«¿Por qué te despiertas a las cuatro de la mañana para entrenar?». «Porque a esa hora mis rivales están durmiendo». La frase, atribuida al boxeador Mike Tyson, es una de las favoritas de Juanjo Castro, artajonés de 34 años que este septiembre se proclamó subcampeón en el Mundial de Carreras de Obstáculos celebrado en Gotemburgo (Suecia). Una hazaña que, contada en frío, puede sonar a la vida de un atleta profesional. Pero la de Juanjo es diferente. Madruga para repartir productos fitosanitarios por Navarra y País Vasco para la empresa Multiagro y, aun así, encuentra tiempo para entrenar, competir y convivir con su familia.
Desde niño evidenció que no le gustaba seguir los convencionalismos. Mientras sus amigos organizaban partidos de fútbol en el parque del pueblo, él prefería subir a la copa de los árboles. Esa energía cambió cuando cumplió los 18 años, obtuvo el carné de conducir y empezó a viajar en coche. Tras completar la educación secundaria, comenzó a trabajar como fontanero en la constructora de su padre, José Antonio. Y más tarde fichó por una empresa agroalimentaria de Artajona que se dedicaba a reparar sistemas de regadío. «Aunque, cuando trabajas en el campo, te toca hacer de todo», matiza.
El flechazo con las carreras de obstáculos le llegó a través de la televisión. Programas como Ninja Warrior o Wipeout le fascinaban. Los participantes trepan muros, reptan bajo alambradas o superan rampas imposibles. «Siempre me llamaron mucho la atención por lo espectaculares que eran. Y, cuando descubrí que existía un deporte similar, me interesé mucho más», confiesa a Navarra Capital.
Su debut fue en Vitoria el 6 de julio de 2019. «Me acuerdo perfectamente porque renuncié al chupinazo de San Fermín para correr. Además, por aquella época salía mucho de fiesta. Uno de los dos amigos que me acompañaron me dijo que para ganar estas carreras debías tener un don, como Cristiano Ronaldo para meter goles. Pero yo realmente creía que podía hacerlo bien«, señala.
Después llegó la pandemia, y el confinamiento frenó en seco sus aspiraciones de seguir creciendo. No fue hasta 2022, en plenas fiestas de Artajona, cuando se inscribió al Gladiators Day de Zuasti. ¿El resultado? Un sexto puesto. «Pero fue ahí cuando vi que podía hacer algo serio en esto», recuerda.
Desde entonces, ha corrido en más de 40 pruebas, desde Hernani, Milagro o Rincón de Soto hasta en Portugal, donde ha encadenado podios y experiencia. En el Europeo de Lisboa de 2025 terminó séptimo, aunque se fue con un regusto agridulce. «Salí en una tanda tardía y, aunque adelanté a muchos corredores, me quedé sin referencias por delante. Estoy seguro de que podía haber quedado más arriba», sostiene.
EL DÍA A DÍA
El trabajo tampoco se lo ha puesto fácil. Su jornada laboral comienza a las siete de la mañana, aunque antes toma un completo desayuno diseñado por Nutriratxe: leche, cereales, fruta y creatina. Después, se dedica a repartir género en furgoneta por las carreteras de Navarra y País Vasco. Y salvo en verano, que tiene toda la tarde libre para entrenar porque termina a las dos, debe optimizar su tiempo libre para ajustar sus rutinas de gimnasio, fuerza y carrera. «Se han alineado los astros porque ahora puedo entrenar con el grupo Hiru-Herri en Burlada, donde hay gente de mucho nivel», explica.
Los lunes dedica casi dos horas a entrenar con especial intensidad. Los martes y miércoles toca sesión de fuerza en el gimnasio que dirige el preparador físico Íñigo Asurmendi en Artajona: peso muerto, kettlebells, press banca, remo, bicicleta estática… Todo ello combinado con ejercicios que simulan el esfuerzo de las carreras. El viernes descansa, aunque a veces también realiza alguna sesión de calistenia en parques de Pamplona. Y los fines de semana, si no hay competición, se va al monte o al rocódromo. Una agenda muy apretada que apenas le deja tiempo para disfrutar con su novia, Maura Esain. «Es una santa, porque no cualquier persona aguanta este ritmo de vida. Este año, nuestras vacaciones han sido los viajes que he hecho para las carreras: Suecia, Lisboa…», agradece.
El Mundial ha sido su gran prueba. Doce kilómetros de recorrido, obstáculos de infarto y un nivel internacional altísimo. Juanjo fue en cabeza durante gran parte de la carrera, pero en el último obstáculo, una prueba de tiro, perdió 30 segundos y el oro. «Me ganó un corredor belga por solo nueve segundos. Llegué con el pulso disparado y, además, no había podido entrenar ese obstáculo lo suficiente. Pero ahí estuve, luchando hasta el final», relata con orgullo.













