«Te vamos a matar». Eso parecían decirle las miradas de los veinte púgiles con los que el pamplonés Andrés Unzué compartía vestuario en el legendario estadio Radjamnern de Bangkok. «Tailandeses, turcos, uzbekos… Igual pensaban que no había peleado ‘kick boxing’ en mi vida, pero analizaba a cada rival y sabía que le podía ganar», rememora para Capital Sport. En su primer combate, noqueó a un iraní de una patada al hígado en el primer asalto. «Así me gané el respeto de todos», sonríe.
Andrés, de 27 años, vivió su infancia entre Mendillorri y Villava, donde estudió en la ikastola Paz de Ziganda. Su afición por los deportes de contacto viene de familia porque sus padres, Luisma Unzué y Lina Casajús, son karatekas de cinturón negro. «Mi madre me llevaba de pequeño a las veladas de ‘kick boxing’ que se celebran en Anaitasuna. Allí empezó todo», recuerda. Antes de enfundarse los guantes, practicó atletismo, pelota y fútbol. De hecho, jugó de extremo izquierdo en el Valle de Egüés, donde destacaba por su velocidad. Pero un entrenador, David Martínez, detectó que su pasión se inclinaba hacia el ring. «Me dijo que me centrara en el ‘kick boxing’ porque cada vez me resultaba más difícil sacar tiempo para todo», relata.
EL ASCENSO
Su formación se consolidó en el gimnasio Kanku de Burlada, dirigido por el célebre José Vicente Eguzkiza. Con solo 16 años ganó su primer campeonato y, entre 2017 y 2021, se proclamó cinco veces campeón de España en la categoría de 60 kg. En 2019 incluso peleó en Galicia contra un rival veinte años mayor. Lo venció por ‘ko’ en el primer asalto, aunque se rompió la mano. «Estuve dos meses escayolado, pero valió la pena», remarca entre risas.
La pandemia no frenó su ascenso. En 2021 viajó a Italia para disputar el mundial de ‘kick boxing’, donde derrotó en semifinales al campeón ruso del año anterior. Desafortunadamente, cayó en la final frente a un luchador bielorruso por un punto. «Solo uno de los tres jueces, el árbitro principal, votó a mi favor. Luego se me acercó y me dijo: ‘No has perdido'». Ese mismo año, fue reconocido como Mejor Competidor de Ring por la Federación Española de Kickboxing y Muay Thai.
En 2022 decidió dar el salto y mudarse a Tailandia, donde peleó en el Radjamnern Stadium, el más antiguo y prestigioso del país. Su rendimiento llamó la atención de la promotora RWS, que le ofreció competir en un torneo élite de ‘muay thai’ en el que apenas participan extranjeros. «Nadie quiere enfrentarse a los tailandeses. Me tocó pelear contra dos campeones del mundo, un tailandés y un israelí. Perdí con los dos, pero aprendí muchísimo», admite con humildad. Andrés se define como un luchador explosivo y resistente. «Tengo mucha pegada, y eso me ha permitido arriesgar y ganar muchas peleas por KO. Además, siempre he podido meterle un ritmo alto al combate porque tenía gran resistencia», explica.
VUELTA A CASA
Tras su etapa asiática, en 2024 regresó a Pamplona. Echaba de menos su tierra. Pero el regreso estuvo a punto de costarle muy caro. Durante el viaje, una herida que tenía abierta en la pierna empeoró y la infección alcanzó la tibia. «Al final todo salió bien, pero estuve una semana ingresado en la Clínica San Miguel. Un entrenador de la selección española me recomendó precaución porque había conocido a luchadores que habían pasado por lo mismo y se habían roto el hueso por no respetar los tiempos de la recuperación», confiesa.
Durante ese tiempo, recibió la llamada de Miguel Ibáñez y Miguel González, fundadores de la cadena Gloves, que le propusieron dirigir el gimnasio de Barañáin abierto por ellos mismos tiempo atrás. «Me dieron libertad total para diseñar la oferta de entrenamientos, tanto de artes marciales como de fitness«, señala. De esta manera, desde el 1 de diciembre del año pasado es el nuevo propietario del centro. Cuando tomó las riendas, el gimnasio contaba con cincuenta socios, mientras que hoy roza el centenar. «Era mi meta para final de año y ya casi lo he conseguido», celebra.
El gimnasio Gloves Barañáin, de unos 100 metros cuadrados, ofrece actividades de fitness, entrenamiento funcional, GAP, fit boxing, yoga, pilates, boxeo, kick boxing y muay thai. «Puede venir gente de todas las edades. Las artes marciales no solo fortalecen el cuerpo, también la mente, además de que se respira muy buen ambiente», afirma. Actualmente, cuenta con una segunda monitora y planea ampliar el equipo.

Este joven villavés ha sido cinco veces campeón nacional de ‘kick boxing’ de manera consecutiva.
Eso sí, pese a su éxito empresarial, Andrés no ha colgado los guantes. «El negocio va tan bien que necesito marcarme un nuevo reto personal. Quiero volver a competir y atraer a más gente al gimnasio», asegura.













