viernes, 27 noviembre 2020

Patxi Chocarro solo se casa con la arquitectura

El nuevo decano del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro accede al cargo con el propósito de devolver la dignidad a una profesión que reivindica de forma apasionada y que, a su juicio, se ha degradado de una forma "terrible". Con él repasamos los problemas y grandezas de un oficio muy vocacional, que tiene en Navarra a grandes referentes, y descubrimos infinidad de curiosidades de su vida y su familia, regada de arquitectos.

Miguel Bidegain
Pamplona - 17 octubre, 2020

Entrada patrocinada por Banco Sabadell

Patxi Chocarro, en el despacho que comparte con su esposa, también arquitecta. (Fotos Ana Osés)

“Me he dedicado a bastantes cosas, sobre todo de joven. Era fotógrafo, hice incluso un largo, una película con Francisco Avizanda, he sido campeón de España de judo y soy cinturón negro tercer dan…”. Actividades variopintas, aunque la principal ha sido siempre la arquitectura y el urbanismo, que Patxi Chocarro cree “llevar en la sangre”.

Su abuelo era constructor y su padre, aparejador. “Tenía auténtico frenesí y devoción por la obra. Se murió con 90 años, pero hasta los 85 ahí estaba. Teníamos a una becaria aparejadora que le acompañaba porque a esas edades…”. Pero es que, además, “tengo como socia y sin embargo esposa a una arquitecta, María Urmeneta, cuyo padre, Ramón, fue mi profesor de Construcción en la Escuela de Arquitectura. Tuve mucha suerte porque era un hombre enciclopédico, un sabio. Hice una serie de trabajos con él y hasta ganamos un concurso bastante importante en el Señorío de Bertiz. Fue un auténtico lujo tenerlo de maestro en la propia obra”.

“Tengo como socia y esposa a una arquitecta, María Urmeneta, cuyo padre, Ramón, fue mi profesor de Construcción en la Escuela de Arquitectura”.

Desde el principio de la entrevista Chocarro se muestra locuaz, simpático y empático, haciéndonos partícipes de unas vivencias y reflexiones que expone de forma sincera, en unos casos con crudeza y en otros de forma divertida. Como cuando recuerda que en un trabajo coincidieron su padre, aparejador; su suegro; su mujer; y él. Unos ejercían como arquitectos y otros como directores de obra. O al señalar que comparte profesión con su hermano menor: “No sé cómo se metió en esta carrera. Dormíamos en el mismo cuarto y veía que me iba a la cama a las 4 o las 5 de la mañana porque estaba ahí estudiando, dibujando”. Ah, una de sus hijas también es arquitecta.

En su casa nadie le sugirió que se dedicase a la profesión. “Tampoco es que fuera una vocación clara, más que nada esa vivencia familiar y que tampoco había otra cosa que me apeteciera. Bueno, quizás INEF porque había destacado como deportista”. Eso le lleva a contarnos que, en 1974, participó con la selección española en Bruselas en los campeonatos del mundo universitarios de judo, consiguiendo la medalla de bronce por equipos por detrás de Japón y Yugoslavia y empatados con la URSS. “Aquello fue un hito. Fíjate, cuatro países y dos ya no existen”. Pero no le atraía profesionalmente: “Me parecía más interesante lo que veía, obras para arriba y para abajo”.

“El nivel arquitectónico de Navarra es el más notable. De hecho, aportamos excelencia y los vascos la potencia”.

ELEGIDO POR SUS COMPAÑEROS

Durante mucho tiempo participó intensamente en la actividad de la delegación navarra del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro. “Seguramente porque a Ramón Urmeneta le parecía importante que el colectivo estuviese coordinado y unido. Nunca quiso ser presidente, pero sí formó parte de varias juntas. Yo estuve de vocal en la junta de Navarra hace veinte o veinticinco años cuando era presidente Patxi Alcalde, un arquitecto que ha sido un magnífico calculista con patentes industriales importantes”, rememora. Cada recuerdo le lleva a otro, avanzamos en su biografía dando curvas muy amplias, pero le escuchamos con gusto porque todo lo que dice tiene interés y, además, es ameno.

Chocarro es el nuevo decano del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

Chocarro es el nuevo decano del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro.

