viernes, 23 febrero 2024

Javier y Jesús Pérez, el valor del servicio

Los hermanos Javier y Jesús Pérez recibieron recientemente el Premio al Relevo Generacional concedido por la Asociación Empresa Ribera. Hace casi veinte años asumieron la gestión de la empresa que fundó su padre, dedicada al mantenimiento industrial, y desde entonces han diversificado la actividad con la premisa de ofrecer un servicio de calidad a sus clientes. Después de introducirse con éxito en el mundo de la automatización, ahora están formando a sus empleados para desembarcar en la robótica.


Tudela - 22 octubre, 2022 - 00:02

Los hermanos Javier y Jesús Pérez Apesteguía llevan casi veinte años gestionando la empresa. (Fotos: Maite H. Mateo)

Perap Mantenimientos Industriales nació en 2012 a partir de la empresa Electricidad Neumática JP, cuando sus propietarios dividieron el área de negocio de distribución de producto (JP) y la de instalaciones y mantenimiento industrial (Perap). Los inicios del negocio se remontan a 1970, cuando Javier Pérez Pérez, padre de Javier y Jesús, comenzó a realizar instalaciones eléctricas en general. «El taller estaba en lo que había sido un gallinero en casa de nuestro abuelo materno, en Tudela. Una de las primeras cosas que tuvieron que hacer fue el suelo de cemento, porque era de tierra. La obra la hicieron ellos, claro», recuerda Jesús, que es quien lleva la voz cantante. Javier dice que prefiere que sea así.

«Empezó desde abajo, cualquier encargo que recibía venía bien. Fue prosperando a base de trabajar todo el día y muchas noches para poder cumplir con los clientes. Esa es una de las lecciones que nos transmitió porque, desde pequeños, vimos el valor del servicio, lo interiorizamos y también lo transmitimos a nuestro personal», explica Jesús mientras su hermano hace gestos de asentimiento y se anima a tomar la palabra cuando les preguntamos por recuerdos de aquel taller primitivo: «Era nuestro lugar favorito, allí aprendíamos jugando, montando y desmontando cacharros… Sacábamos las bolas de los rodamientos, no podías jugar con ellas pero nos servían para pagar cuando perdías a las canicas. Incluso las metíamos en gasolina para que brillaran. ¡Eran las mejores de Tudela!», dice mientras Jesús ríe al escuchar su comentario.

Hacia 1980, la empresa empezó a ofrecer servicios como almacén de material eléctrico y neumático, y fue derivando hacia el mantenimiento industrial. Creció y, en 2001, se trasladó a sus actuales instalaciones en el polígono Las Labradas. Para entonces ya formaban parte de la plantilla. «Ni nos planteamos qué íbamos a hacer, es que tenías el negocio ahí, estaba clarísimo», remarca Jesús, que se licenció en Ingeniería Técnica Industrial por la Universidad de Zaragoza. Javier, sin embargo, no hizo estudios secundarios. «Terminé la carrera en 1991 y tuve opciones para quedarme en la universidad, pero para mí era evidente que mi puesto estaba aquí, es que ya no era solo el taller que montó mi padre para salir adelante y darnos un futuro. Pasa a ser un objetivo de toda la familia, nuestra forma de vida«, apunta el primero. Por eso, vieron su incorporación a la firma como algo natural, no hubo que celebrar una especie de consejo familiar para tomar la decisión.

«La sociedad ha cambiado. No es mejor lo que se hace hoy, sino que lo anterior no funcionaría ahora».

Tampoco resultó compleja la sucesión al frente del negocio. Jesús ingresó en la empresa en 1992 y Javier tres años después. Fueron asumiendo responsabilidades que, llegado el momento, facilitaron el traspaso de poderes. Aunque todo se precipitó en 2001 porque falleció su madre, Angelines Apesteguía. «Se ocupaba de la contabilidad, era fundamental en la organización y por supuesto en casa. Mi padre tuvo también una enfermedad larga, estuvo bastante desconectado más de un año y, cuando volvió, empezó a ver las cosas de otra forma. Todo era más complicado, comprendió la situación y en 2003 supo dar un paso a un lado», indica Jesús, quien explica que «la visión sobre cómo hacer las cosas es muy diferente porque la sociedad ha cambiado». «No es mejor lo que se hace hoy, sino que lo anterior no funcionaría ahora«, agrega.

