La infancia de Julio García Mendoza está marcada por los raíles, los silbidos de las locomotoras y el ir y venir de pasajeros. Su padre era ferroviario y, con tan solo tres años, llevaba al pequeño Julio a la estación de tren de Alsasua, que caminaba entre máquinas humeantes y conversaciones de desconocidos sin saber que esas vivencias de la niñez se convertirían en una pasión que marcaría el resto de su vida. De hecho, aquella afición infantil acabaría transformándose en su vocación profesional ya que Julio se dedicó al mundo del tren durante 46 años.
En la actualidad, Julio reside en Miranda de Ebro (Burgos), y es el presidente del Museo del Ferrocarril III Generaciones, entidad cultural que divulga la historia ferroviaria. En la misma línea, Alsasua sigue muy presente en su memoria y, décadas después de abandonar la localidad de Sakana, acaba de realizar una pequeña investigación histórica que ha difundido en el grupo de Facebook del pueblo.

De izquierda a derecha: Miguel González, Julio García (padre de Julio) y Julio; subidos en una locomotora.
En concreto, hace dos semanas comenzó a publicar fotografías tomadas en la década de 1950 en las que aparecen cuadrillas de trabajadores que participaron en la renovación de la doble vía entre Alegría de Álava y Vitoria. «Muchos de esos obreros procedían del propio Alsasua. Por eso, decidí compartir las imágenes con un doble objetivo. En primer lugar, para que los vecinos del pueblo me ayudasen a identificar a las personas que aparecen en esas instantáneas. Y, por otro lado, para homenajearles y que su figura no cayera en el olvido», explica Julio.
La respuesta de los vecinos no se ha hecho esperar, hijos, sobrinos o nietos de aquellos trabajadores se han puesto en contacto con Julio y, gracias a la colaboración ciudadana, se han empezado a poner nombres y apellidos a los rostros que aparecen en las instantáneas. La implicación del pueblo está siendo clave para reconstruir esta historia y hasta el momento ya se ha logrado identificar a seis personas. «No es una cifra muy elevada, pero es mejor que no tener nada. Si la gente no colabora, esta página de la historia se quedará en blanco», reflexiona.
El objetivo final de esta curiosa iniciativa es que la labor de aquellos ciudadanos no se pierda en el olvido. Y es que muchos de ellos, humildemente, desempeñaron oficios que fueron fundamentales para el correcto funcionamiento del ferrocarril: maquinistas, revisores, personal de circulación, jefes de estación, telegrafistas, empleados de taquilla, encargados de señalización o enganchadores. Otros participaron directamente en la construcción y mantenimiento de las vías. «Es imprescindible que sus nombres y rostros vuelvan a tener presencia en la memoria colectiva».
ALSASUA, EPICENTRO DEL FERROCARRIL
No es casual que esta historia surja precisamente en Alsasua. Durante décadas, el municipio navarro fue uno de los grandes nudos ferroviarios del norte de España y por su estación pasaban prácticamente todos los trenes que conectaban Irún con Madrid o Zaragoza. «Era una parada obligatoria. Los convoyes se detenían, se cambiaban locomotoras y los viajeros aprovechaban para bajar al andén», recuerda.
El ferrocarril, además, impulsó el crecimiento económico del pueblo. Sin él, defiende Julio, Alsasua probablemente habría sido «un lugar eminentemente agrícola». «Con la llegada de las vías comenzaron a instalarse industrias, como la fundición Fasa o Sunsundegui, que se dedicaba a la reparación de vagones», ahonda.

Una de las cuadrillas de trabajadores de Alsasua que participaron en la renovación de la doble vía entre Alegría de Álava y Vitoria.
El tren, subraya, también generaba empleo indirecto y negocios como la fonda o la cantina de la estación se aprovechaban de ese flujo continuo de viajeros. «Cuando los trenes paraban, se escuchaba la famosa expresión ferroviaria: ‘parada y fonda’. Los pasajeros se bajaban del tren y reponían fuerzas», relata.
Por desgracia, hoy el panorama es muy distinto. Los avances tecnológicos y la construcción de un bypass han desviado buena parte del tráfico ferroviario y muchos trenes que antes paraban en Alsasua ahora pasan de largo sin detenerse. «La estación continúa limpia y cuidada, pero el bullicio de antaño ha desaparecido», lamenta Julio, que observa con cierta tristeza el declive de lo que fue un enclave ferroviario a nivel nacional.
EL FUTURO
La iniciativa, sin embargo, no termina aquí y Julio ya tiene en mente el siguiente paso: publicar nuevas imágenes relacionadas con otra gran obra ferroviaria de la época, la renovación de la vía entre Alsasua e Irún. En aquellos trabajos, según indica Julio, llegaron a participar más de 300 hombres y su intención es repetir el mismo proceso: compartir las fotografías, pedir ayuda a los vecinos y devolver nombre y rostro a quienes construyeron silenciosamente la historia del ferrocarril.

La estación de tren de Alsasua en la década de los 50.
Para reconstruir esa memoria, Julio recurre a distintas fuentes. Algunas fotografías pertenecen a su archivo personal, tomadas cuando era niño junto a su padre o con compañeros ferroviarios. Otras proceden de foros, asociaciones vinculadas al mundo del tren, páginas especializadas como Historia Ferroviaria, archivos históricos como el Archivo Fotográfico de Álava o de la Biblioteca Nacional, de la que es investigador.