Probablemente se reste méritos cuando dice que llegó a la Presidencia de la delegación navarra del COAVN porque la Junta temía que no hubiera voluntarios, “para un cargo que no es remunerado y da muchos quebraderos de cabeza”, o que hubiera alguno “y saliera rana”. Así que le pidieron que se presentara. Lo eligieron y estuvo en el cargo los tres años del mandato.

“En teoría iba a repetir. Pero como se retiró la decana del COAVN, la Junta pensó que sería bueno que el decano pasara a ser un navarro. Solo ha habido uno y medio antes porque Manolo Sagastume es guipuzcoano, aunque estudió y ha vivido aquí. Total que ganamos con un apoyo muy importante, casi de Corea del Norte. En el fondo no dejamos de tener un punto de periféricos con respecto a Vizcaya y, además, el decanato está en Bilbao, aunque el nivel arquitectónico de Navarra es el más notable. De hecho, aportamos excelencia y los vascos la potencia”.

“Casi todos, en casi todas las profesiones, nos hemos devaluado, sobre todo desde 2008. Y en la arquitectura, mucho más”.

Chocarro señala que ha aceptado “el lío este del decanato” porque está “al final” de su carrera profesional y tiene “menos lastres”. “Ni debo nada ni me deben nada, me siento más libre que lo que pudiera sentirse otro. Si voy a hablar con los políticos, les digo todo lo que tengo que decirles”, sentencia.

Entonces interrumpe la frase con una suave risa y añade que, cuando resultó elegido como decano, sus colegas lanzaron la siguiente frase: “Tenemos un presidente que no se casa con nadie”. En otro de esos ‘por cierto’ que menudean en la conversación, comenta que le resulta llamativo cómo el órgano colegial de los arquitectos es una de las pocas entidades que aún conservan la denominación vasco navarro. Algo que le parece “estupendo” porque “reafirma” a la entidad navarra. “No hay ningún colegio en toda España que represente a dos comunidades ni ninguno que siga siendo el mismo desde hace 90 años. El de Andalucía de disgregó, los castellanos de aquí para allá…”.

En el estudio, María Urmeneta se dedica más al urbanismo y Chocarro, a la edificación. “Hemos hecho cosas bastante singulares, con la satisfacción de que han sido reconocidas. Nos han dado premios y hemos trabajado con muchísima intensidad. Hombre, no nos hemos forrado, pero hemos vivido de una forma bastante digna, cosa que ahora no sucede”. ¿Por qué? Se apoya sobre la mesa, adelantándose como para desvelar un secreto que en realidad es una evidencia: “La diferencia está en que antes acabábamos, te pagaban y ya está. Pero esto ha ido degenerando, degradándose de una forma terrible. Casi todos, en casi todas las profesiones, nos hemos devaluado, sobre todo a partir de 2008. Y en la arquitectura, mucho más”.

“Tenemos una formación técnica, humanística y artística que no tiene nadie más, es una carrera que creo que mucha gente no podría hacer”.

Sobre todo, culpa a las administraciones públicas por hacer unas licitaciones en las que solo se valora el factor económico. “Como si fuera el suministro de furgonetas para no sé qué, cuando están comprando un valor intelectual que, además, va a ser el chocolate del loro en el importe total de una obra. Así que se presentan unas bajadas terroríficas y escogen la peor idea por el precio, que además luego no es el real porque es imposible. Es como si, en una oposición, el que se ha quedado el veinte dice: ‘Oye, yo voy a cobrar 10.000 euros al año si no te importa’. ¡Hala, pues pasa el primero! Qué aberración, ¿no? ¡Pues eso es lo que pasa en este momento con la arquitectura!”

Pero su crítica no termina ahí e insiste en reivindicar unas condiciones dignas para el sector: “La administración está admitiendo algo que tiene mecanismos para evitar. Así el 75 % de los colegiados facturaron en 2019 menos de 25.000 euros. Pero el arquitecto sigue siendo generoso y se presenta a los concursos, que requieren un esfuerzo descomunal y no recibes ninguna recompensa si no ganas. Y lo normal es que no ganes”. El Colegio ha negociado y, en ocasiones, ha conseguido que se premie a los finalistas, como por ejemplo sucedió con el edificio de Ciencias de la Salud de la UPNA, pero es la excepción. Aunque no eleva el tono en su apasionada defensa de la profesión, Chocarro sí ha sido vehemente: “Es algo que me pone de los nervios. ¡Oye, ya os vale!”, confiesa a modo de excusa.

