jueves, 4 junio 2026

Reivindicar las bisagras

El autor remarca la importancia de las entidades y personas bisagra, que saben identificar puntos comunes antes que diferencias. Agentes que, en el ámbito empresarial, facilitan alianzas, generan sinergias, atraen inversión y hacen posibles proyectos compartidos. "Si Navarra quiere seguir siendo un territorio atractivo para la inversión, la innovación y el talento, quizá el mayor valor de los próximos años no esté en reforzar los extremos, sino en cuidar el espacio común, fortalecer el entendimiento y consolidar un entorno de estabilidad", resalta.


Pamplona - 11 febrero, 2026 - 16:30

Gorka Azpiroz.

Gorka Azpiroz.

Decía Martin Luther King Jr. que «los hombres construyen demasiados muros y no suficientes puentes». La frase, pronunciada en otro tiempo y en otro contexto, describe con precisión el clima que atraviesa hoy buena parte de nuestras sociedades.

En tiempos de polarización creciente, hay figuras y entidades cuyo valor aumenta precisamente porque apenas hacen ruido. No ocupan titulares, no protagonizan enfrentamientos y no viven de la confrontación. Son las bisagras.

Vivimos una época de simplificación extrema. El debate público -también en Navarra– parece moverse cada vez más en los bordes. Las redes amplifican las posiciones más contundentes, los discursos más duros, las diferencias más visibles. La sensación es que todo está dividido en bloques irreconciliables y que el espacio intermedio se ha reducido.

Pero la realidad social y económica no funciona así. Si observamos nuestra sociedad con perspectiva, se parece mucho más a una campana de Gauss que a un campo de batalla. La mayoría de las personas, empresas e instituciones no habitan en los extremos. Viven en la centralidad. En ese amplio espacio que quiere trabajar, emprender, innovar, generar empleo y convivir en pluralidad. Un espacio que entiende que las diferencias existen, pero que no convierte cada discrepancia en un conflicto estructural.

Ya lo advirtió Aristóteles hace más de dos mil años: «La virtud está en el término medio». No como renuncia a los principios, sino como búsqueda de equilibrio y sensatez. Los extremos hacen más ruido. La centralidad construye más estabilidad.

Navarra ha sido, históricamente, un ejemplo de construcción desde el encuentro. Nuestro ecosistema económico y empresarial no se ha desarrollado desde la confrontación, sino desde la colaboración entre actores distintos: empresa privada, administración, centros tecnológicos, universidades y tejido asociativo. Muchos de los proyectos industriales, energéticos y tecnológicos que hoy nos sitúan como una comunidad dinámica nacieron de mesas compartidas, no de trincheras enfrentadas.

La fortaleza de Navarra no ha estado en gritar más alto, sino en generar confianza. Ese modelo, discreto pero eficaz, ha permitido combinar pluralidad institucional con estabilidad y crecimiento económico. Ha funcionado porque ha habido personas y entidades capaces de conectar mundos distintos, traducir lenguajes diferentes y detectar puntos de acuerdo antes que líneas rojas.

Ahí reside el valor estratégico de las bisagras. Una bisagra no es la puerta ni es el marco. No es protagonista visible de la estructura. Pero sin ella, nada se abre. Su función no es imponerse, sino articular. No es destacar, sino sostener.

Las entidades y personas bisagra son aquellas que identifican puntos comunes antes que diferencias, que generan confianza entre actores diversos y que entienden que el progreso colectivo no se construye desde la exclusión, sino desde la suma de lo que nos une.

En el ámbito empresarial, estas figuras facilitan alianzas, generan sinergias, atraen inversión y hacen posibles proyectos compartidos. En el ámbito institucional, representan una forma de gobernanza madura, basada en el diálogo y la gestión eficaz de desacuerdos. Como recuerda Daniel Innerarity, «la política es el arte de gestionar desacuerdos». Gestionarlos es lo que permite que la convivencia, la actividad económica y la seguridad jurídica sean sostenibles en el tiempo.

Conviene no olvidar que, cuando el debate público se convierte en confrontación permanente, el sistema se resiente. Abraham Lincoln lo expresó con claridad: «Una casa dividida contra sí misma no puede sostenerse». Tampoco un territorio puede aspirar a atraer inversión, generar confianza empresarial o impulsar proyectos estratégicos si el enfrentamiento se convierte en método.

SIN ESTABILIDAD, NO HAY CRECIMIENTO SOSTENIDO

Cuando el discurso se desplaza hacia los extremos, no solo se debilita la convivencia. También se erosionan la previsibilidad, la estabilidad regulatoria y la capacidad de planificar a largo plazo. Y sin estabilidad, no hay crecimiento sostenido.

Quizá el gran reto de esta década no sea inventar nuevas fórmulas, sino reforzar aquello que históricamente nos ha permitido avanzar: la centralidad, el diálogo y la cooperación. Dar protagonismo a esa mayoría que apuesta por el entendimiento y por soluciones compartidas.

Navarra tiene tradición, cultura institucional y experiencia para hacerlo. Lo ha demostrado en momentos complejos de su historia reciente. Ha sabido crecer desde la pluralidad, apoyándose en el diálogo como herramienta y en la colaboración como método.

Pero el reto ahora no es solo mantener esa cultura, sino consolidarla como ventaja competitiva. Navarra es tierra de diversidad -política, territorial, lingüística, empresarial y social-. Durante años lo resumimos en un eslogan turístico. Tal vez haya llegado el momento de trasladarlo plenamente a la práctica cotidiana. Ser referentes no solo por nuestros indicadores económicos, sino por nuestra capacidad de entendimiento. Por nuestra forma de generar marcos estables donde las empresas puedan invertir, innovar y crecer con confianza.

Reivindicar las bisagras no es apostar por la tibieza. Es apostar por la estabilidad, por la seguridad jurídica y por la responsabilidad colectiva. Es entender que los avances duraderos no nacen del ruido, sino del acuerdo.

En el ámbito económico, empresarial, social e institucional, la responsabilidad es mayor allí donde existe capacidad de decisión e influencia. El ejemplo importa. El tono importa. El marco que se genera importa. La cultura del encuentro no surge sola: requiere voluntad, coherencia y práctica constante.

Las bisagras no hacen ruido. Pero sostienen estructuras enteras. Si Navarra quiere seguir siendo un territorio atractivo para la inversión, la innovación y el talento, quizá el mayor valor de los próximos años no esté en reforzar los extremos, sino en cuidar el espacio común, fortalecer el entendimiento y consolidar un entorno de estabilidad que permita seguir creciendo.

Gorka Azpiroz

CEO de FreeDom Consulting y director gerente de Muxunav

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