Escribir «escucho gratis» en un cartón, elegir un lugar, sentarse y escuchar. No hace falta nada más. Así funciona Urban Confessional, un movimiento nacido en Los Ángeles en 2012 de la mano del coach de actores Benjamin Mathes. Ahora, el fenómeno ya está presente en más de 80 países.
Una de las personas que mantiene viva esta práctica en España es Eliya Shenhav, una actriz israelí de 47 años que reside en Madrid desde hace más de dos décadas. «La historia de Benjamin me inspiró profundamente. Él atravesó una época triste en su vida en la que se sintió muy solo. Un día salió a la calle, se puso a llorar y un desconocido se acercó a consolarlo sin ningún tipo de juicio. El hombre vio la importancia y el poder de escuchar con el corazón abierto y devolvió al mundo esa bondad en forma del movimiento ‘Free Listening'», explica la actriz a Vanity Capital.
Eliya reconoce que ese gesto conecta de forma directa con su profesión, ya que «si no escuchas, todo sale falso y no hay verdad». Para ella, actuar no es solo estar en un escenario o delante de una cámara; es salir a la calle y relacionarse con los seres humanos que le rodean con humildad: «Sentí tanto amor que decidí salir a la calle y compartirlo».
Dicho y hecho, tras la pandemia la artista empezó a sentarse en distintos puntos de Madrid con un cartel decorado con flores. Delante de ella se ha encontrado con personas de todas las edades y procedencias, desde un niño de cuatro años hasta un anciano; personas sin hogar o altos ejecutivos. De todos, reconoce, aprende algo. Recuerda especialmente a un mendigo que, preocupado por verla tantas horas sentada al frío, quiso regalarle las monedas que había recibido para comprarle un café caliente. «Ahí te das cuenta de que la riqueza no tiene nada que ver con una cuenta bancaria. La generosidad, la bondad y la verdadera riqueza están en el alma y el corazón», añade emocionada.
A pesar de su buena intención, no todo el mundo entiende el cartel a la primera. Algunos se paran a preguntar; otros desconfían: «Me han preguntado si soy bruja, si voy a cobrar, si soy psicóloga, si hay trampa. Mucha gente no puede creer que esto sea gratis». Sin embargo, cuando alguien decide sentarse, algo cambia. «Parar un segundo, mirarnos a los ojos, sin teléfono, sin pantallas, se convierte en un momento sagrado, muy limpio. Hoy en día es necesario y es bello», insiste.
Aunque su aportación se concentra en Madrid, el movimiento está completamente abierto a cualquier lugar. En ese mapa emocional aparece también Navarra, ya que una de sus mejores amigas nació en Pamplona. De ahí que la actriz anime a que la iniciativa se replique aquí. «Si puedo inspirar a alguien a salir a la calle en esta ciudad con un cartel que diga ‘Escucho gratis’, sería un regalo precioso. No solo para mí, sino para el universo entero». A veces, añade, ni siquiera hace falta el cartón. «Muchas personas lo hacen sin darse cuenta. Simplemente hace falta escuchar, estar y dar a otro ser humano el espacio y la oportunidad para ser como es».