“En una obra coincidimos mi padre, aparejador; mi mujer y mi suegro, que también son arquitectos; y yo”.

Era, junto a la ingeniería y la medicina, una de las profesiones más prestigiosas y respetadas, sinónimo de un alto estatus social. Aunque advierte de que la imagen que a menudo se tiene de los arquitectos es errónea. 

“Trabajamos mucho, sin importar las horas que haya que meter. Lo que queremos es hacer un buen proyecto y que acabe bien la obra, sin mirar demasiado si eso se refleja o no en los honorarios que nos van a pagar. Es una profesión muy vocacional”. Eso sí, presume con orgullo de que tenemos una formación técnica, humanística y artística que no tiene nadie más”. Él lo tiene claro: “Creo que mucha gente no podría hacer esta carrera porque es muy, muy dura. Abarca todos los ámbitos, desde el cálculo de las estructuras a las instalaciones, además del concepto arquitectónico y urbanístico. Ni siquiera en el resto de Europa llegan a tanto. En Italia prácticamente eran diseñadores y en Francia un poco más, aunque con Bolonia eso se ha ido igualando un poco…”.

EL ÁRBOL DE BOTELLAS

Volvemos al despacho Urmeneta / Chocarro, del que han salido proyectos importantes como el plan especial del Centro Histórico de Olite (Premio COAVN 2019 y Finalista Premio de Urbanismo Español 2019); el plan especial del Ensanche de Pamplona; el PERI del Cerco de Artajona; los planes de ordenación territorial para Pirineos y Navarra Atlántica; el Centro de Negocios de la CAT, en Tudela; o la restauración de las Benedictinas de Lumbier, del Señorío de Bertiz y del molino de San Andrés, “que es una de las obras de las que más satisfecho estoy”.

Uno de sus objetivos al frente del COAVN es dignificar la profesión de los arquitectos.

Uno de sus objetivos al frente del COAVN es dignificar la profesión de los arquitectos.

Junto a esos proyectos destaca el pino de Navidad de botellas reutilizadas, que diseñaron por encargo de la Mancomunidad. “Lo tengo de icono en el WhatsApp. Nos dieron un premio internacional y, cuando nos lo comunicaron, no nos lo podíamos creer. Una cosa tan sencilla… Nos hizo muchísima ilusión y cada año, cuando vuelven a ponerlo, me da un subidón”, dice con una sonrisa de oreja a oreja.

“Rafael Moneo resolvió con tal maestría y sencillez la ampliación de la Plaza de Toros que es una obra genial”.

Aprovechamos para pedirle que nos elija el edificio o solución urbanística de Pamplona con la que se quedaría. Duda unos segundos y cita el desarrollo del Segundo Ensanche, “pero me iría directamente a la Plaza de los Fueros y me dejaría de historias porque es una solución brillante, amable, con una independencia de la acústica como la que tienes en la Ciudadela, un lujo”.

Contemplamos ambas a través de las ventanas de la sede colegial, que según Chocarro está en el mejor edificio de la ciudad: la que fuera sede de la Caja Municipal de Pamplona. “Me parecía moderno cuando se hizo y, ahora, de una ejecución impecable. El tratamiento de los materiales… ¡buah!”. Se confiesa admirador de Rafael Moneo, de quien destaca sus grandes proyectos como el Palacio de los Virreyes y también los menores: “La ampliación de la Plaza de Toros la resolvió con tal maestría y sencillez, tanto desde fuera como desde dentro, que es una obra genial”. Vamos sumando edificios a la lista. “La rehabilitación del Palacio del Condestable es una maravilla. Cuando lo mostramos a colegas que vienen se quedan con la boca abierta”. También cita las obras de Víctor Eusa “con sus aciertos y errores”, las de Redón y De la Quadra Salcedo, Urmeneta y Nagore… Un gran nivel, aprovechado y potenciado por la Escuela de Arquitectura y hecho realidad por unos constructores “que tradicionalmente han trabajado con devoción y cariño”.

Al salir del Colegio tenemos la Ciudadela enfrente, un poco más allá la Plaza de los Fueros y, a nuestra espalda, el edificio de la desaparecida Caja Municipal de Pamplona. Damos la razón al decano. Son lujos a nuestro alcance en los que apenas reparamos.

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