Se alisa la camisa con la mano y carraspea para aclarar su voz antes de llamar al timbre. Esboza una sonrisa en cuanto la puerta comienza a abrirse para, a continuación, mostrar con orgullo el catálogo que sujeta con firmeza. Roberto Hernández dedicó varios años de su juventud a vender puerta a puerta las cestas de Navidad elaboradas por la empresa de su familia en su Murchante natal.
En 1982, sus padres fundaron Alimentación Charo, su primera tienda de alimentación en la localidad navarra. Un oficio que a Roberto, sin embargo, no terminaba de seducirle. Por eso, se formó en gestión de empresas para «no tener que trabajar detrás del mostrador». «Intenté dedicarme a otras cosas porque no me gustaba mucho estar en la tienda. Pero, cuando comencé a vender cestas, descubrí que mi verdadera pasión era salir a la calle y tratar con la gente», relata a Navarra Capital.
Seis años después, Roberto tomó las riendas de Grupo Charo, que ya cuenta con supermercados en Murchante, Ribaforada, Villafranca, Milagro y Novallas (Aragón). Dos años después, en 2000, asumió además la Dirección de Distribuciones Topero, firma dedicada al producto fresco para hostelería y también propiedad de su familia. Y, además, también lleva las riendas de La Despensa de Topero, enfocada en la elaboración de cestas de Navidad y donde más disfruta: «Es el proyecto que más me motiva, por eso lo profesionalicé. Cuando Murchante se me quedó pequeño para esta tercera línea de negocio, pasé a Tudela y así, poco a poco, fuimos creciendo. Ahora me centro más en esta área», detalla este empresario de 49 años.
LOTES PERSONALIZADOS
Roberto asegura que sus aguinaldos les permiten diferenciarse en el mercado al contar con muchos productos «navarros y artesanos»: «Empezamos a trabajar en ello hace unos veinte años, pero fue hace unos siete cuando vimos que habíamos dado con un nicho de mercado importante y decidimos apostar por él. A la gente le gusta diferenciarse, está cansada del típico lote de toda la vida y busca algo que sorprenda». Al mismo tiempo, la compañía navarra permite personalizar los dulces, además del empaquetado o los envoltorios. Así, ofrece lotes adaptados a intolerancias, sin alcohol o incluso con certificación halal.

Los lotes de La Despensa de Topero incluyen productos navarros como vinos, quesos, dulces…
A pesar de que hay una persona dedicada a gestionar esta línea todo el año, el punto álgido de la campaña tiene lugar entre octubre y diciembre. En ese periodo, las oficinas y almacenes de la empresa (de unos 1.300 metros cuadrados) llegan a elaborar unas 30.000 cestas y la plantilla pasa de tener unas 46 personas a 60 (a su vez, la firma colabora y utiliza las instalaciones de Amimet, organización que trabaja por la inclusión de personas con discapacidad en la Ribera). El resto del año, por su parte, albergan el producto fresco de Distribuciones Topero.
Su catálogo combina referencias locales y firmas de prestigio como Antonio Anaut, Bombones Torres, Príncipe de Viana, Bodegas Ochoa o Pago de Cirsus con marcas de gran alcance internacional, como Joselito, Cinco Jotas y Fiasconaro (panetones italianos), y champán francés: «Buscamos productos para llevar a las cenas y comidas familiares, que se puedan compartir con orgullo».
ENVÍOS INTERNACIONALES
De la mano de sus clientes, esa apuesta por la diferenciación ha llevado sus cestas mucho más allá de la Ribera navarra: Japón, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia… «El país más complejo es Estados Unidos porque cada año cambia las políticas. Allí, las autoridades no dejan introducir ciertos alimentos o suben los precios. Pero, por lo demás, no hemos tenido mayores problemas», constata.
Roberto resalta que el crecimiento de las últimas décadas ha sido sostenido y que, desde hace siete años, «es incluso de dos dígitos»: «Hemos dado con la clave, buscamos productos novedosos, somos muy cuidadosos con el procesado y ofrecemos propuestas diferenciales». Es más, ni siquiera la pandemia frenó esa tendencia: «Parecía que iba a ser un desastre porque la gente recelaba de los paquetes que venían de fuera, pero fue una campaña muy buena. Muchos querían celebrar las fiestas y probar cosas nuevas fuera de la rutina del confinamiento».
En este contexto, y tras varias inversiones en maquinaria y digitalización, el futuro de la compañía pasa por ampliar sus instalaciones, debido a que «el espacio ya se queda corto». Pero más allá de los números, Roberto se queda con lo esencial: «Mis padres me inculcaron el dogma de hacer bien las cosas. Tengo mucha suerte con el grupo humano de las tres empresas y la mayor satisfacción de hacer los aguinaldos es saber que acompañamos a las personas en momentos tan felices».













