olvidado y marginado» había levantado con su esfuerzo Nuevo Baztán. Allí, Goyeneche les ofreció una «oportunidad de redención» porque en esta ciudad los agotes trabajaron y vivieron «sin la marca de la infamia». «Su historia me saltó al paso y me cautivó. Su dignidad resistente, su conexión con el Baztan y su vinculación con el proyecto de Nuevo Baztán merecían ser contados y recuperados», insiste Luz.
El objetivo de esta novela histórica es reconocer la valía de este joven hidalgo baztanés, alertar sobre la construcción y perpetuación de los prejuicios y denunciar la exclusión, marginación y odio que los agotes «heredaron de generación en generación» sin saber por qué. «La peor condena es caer en el olvido», reflexiona. A través de sus 500 páginas, la obra relata el «dolor y el rechazo» que padecieron los agotes, pero también muestra su «fuerza, resistencia y reivindicación».
Además, Los Agotes de Baztan combina el relato histórico con elementos de ficción, como el «controvertido y prohibido» amor de Goyeneche con Blanca, una mujer agote. «A través de esta muchacha escenifico la dignidad que este pueblo tuvo para desafiar el estigma y las convenciones sociales y la lucha por su libertad», destaca. Esta novela viajera nace en el corazón del valle de Baztan, recorre varias localidades navarras (Arizkun, Bozate, Pamplona, Isaba, Belzunce, Arizkun, Bozate y Tudela) y también transita por otros municipios españoles como los castellano manchegos Jadraque e Illana y los madrileños Nuevo Baztan, Olmeda de las Fuentes Villar del Olmo y Madrid.