Jesús Pérez, con dos trabajadores de Perap en una sesión de formación de la empresa.

Tras el relevo nació Perap Mantenimientos Industriales, con un catálogo que incluye el diseño propio de armarios eléctricos, instalaciones eléctricas y mantenimiento, reparación de maquinaria, instalaciones de aire comprimido y automatización industrial. «Quizá es lo que nos diferencia porque en instalaciones eléctricas realmente hacemos lo mismo que el resto, ¡pero con mayor calidad!», resalta Javier provocando la carcajada de su hermano. «La mayoría no llegan a nuestra capacitación técnica en automatizaciones», añade este último. Como sucede con cualquier otra de sus apreciaciones, la plantean con tal naturalidad que en absoluto suena presuntuosa. No se quedan ahí, ya han comenzado a dar pasos por el camino que los llevará a la robótica. «Estamos formados en tres fabricantes punteros de robots (UR, Omron y Fanuc) y la previsión es formarnos en otras dos marcas (Kuka y Yaskawa) para dar ese servicio a las empresas de la zona que los tienen y necesitan repararlos, adaptarlos o cambiarlos», adelantan.

Nos llama la atención el hecho de que, siendo una pequeña empresa, den una importancia capital a la formación. De hecho, disponen de un aula perfectamente equipada en la que Jesús imparte clases a sus empleados y, si se tercia, también a los de otras empresas. Los dos hermanos superponen argumentos que justifican la apuesta por la formación continua. Defienden que es imprescindible porque hay ámbitos de su trabajo, como la automatización, que evolucionan constantemente y obligan a estar al día para prestar el mejor servicio posible a los clientes. «También porque es una forma de mantener a un trabajador en la plantilla. Antes se hacía con dinero, hoy la gente también busca eso, pero mucho más una calidad de vida, la formación que le puedas dar o lo contento que esté en el trabajo». «Lo más importante que tenemos es el capital humano. Lo es en todas las empresas pero en una como la nuestra, que ofrece servicios externos, todavía más. Los salarios que podemos pagar son limitados porque repercuten en un precio por hora que tiene que poder pagar el cliente. Tenemos las manos bastante atadas. Entonces ¿qué puedes dar a la gente? Calidad, y una de las formas de darle calidad es con la formación», subrayan.

Esa vocación de servicio al cliente la mantienen incluso en circunstancias tan poco favorables como las actuales. «Cuando nos encargan un trabajo la prioridad no es ganar dinero. Tenemos que cobrarlo, claro, pero la prioridad es poder cumplir unos plazos e intentar respetar el precio acordado», sostienen. Algo que resulta difícil estando como está el mercado, con alzas en los costes que no siempre han reflejado en la factura, confiesa Jesús, entre otras cosas porque el objetivo es fidelizar a la clientela por delante incluso de un posible aumento rápido de la facturación.

«Uno puede ser el mejor del mundo en su oficio, pero si va a generar malestar en la empresa no lo queremos».

Está claro que mantienen los pies en el suelo. «No buscamos un crecimiento exponencial, vamos pasito a pasito«. Por eso su plantilla, aunque aumenta, lo hace poco a poco. Ahora Perap da empleo a once personas. Han trabajado en el extranjero, concretamente en México, Alemania, Rusia o República Checa, de la mano de fabricantes, sobre todo del sector auxiliar de la automoción. A estos les programan las máquinas que venden en esos países, pero fundamentalmente se mueven en un radio de 50 kilómetros alrededor de Tudela. «Cuando empezaron las dudas con los motores y todo lo del coche eléctrico, hubo un parón de inversión en la automoción, que no tenía claro por dónde tirar. Luego vino el Covid-19 y la guerra en Ucrania, con sus crisis, el desabastecimiento y la subida de los precios… Nos adelantamos un poco a todo eso e hicimos una labor comercial dirigida al sector agroalimentario», detalla Jesús. «Y fue un acierto, vamos tirando adelante bastante bien», remacha Javier.

