La empresa navarra Sesma Brewing, dedicada a la elaboración y distribución de cerveza artesanal, se encuentra en liquidación tras haber solicitado el concurso de acreedores voluntario ante el Juzgado de lo Mercantil número 1 de Pamplona.
Los fundadores de la compañía comenzaron su andadura como gipsy brewers (término empleado en este sector que hace referencia a cerveceros «nómadas») porque, en sus inicios, elaboraban sus recetas en las instalaciones de otras compañías. En concreto, Sesma Brewing produjo inicialmente en la sede de Cervesa Guineu, situada en Valls de Torroella (Barcelona), y después lo hizo en las instalaciones de Mateo & Bernabé en La Rioja.
Hace trece años inauguraron sus propias instalaciones en Sesma. «Apostamos por el pueblo porque son nuestras raíces y el entorno es el adecuado para esta actividad, ya que nos desenvolvemos en un ambiente rural, muy ligado a la tierra, sobre todo al cereal, que es la materia prima fundamental de nuestras recetas. Trabajar en un entorno privilegiado, como lo hacemos nosotros, nos hace ver la cerveza desde un punto de vista muy sencillo, natural y relajado que nos permite crear recetas adaptadas a todos los paladares», relataban en su página web.
Sesma Brewing operaba en una nave que sumaba más de 400 metros cuadrados, ubicada en la calle Mayor de la localidad navarra. En ella llegaron a elaborar más de 10.000 litros de cerveza artesanal al mes de distintas variedades como pale ale, ipa, imperial ipa, porter, bitter ecológica, amber ale… Su marca más reconocida era ‘La Petra’.
LAS DIFICULTADES
Un informe elaborado por la administradora concursal, que data del pasado 10 de noviembre y al que tuvo acceso Navarra Capital, recoge las dificultades que derivaron posteriormente en el concurso voluntario. La financiación inicialmente obtenida a través de una entidad bancaria «se mostró insuficiente al poco tiempo», y la empresa negoció un segundo préstamo con otra firma para «poder hacer frente a todos los gastos de adecuación y producción».
Tras tener su obrador, la compañía comenzó a trabajar con un importador de Estados Unidos, «lo que generó unas expectativas de futuro optimistas». Pero esas perspectivas «no llegaron a cumplirse» y la cervecera decidió contratar a un trabajador con conocimientos técnicos «para mejorar el proceso productivo». A su vez, los cambios en la fabricación hicieron necesaria la adquisición de nuevos tanques de fermentación y una línea de embotellado, para lo cual en 2015 solicitó un nuevo préstamo con el que acometer la inversión.
A pesar de las mejoras productivas, las ventas «siguieron bajando» y la sociedad tuvo que recibir préstamos por parte de algunas personas físicas. Entre 2017 y finales de 2019, apenas elaboraba cerveza con la marca Sesma Brewing, ya que la compañía pasó a dedicarse principalmente a producir para otras empresas (Flying INN, H2OL, Falken Brewing, Kondaira, Biribil…).
Ese giro «permitió en cierto modo poder hacer frente a las obligaciones de pago que tenía la sociedad», según relata el documento. Sin embargo, esta línea de negocio se paralizó cuando el principal cliente se llevó la producción a otra empresa cervecera en Estonia. De ahí que uno de los dos socios se involucrara más en el proyecto e inyectara 20.000 euros a través de otro préstamo, «con la finalidad de relanzar la marca» gracias «a recetas más modernas y nuevos distribuidores». Lamentablemente, este nuevo impulso se vio paralizado por la pandemia, ya que los clientes del sector hostelero «paralizaron todos los pedidos, reduciéndose las ventas a personas físicas».
Durante los ejercicios 2020 y 2021, se produjeron cambios en la composición societaria de la compañía, que «inicialmente inyectaron nuevas esperanzas». Pero la empresa «continuó teniendo problemas de liquidez y tensiones de tesorería, lo que desembocó en la solicitud de un nuevo préstamo en 2022 para poder hacer frente a los pagos». «Las desavenencias (internas) por la marcha del negocio, los problemas de liquidez y los problemas administrativos por la no presentación en plazo de varias declaraciones sobre impuestos especiales desembocaron en la revocación del CAE 1 y la interposición de una sanción administrativa a la compañía, que ocasionó la paralización de la actividad», concluye el informe.













