Mientras julio avanza, su teléfono se convierte en una ventana abierta a Pamplona: un goteo constante de fotografías, vídeos y mensajes que sus amigos envían desde unas calles vestidas de blanco y rojo. Fran Fernández responde con una mezcla de alegría y nostalgia. Vio el Chupinazo por televisión, como quien contempla desde lejos el inicio de una fiesta que también le pertenece, buscando entre los adoquines un pedazo de su hogar. Hace una promesa con la naturalidad de quien sabe que hay citas que no se negocian: el próximo 6 de julio estará aquí.
La vida tiene la costumbre de llevarte y traerte sin pedir permiso. A él lo ha alejado de Navarra más de una vez, pero nunca ha conseguido arrancarle las raíces. Porque hay ciudades que no se abandonan del todo: permanecen en la forma de recordar, en un acento que resiste el paso del tiempo, en la emoción que despierta una canción o en el estruendo de un cohete. «Siempre estaré conectado a Pamplona», suspira nuestro protagonista.
PASIÓN POR LAS LETRAS
Cuando rebusca en la memoria, pronto aparece un niño con un lápiz entre los dedos. Antes de imaginar cualquier otro futuro, soñaba con dibujar cómics. Podía pasar horas inventando castillos inexpugnables y caballeros con armaduras relucientes. Así, entre murallas de tinta y héroes de viñeta, empezó a entrenar la imaginación. «Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Tintín, Astérix y Obélix… Leer, pintar y escribir me encantaba. Era un niño muy creativo», relata.
Aquella fascinación por las historias fue creciendo con él. Tanto que eligió estudiar Periodismo en la Universidad de Navarra. En segundo de carrera ya cruzaba las puertas del Diario de Navarra como redactor en prácticas. Más tarde se mudó a Lanzarote para fichar por COPE: «Después de un tiempo, sentí que me había centrado demasiado en el periodismo puro y duro. Echaba de menos el dibujo y esa parte del diseño, así que opté por adentrarme en el mundillo de la comunicación corporativa…».
En este sentido, desarrolló su trayectoria profesional en diversas agencias hasta que aterrizó en la madrileña Grow como head of Digital. «Me encargaba de gestionar anuncios de televisión y publicaciones en medios. Trabajé con marcas como Leroy Merlin, Alcampo, Cruz Roja o Decathlon«, detalla tras recalcar que permaneció en la compañía cuatro años.
LONDRES, MADRID Y PAMPLONA
De pronto, recibió una llamada. Desde Londres. La consultora AGC Partners quería incorporarlo a su equipo. La propuesta apareció en ese preciso instante en el que uno entiende que la vida, de vez en cuando, pone delante oportunidades irrepetibles. «Es ahora o nunca», pensó. Y no lo dudó. Hizo la maleta, se despidió de los suyos y puso rumbo a la capital británica, dispuesto a empezar de cero en una ciudad tan inmensa como desafiante.
Londres le abrió un nuevo escenario profesional y personal. Cambiaron los paisajes, el idioma y las rutinas, pero no la curiosidad que siempre había guiado sus pasos. Aquella aventura suponía salir de la zona de confort y comprobar hasta dónde podía llegar. Una decisión valiente que, vista con perspectiva, terminó marcando un antes y un después en su trayectoria. «Viví en Reino Unido casi un año, pero Londres es solo para un ratico. Y más para un navarro. No me apetecía vivir siempre allí. Por eso volví a España, a Madrid, en esta ocasión para trabajar como director de Marketing en la Escuela Trazos«, agrega.
ENSEÑAR PARA APRENDER
Fue precisamente allí donde descubrió otra faceta de sí mismo. Comenzó a participar en formaciones, compartir conocimientos y acompañar a otros profesionales en su aprendizaje. Descubrió que disfrutaba explicando, traduciendo conceptos complejos a un lenguaje sencillo y viendo cómo una idea terminaba encajando al otro lado. Había encontrado una vocación que hasta entonces permanecía dormida: la de profesor. La docencia se convirtió en una parte esencial de su identidad profesional: «La mejor excusa para no dejar de ser nunca estudiante y seguir aprendiendo es meterte en el mundo académico».
Desde hace más de cinco años, trabaja en Neoland, una escuela especializada en formación tecnológica con sede en Madrid. Hoy ejerce como general School and Academic manager y dirige, además, el programa de Inteligencia Artificial, un ámbito que evoluciona casi a la velocidad con la que él disfruta aprendiendo. «La IA solo es una herramienta más en la evolución tecnológica que tenemos y que sirve para multiplicar exponencialmente nuestras habilidades. El aporte a futuro de esta tecnología es muy positivo y permitirá que el ser humano avance todavía más rápido también en lo intelectual… ¡O eso quiero creer!», apunta entre risas.
Su día a día transcurre entre reuniones y aulas. Coordina los diferentes departamentos de la escuela, acompaña tanto al alumnado como al profesorado, diseña programas formativos y analiza qué conocimientos demandan las empresas para adaptar la oferta académica a una realidad que cambia constantemente. En cierto modo, sigue haciendo lo que siempre le ha gustado: construir historias. Solo que ahora no las dibuja en viñetas ni las escribe en un periódico, sino que las convierte en itinerarios de aprendizaje para que otros puedan escribir las suyas propias. «El alumno más típico es, por ejemplo, un abogado que desea trabajar en el sector de la ciberseguridad. Ese es un perfil muy común. Ahora también hay mucha demanda en el análisis de datos», apostilla.
A sus 41 años, Fran continúa dibujando futuros, aunque ya no con lápices de colores, sino con ideas, conocimiento y oportunidades. Mientras tanto, cada mes de julio su teléfono volverá a llenarse de fotografías de una Pamplona en fiestas. Él sonreirá, verá algún encierro desde la distancia y contará los días que faltan para regresar. «Estoy encantadísimo con mi vida, no me puedo quejar de nada. Bueno, quizá sí…», sopesa reflexivo. «Me puedo quejar de una pequeña cosa: me gustaría volver más a menudo a Navarra. Echo de menos mi tierra», remata.
Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra.













