lunes, 16 julio 2018

Iturriaga Brothers S.A.

Escuchándolos, uno podría pensar que está ante una reedición de aquella mítica "extraña pareja" que formaban Walter Matthau y Jack Lemmon. Pero los Iturriaga Brothers, Juanma y Mikel, van más allá de ese estereotipo al uso. Es que ellos son así. El triunfo de la naturalidad.

Jesús Jiménez
Pamplona - 24 marzo, 2018

Los hermanos Mikel y Juanma  Iturriaga.

Los hermanos Mikel y Juanma Iturriaga.

Es una frase recurrente y, por eso, es utilizada en infinidad de situaciones. Sin llegar a la popularidad alcanzada por ese dicho que sentencia que “el fútbol es así”, acudimos raudos a la expresión “el secreto está en la masa” para explicarnos y explicarles a los que nos rodean esas “grandes y pequeñas incógnitas” que forman parte de nuestro día a día y que resultan por la naturalidad con la que acontecen hechos totalmente inexplicables, ilógicos y hasta irracionales.

Por ejemplo. Que lo has dejado con tu ex y no haces más que ver su coche (marca, modelo y color) por todas partes o que vas a una conferencia y el ponente ¡tiene el nombre del municipio donde vive (que ya es casualidad)!… “El secreto está en la masa”… Que siempre que vas a coger un bus urbano falta un minuto para llegar a la parada que tienes más cerca… “El secreto está en la masa”… Que no atinas en el trabajo ni a la de tres y llega la persona con la que no te “ajuntas” y no solo lo hace bien sino que, además, lo hace a la primera… Pues eso… “El secreto está en la masa”.

¿Cuál es, entonces, “el secreto” de los Iturriaga Brothers? Pues tras verlos esta semana en plena actuación, en vivo y en directo, en un encuentro con emprendedores celebrado en CEIN, se puede concluir que su “mojo” (en feliz expresión de Austin Powers) es que no hay “mojo”. Que no hay secreto, vamos. O dicho de otro modo. Que ellos son así. El triunfo de la naturalidad.

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Juanma Iturriaga en CEIN.

Y eso no solo lo han logrado en su puesta de largo. También ha impregnado uno de sus últimos proyectos por los que uno de ellos, Mikel, ha sido y es reconocido: “El Comidista”. Así que, como el tema va de gastronomía y de entender y explicar el éxito de este fenómeno culinario, no se me ocurre mejor idea que tratar de trasladarlo a todos ustedes como si estuviéramos “deconstruyendo” una de esas míticas recetas del no menos inmarcesible Ferrán Adriá. Vamos a ello.

INGREDIENTES

Según sus autores, para hacer un buen “El Comidista” se necesita:

  • Un objetivo claro y bien definido
  • 1/4 y mitad de pesimismo bien asimilado en pequeñas proporciones “para no perder la cabeza”.
  • Un buen chorro de credibilidad aliñado de rigurosidad y paciencia “la madre de la ciencia”.
  • Dos medias de cierto estilo y un mínimo de conocimiento en materia de diversión y entretenimiento (abstenerse sin sustancia). Aquí cabe la variante “navarra” si añadimos el ingrediente conocido como “rocero”. Por cierto, este ingrediente es muy importante en el caso de los Iturriaga Brothers porque, visto su dominio del escenario, aquí van muy bien dotados.

Finalmente, equipo, escucha, cierta tolerancia a la crítica, criterio y fidelidad a la idea original actuarán como complementos de todo lo anterior.

MODO DE ELABORACIÓN

Reunidos todos los ingredientes antes mencionados, la receta no puede ser más sencilla y, a la vez, más apetitosa. Empecemos.

Dejamos a un lado a “hola soy Juanma y soy un mito deportivo de este país” y cogemos a una persona, Mikel (en este caso) fuertemente influenciada por su formación eminentemente jesuítica al que siempre le había atraído el periodismo pero nunca había pensado vivir de ello.

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Mikel Iturriaga, “El Comidista”.

Se le agita fuertemente gracias a sus experiencias vitales adquiridas en El País, Canal+, Telemadrid o la SER hasta que se da cuenta de que existe entre una de sus aficiones, la gastronomía, un “hueco” siempre y cuando se ofrezca un contenido más cercano y, en cierta forma, desenfadado.

Dicho y hecho. Como no hay edad para empezar en esto del emprendimiento, nuestro protagonista “cerca ya de la ancianidad” -según propia confesión- diseña un producto fresco, sencillo, novedoso (no nos atrevemos a decir “rico, rico” pero casi) al que añade la credibilidad, la rigurosidad y la paciencia necesarias para que se cree una línea de estilo a la que se avienen las marcas así como un público cada vez más fiel y numeroso.

El guiso ya está a punto. Solo falta el toque final de un equipo comprometido y que comparte la visión de un “chef” que, por otro lado, remata su obra con un poco de criterio, fidelidad, escucha, cierta tolerancia a la crítica y crecimiento orgánico bien pausado a fuego lento.

Así llegamos al resultado final emplatado y para su disfrute. Una buena ración de “El Comidista” a las finas hierbas. Que lo disfruten todos ustedes.


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