El sol cae con suavidad sobre el área de autocaravanas de Burgui. Los niños corren entre bicicletas y mochilas mientras se acercan a la fuente para refrescarse tras la caminata de la mañana. A pocos metros, sus padres despliegan una pequeña mesa junto al vehículo y preparan la comida con calma. Alrededor, matrimonios jubilados que leen a la sombra, viajeros que consultan mapas y otros que ultiman la ruta del día. Algunos continuarán hacia Roncesvalles cuando baje el calor. Otros esperarán a que el sol se esconda tras los Pirineos antes de seguir su camino. Escenas como esta, cada vez más habituales, reflejan un tipo de turismo que gana presencia en Navarra y que abre una pregunta cada vez más recurrente: ¿está preparada la Comunidad foral para vivir en autocaravana?
En Navarra, el fenómeno cuenta con una comunidad cada vez más organizada gracias a la labor de Tximeleta, la Asociación Navarra de Turismo Autocaravanista. Fundada en 2011, reúne ya a más de 140 socios y promueve la creación de áreas específicas para autocaravanas y asesora tanto a administraciones como a viajeros sobre las necesidades de este colectivo.
Su tesorero, José Luis Menéndez, explica a Vanity que el interés por este tipo de turismo ha crecido con fuerza en los últimos años. «Es un mundo que ha eclosionado tras la pandemia. El número de vehículos ha aumentado mucho y es lógico que algunos municipios no estén del todo preparados para asumir esa afluencia», señala. Aun así, defiende que la presencia de estos viajeros también genera oportunidades para el medio rural. «A veces se nos olvida que los autocaravanistas también consumen en los pueblos. La inmensa mayoría son familias y jubilados o personas mayores que buscan conocer sitios nuevos sin molestar a nadie», remarca.
Actualmente, la Comunidad foral cuenta con alrededor de medio centenar de áreas habilitadas para este tipo de vehículos. Son espacios donde los viajeros pueden estacionar y encontrar servicios básicos, algo fundamental para quienes recorren el territorio sobre ruedas. Entre esas necesidades, Menéndez destaca dos especialmente importantes: disponer de un lugar adecuado para aparcar y contar con puntos donde vaciar las llamadas aguas grises y negras en condiciones higiénicas.
APARCAR Y PERNOCTAR
Uno de los aspectos que más confusión genera es la diferencia entre acampar y pernoctar. Y es que, según explica el representante de Tximeleta, no son lo mismo. «Acampar implica sacar sillas, mesas u objetos por el estilo que indiquen que hay un asentamiento. Si no hay nada fuera, se trata de un estacionamiento, como si estuviera en mi coche», aclara. Por eso, insiste: «No se puede prohibir pernoctar si estás estacionado y no acampado».
Sobre si Navarra está preparada para acoger a estos viajeros, los propios usuarios matizan que la respuesta depende del punto de comparación. En los países del norte de Europa el autocaravanismo está plenamente integrado en la cultura turística y es visto como una fuente de ingresos para las economías locales.
En España, sin embargo, la percepción todavía está cambiando. «En general, el autocaravanismo está bastante estigmatizado. Algunos campings lo ven como una amenaza en lugar de como una oportunidad», señalan usuarios consultados. Al mismo tiempo, cada vez más municipios comprueban que habilitar un área específica puede atraer visitantes que, además de dormir, consumen en bares, restaurantes, tiendas y comercios locales.
En Navarra se vive una evolución similar. Desde Tximeleta destacan la colaboración con el Gobierno de Navarra, especialmente con el Departamento de Cultura, Deporte y Turismo, que en los últimos años ha impulsado mejoras en la regulación y en la calidad de las infraestructuras. «La mayoría de las áreas están bastante bien preparadas, y cuando vienen autocaravanistas de otras regiones suelen quedar muy satisfechos», afirma Menéndez, aunque señala que todavía hay margen para avanzar si se compara con territorios como Cataluña o Castilla-La Mancha.
LAS CARACTERÍSTICAS
Para los viajeros habituales, la clave no está solo en la cantidad de áreas disponibles, sino también en su ubicación y en los servicios que ofrecen. Lo ideal, explican desde la asociación, es que estos espacios se encuentren cerca de lugares de interés turístico o del propio núcleo urbano, de modo que los visitantes puedan conocer el pueblo sin necesidad de grandes desplazamientos.
Además, el terreno debe estar nivelado y asfaltado para evitar el barro cuando llueve, y contar con acceso a agua potable y sistemas adecuados para evacuar las aguas residuales de los vehículos. A partir de ahí, muchos municipios optan por añadir servicios que mejoran la experiencia: baños públicos, bancos y mesas, zonas de sombra, bares o cafeterías cercanas y entornos agradables desde los que comenzar a descubrir el territorio.
Pequeños detalles que, en conjunto, convierten una simple parada en una puerta de entrada al pueblo. Porque para quienes viajan en autocaravana, cada parada es también una oportunidad para conocer un lugar nuevo y, muchas veces, regresar en el futuro.













