«Los fuegos artificiales los tienes que sentir dentro. Te tienen que enganchar», suspira César López. A él lo atraparon cuando apenas era un niño. Mucho antes de dirigir el espectáculo que este 7 de julio volverá a teñir de luz el cielo de San Fermín, ya esperaba con impaciencia sentado sobre el césped, con la cabeza levantada y los ojos clavados en el firmamento.
Aquellos minutos de pólvora no terminaban con el último estruendo. Detrás de algunos de aquellos espectáculos estaba Pirotecnia Oscense y, cuando el show llegaba a su fin, la noche continuaba alrededor de una mesa. El equipo de la compañía iba a cenar a su casa. Mientras los mayores hablaban de calibres, montajes y disparos, él escuchaba fascinado. «A los dieciocho años empecé a ayudarles con los montajes», rememora a sus 46 años.
«El 7 de julio era el día grande, recuerdo que antes se hacía incluso con música. Ahora me toca a mí tirar los fuegos ese día. Es un honor y también supone mucha responsabilidad», admite consciente de que, entre el público, habrá niños que lo vivirán con la misma fascinación con la que él lo hacía décadas atrás.
UN TOQUE DIFERENTE
Detrás de los quince minutos que dura el espectáculo se esconden semanas de preparación, cálculos minuciosos y horas de trabajo sobre el terreno. Cada disparo está programado para que el ritmo no decaiga y el cielo cuente una historia a través de la luz, el color y el sonido. «Aunque es la cuarta vez que monto fuegos artificiales en estas fechas, es la primera que estoy al frente del diseño», puntualiza el fundador de Pirotecnia San Fermín (ahora socia de Pirotecnia Oscense) y segunda generación de Pirotecnia Fiesta, antes gestionada por su hermana, Andrea.
Ha titulado su espectáculo ‘Navarra brilla en el cielo’, un montaje con el que promete sorprender al público: «Hemos intentado crear una composición musical con el propio ruido del artefacto. Creo que puede quedar muy bien, le dará un toque diferente. También jugaremos con las alturas y las anchuras, habrá figuras de corazones, caras de gato, anillos, efectos que explotan en el cielo y vuelven a abrirse de nuevo…».
El resto quedará en manos de la pólvora. Cuando el primer disparo rompa el silencio y miles de personas alcen la vista hacia el cielo de Pamplona, César volverá a hacerlo desde el otro lado, pendiente de que cada efecto aparezca en el instante preciso: «Como buen pamplonés, siempre digo que los Sanfermines son las mejores fiestas del mundo. Me gustaría que la gente se vaya diciendo ‘qué rápido se me ha pasado’. Eso sería una buena señal, es el mejor cumplido que pueden hacerte cuando tiras fuegos artificiales».













