lunes, 8 marzo 2021

Jesús María Sos, la iniciativa más edificante

Desde la Presidencia, Jesús María Sos 'dio la vuelta' al Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Navarra, aunque insiste en que el mérito es colectivo. Además, fue nombrado presidente de la aseguradora Musaat, donde ha incorporado el 'Big Data' a la gestión, e incluso promovió la Unión Interprofesional de Navarra. En su diccionario personal, no existe la palabra ‘conformismo’.

Miguel Bidegain
Pamplona - 20 febrero, 2021

Entrada patrocinada por Banco Sabadell

Jesús María Sos cree que la profesión de arquitecto técnico sigue teniendo un gran futuro. (Fotos: Maite H. Mateo)

Nieto e hijo de tafalleses, ha seguido la costumbre familiar y siempre ha vivido en la ciudad, tanto por motivos sentimentales o de arraigo a la tierra como por razones prácticas: “Hasta que empecé a moverme en un entorno más institucional, he ejercido exclusivamente como profesional liberal en Tafalla y en los pueblos de alrededor. He sido arquitecto técnico rural y aquí estoy cómodo. Mi mujer es de Pamplona pero cuando nos casamos, hace veinte años, vino a Tafalla”. Jesús María estudió en los Escolapios y luego en el Instituto, “como casi todos”. Después obtuvo la licenciatura en Arquitectura Técnica en la Universidad de Navarra. “Siempre me ha gustado la actividad del mundo de la construcción, me transmite energía”.

A los profanos, la arquitectura técnica a veces nos parece una pariente pobre de la arquitectura, pero Jesús María Sos enseguida hace ver que no es así. “El arquitecto se dedica a proyectar, pero quien lleva esas ideas a la práctica es el arquitecto técnico. La arquitectura es el arte de proyectar y construir edificios. Es decir, un proyecto no es en sí mismo arquitectura, porque no hay arquitectura si no hay edificio. Nosotros nos encargamos de que haya edificio. La ley nos atribuye la responsabilidad del control técnico y económico, y eso es fundamental. El arquitecto centra su atención en el aspecto artístico, y eso es muy importante, pero el arquitecto técnico tiene los pies sobre la tierra. El edificio no es una escultura, tiene que funcionar. Nosotros ponemos ese contrapunto de sensatez y cordura. Ojo, que no estoy diciendo que sean unos insensatos”.      

“Siempre me ha gustado la actividad del mundo de la construcción, me transmite energía”.

Debe de tener una gran capacidad de iniciativa, porque Jesús María fue elegido presidente del Colegio de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Navarra. “Y la verdad es que le hemos dado la vuelta a la institución en este tiempo”, señala utilizando el plural para demostrar que es un mérito colectivo.

“Lo hemos modernizado por completo y, ahora mismo, en el panorama nacional somos el Colegio referente en cuanto a calidad y cantidad de actividades organizadas, servicios ofrecidos…”. Por ejemplo, durante el confinamiento programó un gran número de cursos de formación online a través de una plataforma colaborativa a la que, por cierto, fueron sumándose otros colegios de regiones limítrofes. “Comenzamos a ofrecer a nuestros colegiados la oferta formativa de otras entidades colegiales. Los diez cursos iniciales que proporcionábamos se convirtieron en treinta. Así, todos eran viables, al haber más alumnos se abarataron los precios de las matrículas y se podía acceder a mejores ponentes. Ese aumento del nivel atraía a otros, todo se retroalimentó. Total, que ahora ya estamos 48 colegios de toda España en esa plataforma colaborativa”.

UNA PROFESIÓN, VARIOS NOMBRES

Por cierto, ¿hay alguna diferencia entre un aparejador y un arquitecto técnico? “La profesión cambió de nombre a mediados de los 70. De hecho, colegiados con un título que ponga aparejador hay ya pocos y tendrán más de 80 años. En ejercicio somos ya todos arquitectos técnicos”. ¿Y entre un arquitecto técnico y un ingeniero de edificación? “Hay una profesión regulada, la de arquitecto técnico, y varias titulaciones que dan acceso a esa profesión regulada. Una es la propia de arquitecto técnico, otra la de ingeniero de edificación y hay más, porque las universidades tienen libertad para denominar a sus títulos como consideren oportuno. Si cumplen con el plan de estudios, esa titulación tendrá acceso a la profesión regulada, y lo normal es que, independientemente de la titulación que se tenga, se firme como arquitecto técnico”.

Además del Colegio, Jesús María Sos preside Musaat.

Jesús María Sos también preside desde 2019 Musaat, una mutua de ámbito nacional, que se ha extendido a Francia y Portugal y que nació para asegurar la responsabilidad civil de los arquitectos técnicos en el ejercicio de la profesión. Desde que la dirige, la organización se ha abierto a otras profesiones “porque en las entidades aseguradoras el tamaño importa”.

“La legislación actual y la normativa, cada vez más complejas, suponen un problema para las pequeñas. Va a ocurrir como con los bancos, esa serie de fusiones y absorciones que han dado lugar a su concentración”, precisa. Ahora, Musaat asegura también a ingenieros industriales, a ingenieros agrónomos, a secretarios e interventores de ayuntamiento… “Ya es una mutua grande, muy potente y solvente, bien considerada”.

“En el panorama nacional somos un Colegio líder en cuanto a actividades, servicios…”.

