miércoles, 15 julio 2026

La navarra que supervisa la calidad de unas 1.800 tiendas de Decathlon en más de 70 países

De niña, quería dedicarse a envolver regalos. De algún modo, esa delicadeza por los detalles sigue muy presente en su forma de entender la vida y el trabajo. Cecilia Borja lleva diecisiete años en Decathlon y ha vivido en Francia, Brasil y Malasia. De hecho, ha construido una familia tan viajera que cada uno de sus tres hijos ha nacido en un país distinto. Desde Lille, coordina la calidad de alrededor de 1.800 tiendas en todo el mundo, aunque regresa a su Villava natal siempre que puede y no concibe un verano sin Sanfermines.


Pamplona - 24 mayo, 2026 - 22:45

Cecilia Borja lleva diecisiete años en Decathlon y ha vivido en Francia, Brasil y Malasia. (Foto: cedida)

¿Su profesión soñada? «Envolvedora de regalos». Se intuye algo profundamente revelador en su respuesta: anhelaba preparar con mimo algo destinado a hacer feliz a otra persona. Seleccionar el papel, doblar las esquinas con cuidado, rematar el lazo… Ya desde niña, Cecilia Borja entendía que la belleza vive, casi siempre, en los gestos pequeños.

Villava, donde nació y creció, es quizá la verdadera «culpable» de su atención al detalle. No olvida los domingos en el campo, las botas manchadas de barro y las bolsas de mimbre para buscar setas entre los árboles en otoño. Tampoco aquellas excursiones de diciembre para recoger musgo con el que luego construía el belén de Navidad, como si una pequeña parte del monte entrara cada año en casa. En todos esos recuerdos se percibe una felicidad sencilla. «Siempre diré que soy muuuuy villavesa», reconoce a sus 42 años.

No existía ninguna carrera que pudiera prepararla para ser envolvedora de regalos, así que se decantó por estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Aquella etapa terminó regalándole algo quizá más valioso que cualquier título. Allí encontró amistades que el tiempo no ha desgastado y que todavía hoy conserva. Se trata de vínculos que sobreviven intactos a las mudanzas, los trabajos y los años: «Fue mi época vital favorita. Incluso estudiar en la biblioteca era un planazo».

Al finalizar su formación, se topó con una oferta de trabajo en Decathlon. La firma planeaba abrir un centro logístico en Pamplona y buscaba personal para coordinar equipos. «Me preocupaba no tener experiencia, pero acepté el reto. Me marché seis meses a Madrid para formarme. Pensándolo bien, había jugado al balonmano toda la vida, así que algo entendía del mundo deportivo», relata segundos antes de desgranar en qué ha consistido su trayectoria profesional en la compañía, donde ya suma diecisiete años de recorrido.

DE PAÍS EN PAÍS

En un inicio, trabajó en el almacén. Pero mientras su vida profesional empezaba a tomar forma, los Sanfermines se preparaban para dar un giro a su rumbo. Durante esos días de julio, todo ocurre deprisa. Las txarangas, los encierros, los encuentros fugaces… Y, sin embargo, hay historias que nacen ahí para quedarse. La de Cecilia fue una de ellas. Fue precisamente ahí donde conoció al hombre que se convertiría en su marido. Era catalán y trabajaba en el Decathlon de Sevilla. Se cruzaron entre el bullicio de las fiestas y se enamoraron.

«En 2014, decidimos mudarnos a Lille sin fecha de vuelta. Allí se ubica la central de Decathlon, y es increíble cómo se respira por todos lados la esencia de sus tiendas. Durante un año, me centré en desarrollar los soportes de formación para empleados», detalla.

Pero el «gusanillo» de viajar ya se había instalado en ellos. Juntos descubrieron que había algo profundamente emocionante en empezar de cero en otro lugar, aprender nuevas costumbres y construir un hogar lejos de casa, siempre de la mano de la empresa que, casi sin proponérselo, se había convertido también en el hilo conductor de su historia. Así, en 2015, hicieron las maletas de nuevo y volaron a São Paulo. Allí, nuestra protagonista asumió el puesto de retail supplier: «Durante tres años me dediqué a comprar stock para la sección fitness. También me relacioné con proveedores que trabajaban la parte textil. Fue allí, en Brasil, donde nació nuestra primera hija».

Después le llegó el turno a Malasia. Cecilia decidió cogerse una excedencia y detener, al menos durante un tiempo, el ritmo frenético que había acompañado su carrera profesional durante aquellos últimos años. Allí nació su segundo hijo, ampliando todavía más ese mapa emocional que la familia había ido trazando por el mundo. «Tenemos tres niños y cada uno ha nacido en un país diferente. El siguiente nació en Francia, donde ya llevamos viviendo casi cinco años», aclara entre risas.

MEJORAR LA EXPERIENCIA DEL CLIENTE

Hoy, como responsable de Calidad de los Equipos de Concepto en Decathlon, se encarga de realizar visitas a los proveedores, validar nuevos productos y solventar cualquier tipo de incidencia en tienda: «Me ocupo del mobiliario donde se cuelgan los productos, los espejos, los bancos… Imagina que sacudes un establecimiento. Todo el tipo de artículos que caen tras esa sacudida son gestionados por mi equipo. El objetivo siempre es garantizar la calidad de las estructuras y tratar de mejorar la experiencia del cliente».

En total, Cecilia gestiona unas 1.800 tiendas repartidas por más de 70 países. Una cifra que, lejos de impresionarla, parece reforzar aún más su capacidad para fijarse en lo pequeño. Al fin y al cabo, su trabajo consiste precisamente en eso: detenerse en aquello que tal vez pasa desapercibido.

Lo cierto es que, pese a haber vivido en distintos países y trabajar en un entorno completamente internacional, sigue necesitando regresar con frecuencia a Navarra, y lo hace unas cuatro veces al año. Vuelve para ver a su familia, reencontrarse con los amigos de siempre y recuperar, aunque sea durante unos días, esa vida sencilla que todavía asocia a Villava.

Por supuesto, no se pierde los Sanfermines. Aquellas fiestas que un día cambiaron el rumbo de su vida siguen ocupando un lugar especial dentro de su vida. Ahora las vive de otra manera, acompañada por sus hijos, que esperan julio con ilusión. «El pequeño tiene miedo de que en cualquier momento un toro cruce la calle», declara divertida y orgullosa de poder compartir con su familia una tradición que, pese al paso de los años y la distancia, continúa sintiendo profundamente suya. Hay raíces que, por muchos kilómetros que acumulen encima, nunca se mueven del todo.

Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra. 

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