90 KILÓMETROS QUE SON MUCHOS MÁS

Eso de centrarse en Tudela ¿no condiciona su actividad? Se lo preguntamos porque otros empresarios de la Ribera suelen decir que la distancia a Pamplona es un problema, tanto logístico como a la hora de realizar gestiones con la administración o de relacionarse con clientes. Que son 90 kilómetros que, en realidad, se multiplican. Los hermanos Pérez afirman que algo de eso hay, y agregan otra razón más: «Estamos en el convenio del metal de Navarra y en una zona fronteriza con La Rioja y Aragón, que tienen los suyos y son bastante más bajos. Es verdad que no es igual el coste de vida en cada comunidad, pero no acabamos de comprender esas diferencias tan grandes en los convenios que luego se reflejan en el coste por hora que tenemos que cobrar. Nos resulta difícil justificarlo. De hecho, grandes fabricantes de maquinaria y de robótica de Pamplona me han dicho que miran hacia el País Vasco porque es imposible competir por precio con Zaragoza«, expone con cara de preocupación Jesús.

Aunque su actividad se centra sobre todo en la Ribera, la empresa también ha realizado trabajos en el extranjero.

Aunque su actividad se centra sobre todo en la Ribera, la empresa también ha realizado trabajos en el extranjero.

Colaboran con el Centro Integrado de FP ETI, de Tudela, concretamente con su área de automatización, acogiendo alumnos en prácticas. «Algunos despuntan y los incorporamos a la plantilla», con la que mantienen una relación «personal y muy cercana». «Es que son nuestros compañeros, pasamos con ellos más tiempo que con nuestras familias», indican dando pistas sobre su forma de dirigir el negocio.

«Estamos renunciando a bastantes trabajos, en fin de semana o nocturnos, por no quemar a la nuestros empleados», asegura Jesús Pérez. «Valoramos mucho que nuestro personal se encuentre a gusto, y ellos también lo valoran», insiste su hermano. «Nos gusta contratar gente recién salida de la ETI e ir luego formándoles sobre nuestra forma de hacer las cosas», precisa Jesús, quien añade que también consideran muy importante la relación de cada uno con sus compañeros. «Puede ser el mejor del mundo en su oficio, pero si va a generar malestar en la empresa no lo queremos».

«La relación con la plantilla es personal, muy cercana. Son nuestros compañeros, pasamos con ellos más tiempo que con la familia».

¿Simples palabras? No lo parece. Cuando recogieron el Premio al Relevo Generacional que les concedió este año la Asociación Empresa Ribera (AER), quisieron estar rodeados de todos los componentes de la plantilla de Perap, a los que dieron las gracias uno a uno. En su emotivo discurso de agradecimiento, Javier también recordó a sus padres citándoles no por su nombre, sino de la forma que les llamaban en la empresa: jefa y jefe.

Para terminar la entrevista, nos interesamos por sus planes para el futuro. Ya nos han adelantado que irá por el lado de la automatización y la robótica, quizá tengan por ahí algún proyecto… Dudan un instante y finalmente Jesús revela que desde hace algún tiempo barajan la posibilidad de dar formación a empleados de otras empresas. «Pero aún no tenemos claro cómo enfocarlo. Los alumnos salen muy bien formados de la ETI en el aspecto teórico, pero como es lógico no tienen práctica. El problema es que no todas las empresas tienen a alguien con el tiempo y la capacidad para completar su preparación. Creo que ahí podríamos aportar bastante, por ejemplo, una buena cualificación para llevar el mantenimiento de una empresa. Lo que pasa es que en el día a día es difícil sacar tiempo para prepararlo. La verdad es que ya hemos dado algunos cursos y formación y han sido un éxito», comenta Jesús, que ha hecho de profesor y reconoce sonriente que le gusta. Además, se trata de una actividad que responde a su firme creencia en el poder de la colaboración entre empresas.

Cuando empezamos a recoger nuestras cosas, piden una prórroga para recordar «a quienes nos faltan». «Evidentemente a nuestra madre y a esos compañeros que ya no están, por jubilación o porque han fallecido». Hay un vídeo en la web de AER, grabado con motivo de la entrega del galardón, en el que Javier alude a un trabajador fallecido, llamado Fernando, pero no puede terminar la frase mientras su hermano evita mirar a la cámara porque están a punto de saltársele las lágrimas. Lo comentamos y nos confiesan que fue una persona que significó mucho para ellos. «Le dije a Javi que no dijera nada porque íbamos a emocionarnos», admite mirándole con cariño. «Ya, pero teníamos que hacerlo”, le responde su hermano.

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