Le pedimos que nos explique cómo un arquitecto técnico acaba presidiendo una aseguradora, dos ocupaciones que no parecen tener nada en común. “Entré como consejero; después asumí la vocalía de asuntos económicos y financieros; me formé en ese ámbito, que me ha atraído desde que era un niño; y también me he preparado en seguros”. Lo haría muy bien en su vocalía porque, hace año y medio, el Consejo de Administración de Musaat le propuso por unanimidad ser el nuevo presidente de la mutua. Y eso que era el vocal más joven… “Me sentí muy satisfecho”, dice con una tímida sonrisa.

Recorremos terrenos que desconocemos, así que le pedimos que nos guíe. ¿Por qué un colegio profesional funda su propia aseguradora? Muestra su faceta docente para informarnos que a los arquitectos y arquitectos técnicos les corresponde la dirección facultativa de la obra, por lo que las cantidades que pueden reclamárseles, si surgen problemas, son elevadísimas. Ahí es donde entra en juego el seguro de responsabilidad civil: “Como profesional, ofrezco un servicio y una garantía ante un posible problema. Sin esa garantía, no hay ejercicio profesional posible. Teniendo en cuenta las cuantías, pretender no contratar una póliza de responsabilidad civil significa responder con el propio patrimonio ante una eventual reclamación, lo cual en la práctica es inviable. Si no tiene un seguro de responsabilidad civil, un profesional no está ofreciendo un servicio responsable y adecuado”.

‘BIG DATA’ SEGURO

Si bajo su presidencia el Colegio ha pasado a ser la referencia, tampoco parece que su gestión en Musaat vaya a ser continuista. Su propuesta fue la de profesionalizar la mutua y, con ese objetivo, captó a un director general experimentado y con alta consideración en el sector a nivel nacional, Javier Vergés, al tiempo que se adoptaban medidas para impulsar la digitalización de la aseguradora“En el sector asegurador, el ‘Big Data’ es fundamental”. Acto seguido, y sin necesidad de planteárselo, aclara que se trata de establecer una prima acorde al riesgo asumido al asegurar la responsabilidad civil de cada mutualista. Así se está haciendo ya con muchos seguros de coche, en los que se ajustan las primas a los kilómetros que circula. “La prima tiene que ser completamente individualizada porque cada mutualista es un mundo”.

“De tener 150 alumnos de Arquitectura Técnica, pasamos a tener catorce o quince por la crisis de 2008”.

El presidente de Musaat profundiza en su análisis: “Cada mutualista introduce un riesgo muy concreto en la mutua y la prima tiene que responder exactamente a ese riesgo. De lo contrario, estaríamos cobrando de menos a unos y de más a otros, seríamos vulnerables porque a quien cobremos de más se irá con la competencia y nos quedaremos con los que cobramos de menos, con mayor riesgo para la compañía, claro. Para eso tenemos que conocer al mutualista al máximo. Ya teníamos una cantidad de datos enorme, no hay otra aseguradora que tenga una base como la que tiene Musaat. Y el ‘Big Data’ nos permite procesarlos y hacer una estimación concretísima del riesgo que supone asegurar cualquier obra dirigida por un mutualista”. La experiencia que ya tenía en el aseguramiento de los arquitectos técnicos puede extrapolarla ahora al resto de colectivos a los que se ha abierto.  

También fue profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra.

No conforme con todo eso, fue el promotor de la Unión Interprofesional de Navarra, que engloba a todas las profesiones colegiadas, más de veinte en total, desde las del sector sanitario al jurídico-económico, pasando por las profesiones técnicas. Buscábamos que la Administración tuviera un interlocutor único, señala utilizando de nuevo el plural.

Desde que se creó en 2011, fue su residente hasta que tomó las riendas de Musaat. “Ya no me daba la vida y creí que era el momento de dejarlo”. Otra vez nos pilla en fuera de juego, porque desconocíamos la existencia de la Unión Interprofesional, pero nos echa un capote: “La verdad es que no nos hemos prodigado en los medios. Voluntariamente, hemos querido tener un perfil bajo… No sé, quizás por mi forma de ser buscaba tener una relación más tranquila con la Administración. Es que eso de reunirte con no sé quién y salir a continuación a proclamarlo puede ser contraproducente. El político se siente más cómodo cuando habla con alguien que sabe ser discreto, que no va a continuación a los medios de comunicación a contarlo todo”.

Nos interesamos por el estado de la profesión de los arquitectos técnicos, claramente afectada por la crisis económica de 2008. De hecho, la Universidad de Navarra dejó de impartir la titulación en 2015, de la que él era profesor asociado. “La gente estudia aquello en lo que ve expectativas de futuro. Y los estudiantes que empezaron en 2006 lo hicieron en medio de aquella locura. Se edificaba mucho y todo se vendía, pero acabaron la carrera en 2011 y se encontraron con el sector hundido, con un profundo desajuste entre expectativas y realidad. De ser la carrera más demandada y con menos paro, se convirtió en un título sin aparentes salidas profesionales. Yo veía que cada año bajaba el número de alumnos que tenía en clase, de 150 pasamos a tener catorce o quince”. Jesús María afirma que si experimentar la falta de trabajo fue duro, ver el declive a través del descenso del alumnado le añadía una frustración extra. Pero, como casi todo es cíclico, la construcción reverdeció y los arquitectos técnicos han vuelto a trabajar. “El que parecía el peor momento era el más adecuado para ponerse a estudiar Arquitectura Técnica”.

El caso es que escasean las nuevas colegiaciones y la pandemia ha vuelto a ensombrecer el panorama. Pero él no se desanima: “El mercado se adapta, son ciclos. Está cerca el momento en el que se vuelva a estudiar Arquitectura Técnica y aumenten los colegiados”. Quizás ya tenga en mente alguna iniciativa para lograrlo.

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