El Sadar se alza ante él como un coliseo moderno. Miles de bufandas rojas flamean a lo largo y ancho del estadio. El pequeño Félix Sábada apenas alcanza a ver más allá de la cuadrilla de jóvenes que gritan entusiasmados enfrente de su asiento, pero no le importa demasiado. Por primera vez en su vida está allí, contemplando el partido con su padre. Y entonces sucede. La pelota flota, gira en el aire y sobrevuela a los jugadores. El delantero de Osasuna salta, se eleva por encima del defensa y… ¡gooooool! Los rojillos estallan en una explosión de euforia tras encajar su segundo gol al Logroñés. Y ese recuerdo se mantendrá intacto en la memoria de nuestro protagonista de por vida.
«Me encantaba el fútbol, algunos de los recuerdos más simpáticos de mi infancia me llevan a ese deporte. Tenía la ilusión de convertirme en futbolista algún día», evoca con ternura segundos antes de recalcar que uno de sus grandes ídolos era Emilio Butragueño. Sin embargo, el mundo le llevó por otro camino. Estudió Derecho en la Universidad de Navarra y fue precisamente allí donde, poco a poco, comenzó a despertar en su interior cierto interés por las finanzas.
Al finalizar su formación, recibió una llamada. El colegio pamplonés Irabia-Izaga, donde había estudiado en su juventud, tenía una propuesta que no pudo rechazar: «Buscaban un profesor de economía para Bachillerato. Más tarde, también me ofrecieron formar parte de la secretaría para encargarme de la contabilidad del centro».
RUMBO A LA REPÚBLICA CHECA
Después de tres años en el colegio, se planteó expandir sus horizontes, salir de su Pamplona natal y ver mundo. «¿Y si me marcho al extranjero?», se preguntaba una y otra vez. Entonces, optó por marcharse a la República Checa y ampliar allí su experiencia en el ámbito de la educación. Ejerció como profesor de Derecho Mercantil, Civil, Procesal y Penal en la Universidad Carolina de Praga y en la Escuela de Economía de Praga. «Mis alumnos eran checos que habían elegido el castellano como segundo idioma. El primer día de clase, llegué unos minutos antes y esperé en el pasillo. Todos pensaron que era un estudiante más y, cuando se dieron cuenta de que yo era el profe, nos echamos unas risas», expresa hoy entre carcajadas.
Félix se declara «fan del esquí», deporte que practicó miles de veces durante su estancia en el país. Pero, aunque en un inicio le apasionaba la nieve, pronto se percató de que permanecer continuamente a veinte grados bajo cero dificulta mucho el día a día: «Al principio es bonito, luego te das cuenta de que el tráfico se vuelve muy caótico, entre otras cosas».
Con el tiempo, fichó por Expedia Group. «Me interesaba acercarme al mundo de las tecnologías, así que me lancé a la aventura. Es un portal de ofertas hoteleras parecido a Booking. En Estados Unidos se usa mucho», relata para acto seguido recordar que la firma fue creada con el fin de facilitar la búsqueda de vuelos y alojamientos a los profesionales de Microsoft. Durante cuatro años, ejerció como responsable de Europa, Medio Oriente y África y se encargó de diseñar planes estratégicos y adentrarse en nuevos mercados.
NO OLVIDAR LAS RAÍCES
De pronto, la estadounidense SAP Ariba contactó con él para que se uniera a su delegación en el país centroeuropeo. «Sentí como si me llamara el gorila del sector tecnológico”, ríe a sus 45 años. Allí ejerció durante dos años como Procurement Supplier manager hasta que se planteó regresar a España: «Llevaba ya unos nueve años en Praga. Allí conocí a la mujer que más tarde se convertiría en mi esposa y que, casualmente, era madrileña. Así que decidimos volver a la Península».
Así, desde hace cinco años, reside en Madrid, donde trabajaba en la tecnológica Ayesa hasta el año pasado, cuando fichó por la firma de software Fullstep como director de Implantación. «Gestiono los plazos de diferentes proyectos, planifico el calendario y superviso a doce consultores», detalla. Aunque todavía siente a «Chequia en el corazón», lo cierto es que desde que regresó a España está feliz. Sobre todo porque Pamplona se ubica a unas pocas horas de distancia. «Tengo tres hijos y no quiero que olviden sus raíces navarras», suspira.
Ujué, Estella, Roncesvalles, la selva de Irati… Cada vez que visitan la Comunidad foral en familia, Félix se convierte en guía y narrador. No hay bosque, calle o piedra que no guarde una historia, una anécdota o un recuerdo: «Quiero que sepan de dónde vienen, aunque crezcan lejos».
Mientras realiza un repaso por instantes que han marcado su vida, se detiene para recordar las Javieradas. Solía salir de madrugada, con su padre como acompañante, y observar cómo el cielo clareaba poco a poco sobre los campos aún dormidos. Hoy comprende que aquellas marchas no eran un simple camino hacia Javier, sino hacia sí mismo. Todavía tiene muy fresco el recuerdo de aquellas madrugadas navarras, como una brújula silenciosa que siempre le muestra el norte.
Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra.













