Mikel Sagüés no se ve como un hombre del Renacimiento. Y eso que "tontear" con la filosofía, la historia, la filología, la educación o las ciencias económicas fue para él una escuela de vida. "Estudié el grado en Humanidades en la Universidad de Navarra y, aun así, terminé en un extremo insospechado: como lutier guitarrero en Madrid. Pero hay que cuidar tanto del cerebro como de las manos, saber de matemáticas y aplicarlas con herramientas, un poco como Leonardo da Vinci. Los humanistas somos así", explica entre risas a ValoresTOP.
Este pamplonés, que cumplirá 32 años en diciembre, cerró el año pasado una operación por la que él y su socio, Manuel de Oliveira, asumían el traspaso de Glissando, una escuela que forma a quienes quieren aprender a fabricar guitarras. "Eléctricas, clásicas, flamencas... Hacemos de todo", añade el joven. Desde sus instalaciones, ubicadas en el barrio madrileño de Tetuán, el centro recibe a apasionados del instrumento que, en muchas ocasiones, no han usado una herramienta en su vida. En algunas ocasiones, ni siquiera saben tocar la guitarra.
No es el caso de Sagüés. Convencido de que "la mejor manera de aprender es romper", ya trasteaba con su guitarra durante la adolescencia para calibrarla o repararla. Entonces, descubrió géneros como el R&B, el soul, el rock and roll o el reggae, géneros que sigue tocando con bandas "de bajo perfil", donde también canta. Quizá por esas mismas inquietudes encaminó su carrera hacia la gestión cultural tras culminar sus estudios universitarios.
España cuenta con menos de 1.000 negocios de lutieres y unas pocas decenas de escuelas que imparten programas formativos
En esta línea, trabajó en Sedena; algunos Civivox; y, durante los primeros meses tras la inauguración del Museo Universidad de Navarra, "formando a los primeros guías junto a otro compañero". Finalmente, complementó sus estudios en Madrid con un máster en Dirección de Proyectos Culturales por la Fundación Contemporánea.
Fue así como consiguió un trabajo en la firma Gvam, dedicada a la innovación en audioguías. "En concreto, ejercí como coordinador de las que se utilizaban en el estadio Santiago Bernabéu. Comercializábamos unas tablets que te detallaban lo que ibas viendo en el recorrido en todos los idiomas del mundo y de forma interactiva. Es un servicio interesante que también ha llegado al Palacio Real y a la Alhambra", agrega.
Sagüés desempeñó este cargo durante unos pocos meses. Pronto descubrió un nuevo horizonte que le llevó a recuperar su trabajo en una tienda de instrumentos: MusicX. "El mundo de la gestión cultural, si bien se está profesionalizando mucho, todavía está por desarrollar y la búsqueda de empleo en este sector es dura. Acabé agotado y, tras reflexionar, entendí que había sido muy feliz trabajando en aquel local". En el comercio de Malasaña, "uno de los barrios más bohemios de Madrid", empezó a recibir a una clientela fiel que confiaba en él la reparación y calibración de sus instrumentos de cuerda.
DE ALUMNO A SOCIO
La construcción de instrumentos evolucionó a la par que las civilizaciones más antiguas. En España, el oficio se ha transmitido tradicionalmente a través del relevo generacional y de largos años de aprendizaje en talleres. Pero el sector, que jamás ha generado grandes cifras, no alcanza los 1.000 negocios en la actualidad, según las últimas estimaciones. Al mismo tiempo, el país cuenta con unas pocas decenas de escuelas que imparten programas formativos para nuevos lutieres.
Ese fue el contexto en el que José Antonio Cerezo, que entonces lideraba el Departamento de Marketing de una multinacional, decidió reconducir su trayectoria profesional y fundar Glissando en 2012, con la ayuda del experto guitarrero Arturo Sanzano. ¿Su objetivo? Enseñar a construir un instrumento "tan internacional y tan vinculado a la cultura española" como la guitarra. Seis años después, Sagüés entró por la puerta de la academia. Y, aunque no llegó a ser un "alumno aventajado", entabló una amistad profunda con Cerezo y con el que sería posteriormente su socio codirector, Oliveira.
A largo plazo, queremos contratar a alguien que se dedique a la enseñanza para poder experimentar y construir nuevos modelos
"Los dos decidimos tomar el traspaso de la escuela después de que José Antonio nos lo ofreciese. Manuel tiene formación específica en carpintería y hace proyectos de mucha calidad. Es un guitarrero más experto que yo. Pero el día a día en la escuela también incluye administrar, por lo que nos repartimos las tareas y funcionamos muy bien como dupla", valora el lutier pamplonés.
Ambos reciben en su taller, sobre todo, a dos perfiles de estudiantes: hombres de entre 30 y 40 años, "con cierto poder adquisitivo y formalidad horaria", y jóvenes que buscan labrarse un futuro como fabricantes de guitarras. Pero también los hay que solo vienen "a pasar el rato".
"Por ejemplo, un caballero japonés que tiene en torno a unos sesenta y pocos años. Es un altísimo ejecutivo de una multinacional y está destinado aquí. No ha tocado la guitarra en su vida y no le interesa, pero se ha buscado un pasatiempo y viene aquí todas las tardes unas dos o tres horas a trabajar. Tiene todas las grandes virtudes: trabaja con gran precisión, pausada y concienzudamente. Hace unas guitarras increíbles. Pero no lo sabe, porque no sabe tocarlas. Siempre explica que, cuando se jubile y vuelva a Japón, quiere abrir su propio taller", relata con admiración.
OBJETIVO: INNOVAR EN GUITARRAS
Tanto Sagüés como Oliveira han dejado de contar las guitarras que fabrican para concentrarse en enseñar. "Pero sentimos cada una de las guitarras de nuestros estudiantes como propias también", incide el primero, que siente una predilección especial por las guitarras clásicas: "La española ha llegado a nuestros días con tantos años de tradición que construirla es una maravilla. Ya sabes que cada pieza está ahí por algo y todo está muy pensado para que suene lo mejor posible".
De momento, ambos socios buscan alcanzar una "meseta de desarrollo" en su negocio para recuperar el dinero invertido en las reformas del taller, de la marca, del sitio web y de las redes sociales, así como alquilar sus instalaciones a otros colegas de profesión. "Pero tenemos grandísimas fantasías. A largo plazo, queremos contratar a alguien que se dedique a la enseñanza para poder experimentar y construir nuevos modelos", reflexiona al tiempo que no descarta montar "muy en el futuro" su propio taller en su Pamplona natal.
